Un episodio en la historia zamorana del siglo XVIII

La acogida generó problemas de convivencia

"El pan dicen que es áspero y los garbanzos que no se pueden comer", se queja el guardián de la Aldea del Palo al obispo

15.11.2015 | 00:26

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Otros tres van al monasterio de franciscanos descalzos de la Aldea del Palo (San Miguel de la Ribera), donde viven 18 monjes con muchas dificultades como expone al obispo fray Juan de Santos Thoribis, guardián del monasterio. "Bien conozco que es obra de piedad socorrer a estos refugiados, pero todos encogen la mano... He tenido que quitar alguna ropa a mis religiosos para abrigarles a ellos y esto no me parece razón..."

Las relaciones en el monasterio de San Miguel se vuelven difíciles. La investigación de Claude Lacombe aporta curiosos detalles sobre el enfrentamiento. "A mí me tratan los sacerdotes franceses con desprecio -se queja el guardián del monasterio en una carta al obispo-. El pan dicen que es áspero, el potaje que tiene pimiento... los garbanzos que no se pueden comer".

Declaraciones que para los franceses son maledicencias, aunque para evitar males mayores los sacerdotes son enviados a Zamora. En la capital los refugiados son colocados en cinco conventos: Santo Domingo, la Santísima Trinidad, San Benito, San Jerónimo, San Francisco y los Franciscanos Descalzos. En Toro acuden a Santo Domingo, San Francisco, San Ildefonso, Capuchinos, Carmelitas, Franciscanos Descalzos y Nuestra Señora de la Merced. A ellos se suman los repartidos por otros cinco monasterios de la provincia. En total 47 franceses junto a los 520 religiosos que a finales del siglo XVIII ocupaban los conventos. Otra parte de ellos son alojados en parroquias -San Juan, Santa Lucía, San Lázaro, San Leonardos, San Ildefonso...- y casas particulares de Zamora.

¿En qué ocuparon su tiempo? Muchos de los que llegaron a España se dedicaron a la escritura, aunque en Zamora solo se tiene constancia de uno que plasmó en un manuscrito la persecución ejercida contra el clero católico durante la Revolución.

Sin embargo, como relata Claude Lacombe, las dificultades para ampliar las comunidades con la presencia de los franceses lleva a los responsables de los conventos a pedir limosna. Por esa razón el profesor francés sostiene que los presbíteros del país vecino llegaron a representar "una carga".

La declaración de guerra en 1793 entre la Convención francesa y España "va a poner más difícil la situación de los eclesiásticos franceses". Pese a que "la gran mayoría" retornaron a Francia poniendo en riesgo su vida antes del fin de la Revolución, en Zamora se registraron cuatro defunciones en la parroquia de San Juan Bautista de Puerta Nueva.

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