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Cultura

Juan María Calles, XXV premio León Felipe de poesía: "La lectura es fundamental y ayuda a que no nos engañen"

"La poesía es una forma de arte a través del lenguaje, es una forma de expresar valores, de resistencia y una actitud ante la vida"

El poeta y profesor Juan María Calles. | CEDIDA

El poeta y profesor Juan María Calles. | CEDIDA

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Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

Zamora

El poeta Juan María Calles ha sido el ganador de la última edición del Premio Internacional de Poesía León Felipe. El también ensayista, cacereño de nacimiento que desde hace años reside en la Comunidad Valenciana donde ejerce de profesor, atesora una larga trayectoria literaria.

¿Qué le hace presentarse a este premio?

En primer lugar, el nombre del poeta. La trayectoria de León Felipe en la poesía española es incuestionable. Es uno de nuestros grandes poetas del siglo XX y está acompañado de un muy buen jurado y de una editorial estupenda, que edita muy bien el premio. El poemario estaba terminado y lo mandé. Me parece, además, que con León Felipe iba muy bien la temática y el título del libro, "La tierra prometida".

En el fallo el jurado puso en valor la experiencia humana que está presente en el poemario a través del viaje, de la tierra, el lenguaje, la memoria… temas que estuvieran presentes en la obra de León Felipe.

Efectivamente, yo creo que es uno de nuestros grandes poetas del exilio. El año que viene celebramos a la Generación del 27. León Felipe está ahí entre dos generaciones, un poco perdido, pero es uno de los grandes poetas del exilio republicano español y un hombre que yo creo que hay que poner siempre en valor por toda su obra.

¿Cómo surge "La tierra prometida"?

Es un poemario de madurez reflexivo que expresa un sentimiento de paso del tiempo que se tiene a esta cierta edad y que yo quiero hacer una experiencia común con todos mis lectores. Es, sobre todo, un poemario que intenta poner en común una experiencia.

¿Es una continuación con su hacer poético?

Yo no soy mi mejor crítico, pero yo creo que está muy ligado a mi anterior poemario, que se llamaba "Discurso del nómada", y a que a todos en la vida nos han hecho promesas, nos han prometido cosas, la tierra prometida, y a veces tenemos la sensación de que esa tierra no llega nunca. Es un poco una reflexión, no de desencanto, sino la expresión de una esperanza, de una ilusión y una reflexión sobre la vida o sobre todo un proceso, de las cosas que llegan y de las que no llegan. Es poner en valor el paso del tiempo, poner en valor la amistad, el amor o la familia. Yo creo que es un poemario muy reflexivo y muy de carácter filosófico.

Alude a valores que no están tan en boga.

Un filósofo llamado Bauman dice que estamos en una sociedad líquida, por decirlo de una manera elegante. Estos valores no tienen nada que ver con izquierdas y derechas ni con la ideología. Son valores que van más con la persona, pero hoy estamos más en el personaje que en la persona, cosa que León Felipe en su obra expresa perfectamente, la búsqueda de la autenticidad, de lo intrínsecamente humano. Porque, al fin y al cabo, la poesía es una forma de vida, pero también de resistencia y de expresar una actitud ante la vida.

¿Usted también está en esa búsqueda de lo intrínsecamente humano?

Yo creo que sí. Yo creo que lo estamos todos, todos, cada uno a su manera. Algunos, aunque lo hagan de manera inconsciente, otros lo hacemos de manera más consciente e incluso cometemos el atrevimiento de ponerlo por escrito. Pero para mí son muy importantes los valores. Yo trabajo como voluntario en una ONG con extranjeros. Soy docente, trabajo con adolescentes, expreso una visión del mundo, les enseño o, al menos, intento enseñarles literatura y me parece que son muy importantes los valores hoy en día más allá del consumismo, que eso ya es la ideología dominante.

¿Y frente a eso la escritura?

Yo creo que sí. El arte debería ser no una forma de consumo, sino una forma de expresar valores, una forma de resistencia. La poesía es una forma de arte en forma de lenguaje, y para mí lo ha sido siempre. Mi ejemplo han sido los grandes poetas. Pensemos en Antonio Machado, en Juan Ramón Jiménez, en León Felipe, en García Lorca, en Luis Cernuda... tantos poetas importantes de la literatura española del siglo XX. Todos ellos exiliados, muertos en el exilio, fusilados, pero expresando, sobre todo, una forma de resistencia y de estar en el mundo.

Y muchos de ellos muy desconocidos para mucha gente.

Sí, lamentablemente, pero ahí estamos en la pelea, dando clases, intentando que conozcan a los poetas. Tengo alumnos adolescentes estupendos y cuando se acercan a la literatura y la comprenden, la aprecian.

¿Es laborioso hacérsela atractiva?

