Tras los pasos de Teresa de Calcuta

Varios castellano-leoneses siguen la llamada de la religiosa que hoy es canonizada en Roma

04.09.2016 | 02:09
Julián Campo y José Santino, colaboradores de la orden de Teresa de Calcuta. Foto I

El carisma de Teresa de Calcuta ha cautivando a miles de personas, que decidieron seguir la estela de una mujer, Nobel de la Paz, que tras ser beatificada, subirá a los altares como santa hoy domingo. El acto de canonización, que se celebra en Roma, revive ahora entre algunos castellano leoneses que conocieron la obra de la "santa de los pobres" su compromiso con los más necesitados.

La burgalesa Nagore Torres Manzano no olvidará el verano que pasó aquel 1997 en Calcuta. Apenas tenía 18 años cuando decidió ponerse rumbo a la India para pasar "la experiencia que le marcaría como persona y como profesional". Lo hizo de la mano de su tío, José Santino, con quien estuvo trabajando en una casa de misioneras en Prem-dam casi dos meses. Allí pudo descubrir "la esencia" que había dejado la madre Teresa, de la mano de su sucesora.

Su labor en el hospital propició que poco después iniciara los estudios de la que es ahora su profesión en un hospital de la capital burgalesa. "Lavábamos la ropa a mano, limpiábamos el suelo, fregábamos con mangueras y les hacíamos las camas a los enfermos. Me di cuenta de que la gente moría sin nada y decidí ser enfermera", relata.

También, el contacto con las Hermanas de la Caridad, la orden que fundó Teresa, marcó la vida de Julián Campo, primo del presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, que fue voluntario de causas humanitarias en la India y hospitalero voluntario de albergues del Camino de Santiago en Burgos y León. Fue, junto a José Santino Manzano, hermano de Rosa de Lima Manzano, quien fue directora general de Tráfico, una de las siete víctimas mortales del accidente ferroviario ocurrido el 21 de agosto de 2006 en Villada (Palencia). Ambos trabajaron casi una década con los más necesitados en las casas de Calcuta y Etiopía de las Hermanas de la Caridad. Entonces, la vida de Julián Campo comenzaba a las cinco de la madrugada, cuando se levantaba en Pren Dam, el hogar que las Misioneras de la Caridad tienen en un barrio de chabolas hechas de paja y plásticos, en el que reina la más absoluta miseria. Ayudaba a servir la comida y a rezar en una comunidad en la que todos lo llamaban "bondu", que en bengalí significa amigo.

Aquel tren Vigo-Hendaya truncó los planes de dos hombres que pese a tener una posición acomodada en Burgos habían decidido dedicarse a la vida humanitaria tras acercarse a la obra de Teresa.

Un terrible suceso, que marcó hace décadas su vida, llevó a la madre Gustavo, una soriana, a seguir el testigo de Teresa de Calcuta. En uno de sus viajes a Perú para colaborar con las Misioneras de la Caridad se enamoró del hombre que se convertiría por unas horas en su marido y cuya muerte la llevó a entregar su vida a los demás.

La pareja contrajo matrimonio en la localidad de Almazán, si bien ofrecieron a sus invitados un banquete en la ciudad de Soria. Tras la celebración se trasladó a Guadalajara, donde ella tenía un apartamento para pasar la noche de bodas y, posteriormente, tomar un avión para viajar a Perú. Sin embargo, sufrieron una accidente de tráfico que acabó con la vida de él y dejó gravemente herida a ella.

En un solo día pasó de soltera a casada y, posteriormente, a viuda. La joven soriana, que había pedido a Dios encontrar un marido que le permitiera colaborar con la orden de Teresa de Calcuta, decidió una vez perdido a su amado, tomar los hábitos y el nombre de madre Gustavo, en recuerdo al que fue su esposo.

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