Es complicado, porque tienen tantos estimulantes. A veces cuesta que apaguen el teléfono móvil. Es el reto de cada generación y de cada época.

Decía "cometer el atrevimiento de ponerlo por escrito", pero ¿cuándo empezó usted a hacerlo?

Yo era un gran lector. Mi madre era maestra de escuela rural. Después tuve la suerte de que su hermana también era profesora de Lengua y Literatura. Pude tener algunos libros en casa. Luego me aficioné a leer en las bibliotecas. Y leyendo, leyendo, uno de mis primeros poetas admirados fue León Felipe. Yo leí con 15 años "Versos y oraciones de caminante". Y empecé a leer a Machado, a Juan Ramón. Leyendo, leyendo, uno empieza imitando lo que ama. Así comencé y después la literatura y, sobre todo, la poesía ha sido mi forma de vida. Mi forma de estar en el mundo. La forma que he elegido de estar en el mundo y sigo haciéndolo. La poesía es como la respiración, es necesaria. La poesía es necesaria como el pan de cada día, que decía Celaya.

Una forma de estar en el mundo muy compleja ahora mismo.

Complejo porque estamos en un mundo muy complicado, muy difícil. Poco reflexivo y poco solidario. No hay más que ver la actualidad del día a día. Y que, sobre todo, valora poco la persona. Está más en el personaje, en el escenario, en el escaparate. Yo creo que tendríamos que rescatar valores importantes, como el amor, la amistad, la generosidad con el otro y el reconocer al otro. Esa experiencia la tenemos en los grandes poetas. Lorca sigue siendo un poeta y un autor de teatro necesario, como también lo son Juan Ramón y León Felipe. Eso es lo que ha marcado mi vida y eso expreso en "La tierra prometida".

Usted recibió hace cuatro décadas el prestigioso Premio Adonáis con "Silencio celeste".

Fue una ilusión tremenda. Yo no había publicado nada. Ya había terminado Filología Hispánica y fue una experiencia maravillosa porque yo estuve escribiendo ese libro durante todos los años que estudié la carrera. Al terminar me fui a hacer el antiguo servicio militar y envié el poemario al premio. Estando en Madrid, haciendo la mili, me llamaron que me habían concedido el premio. Yo era un poeta inédito. El Adonáis siempre ha sido un premio de poetas jóvenes que generalmente publicábamos nuestro primer libro con el premio. Para mí fue un abrirme las puertas a la poesía y a la literatura, a la posibilidad de que te lean los otros, ya que es maravilloso el reconocerse en el otro. Porque, al final, los dueños de los poemas son los lectores. Nosotros somos meros mensajeros. La poesía es de los lectores, la poesía es de la gente que lee, eso que Juan Ramón llamaba "la inmensa minoría" y que sigue siendo inmensa, pero de una calidad incuestionable.

¿Cada vez resulta más laborioso que un poemario vea la luz?

Sí. Yo creo que editar en papel es cada vez más difícil. Se dice que se lee mucho, pero yo creo que se edita mucho, pero las tiradas de los libros de poemas son cada vez más cortas y la distribución resulta complicada. También cada vez hay menos librerías. Por lo tanto, publicar un libro de poemas es un premio, pero es importante para el poeta ese contacto con el otro, con los lectores. El compartir esa experiencia yo creo que es la sal de la vida.

Decía que creció en un ambiente en el que había libros y que leyó muchos libros también en bibliotecas. ¿Qué importancia tuvo en su formación el tener acceso a esos espacios públicos?

Yo creo que las bibliotecas públicas son fundamentales para un país, igual que lo es la educación, son una base de la educación de un país y son una base de la felicidad de sus ciudadanos. Cualquier espacio de cultura y de lectura, como es la biblioteca, es un espacio de libertad. Quiero recordar, ahora que vamos a celebrar el centenario del 27, que durante la Segunda República existieron las Misiones Pedagógicas que iban por los pueblos que llevaban el arte, la literatura y los libros a los pueblos, una labor fundamental. Hoy en día me parece que en la España vaciada es una pena que sean más complejo su acceso a los libros y a la cultura. Deberían primar otros valores aparte de los económicos. Vivo en Benicassín, en Castellón, pero yo provengo de Cáceres, que es una tierra también humilde, una tierra de frontera que también es la raya con Portugal, a la que voy con frecuencia. La lectura es fundamental para una sociedad, nos hace personas, nos hace inteligentes, nos ayuda a que no nos engañen en el día a día. Eso es lo que le traslado también a mis alumno que lean, que no se dejen engañar, que sean inteligentes y que reflexionen.

El reflexionar en estos tiempos…

Es complejo porque estamos en una sociedad tan inmediata, todo es rápido. Con el dedo del móvil, enseguida. Tal vez ellos estén rápidos a contestar aquí y allá. Y a veces hay que parar un poquito, respirar, como hacía León Felipe, y pensar un poco las cosas. Especialmente en el mundo rural, que está siendo abandonado y que está siendo incendiado. Yo he visto con preocupación cómo ha ardido media España este verano y cómo se abandonan los cultivos, cómo se abandonan los pueblos, cómo se abandona a los ancianos en los pueblos. En una pena y somos muchos los que tenemos otra perspectiva y otra forma de pensar. Gabriel Celaya decía que la poesía es un arma cargada de futuro. A veces puede parecer un arma menor y poco valorada, pero hay muchas formas de resistencia. Hay muchas personas haciendo mucho bien, a lo mejor muy calladamente, hay muchas personas que están trabajando en los campos, que siguen la cultura, que asisten a obras de teatro, que leen libros. Aunque, hoy en día, estamos en la cultura de los influencers, y de las personas que aparentemente triunfan en primera línea.

Parecer ser que los influencers están atravesando su primera crisis según la última edición de Navegantes en la Red.

Existe cierta esperanza (risas). Yo leo muchísimo a gente joven. Hay grandes autores, asisten a obras de teatro y veo que permanece una herencia de resistencia, de resiliencia, de estar en el mundo y de respeto hacia el otro que no son los valores dominantes en la sociedad actual.

Vox está asumiendo las competencias de cultura en muchas comunidades autónomas, como en el caso de Castilla y León.

En Valencia ya tenemos esa experiencia. Le dieron la Conselleria de Cultura a un torero durante un tiempo y ahora ponen corridas de toros en la televisión valenciana, aunque yo no tengo nada en contra de los toros. En Valencia la cultura prácticamente es un bien a desaparecer y podría extenderse a otros territorios. Para ellos la cultura es una pérdida de tiempo, son las fiestas de toros, reivindicaciones nacionalistas y españolistas, pero cuando llega el momento de comprometerse... eso de mantener las bibliotecas, de mantener los colegios, de mantener un aula integrada de Educación Primaria en un determinado pueblo, nada de nada. Hay que resistir escribiendo poesía, me parece admirable la gente que vive en los pueblos por amor a su tierra.

Juan, ¿en qué está trabajando ahora, creativamente hablando?

Hemos terminado ahora un grupo de investigadores, en colaboración con la Universidad de Valencia, el epistolario de Max Aub con los poetas del exilio español. Está en imprenta, van a salir dos tomos muy interesantes del epistolario que tuvo con Juan Ramón Jiménez, con Jorge Guillén, con Dámaso Alonso o con Vicente Alexandre. Es una muestra muy importante de qué pasó en España y fuera de España, en la cultura española a partir de 1939. Es un periodo que teníamos olvidado .

En este proyecto, ¿cuál ha sido su papel?

Yo soy un humilde trabajador más. Somos seis profesores de distintas universidades de España y de fuera de España y también trabaja una profesora de Argentina. Básicamente el trabajo de todos nosotros ha sido fijar el texto de las cartas y anotarlas y prologarlas . Intentamos que las referencias, las personas a las que se refieren, queden anotadas y aclaradas al margen para que el lector tenga toda la información. Muchas veces estas cartas del exilio por miedo, a lo mejor si la persona estaba en España , venía con iniciales o con un nombre supuesto. Ha sido una investigación apasionante y detectivesca para aclarar de quién estaban hablando o qué estaban diciendo realmente entre líneas, cómo se relacionaban y cómo sobrevivieron a lo que hemos llamado la posguerra y la dictadura franquista. Llevamos muchos años trabajando en él. Algunos de nosotros llevábamos años trabajando en las obras completas de un autor como Max Aub. Ahora hemos conseguido a través de la Fundación Max Aub un montón de cartas entre todos ellos y hemos conseguido más misivas coincidiendo con las familias de cada uno de los autores. Van a ver la luz un montón de cartas, un montón de autores de la Generación del 27 y de generaciones posteriores, básicamente, de poetas españoles del siglo XX que se escribieron durante los años de la dictadura franquista.

Llenará un vacío para saber cómo experimentaron unos la marcha de sus referencias y cómo los otros vivieron el no estar en su país.

Son muy interesante las cartas de poetas que estaban en el exilio como por ejemplo Juan Chabás, Max Aub y de poetas que se quedaron en España, como, por ejemplo, Vicente Alexandre, que se quedó en su casa de Madrid en lo que se llamó un exilio interior, o bien Dámaso Alonso, que siguió viviendo en España marginado durante muchos años hasta que, poco a poco, fue recuperando su prestigio. Es muy interesante la relación entre todos ellos y sobre todo mostrar, no nuestra opinión, sino lo que ellos dejaron escrito en una correspondencia privada. En las cartas aparece citado la figura del poeta León Felipe que era muy valorado y aclaramos su figura, una de las grandes referencias del exilio español.

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