Solidaridad desde Zamora
Una misionera de Zamora lucha por inscribir a mil niños y niñas en África para que accedan a la escuela
La religiosa proporciona con su Asociación África Acoge y el programa "La cantina" una comida diaria a 400 niños y niñas
La misionera zamorana, a la izquierda de la imagen, entre los niños y las niñas a los que ayuda con África Acoge. / Cedidas
María Escarda Fernández volvió de la Sabana africana al inicio de verano "cargada con telas, bolsos abanicos, que los hacen muy bonitos, agendas y alguna figura de ébano que tallan a mano", de las que ya no trae tantas como quisiera "porque pesan mucho y, además, se rompen". Y regresará con 3.500 euros bajo el brazo, "es muchísima recaudación, una pasada", exclama cuando hace balance de lo recaudado este verano en el mercadillo que instala en su pueblo, este año en la biblioteca cedida por el Ayuntamiento, y de donativos particulares. Un dinero que servirá para mejorar la vida de cientos de niños y niñas de un pequeño rincón de África y para unir aún más a dos territorios separados por más de 4.000 kilómetros: Togo con la tierra que de nacer, de Villanueva del Campo.
"Compro en distintos mercados de gente sencilla que vende lo que hace, se trata de ayudar al mayor número de personas posibles", de favorecer la producción en origen, que haya una relación bidireccional de fondos, aunque también recala en Madrid para comprar a migrantes africanos y africanas que conoce allí, explica esta misionera que hace 30 años decidió dar un giro de 180 grados a su vida tras pasar por una crisis personal profunda.
África terminó siendo su destino y allí volverá este 29 de septiembre para quedarse en Togo, donde está su comunidad religiosa, tras su último destino a Camerún después de un tiempo en el que tuvo que combinar sus estancias en ese continente con otras en su pueblo para cuidar de sus padres, lo que no le impidió convertir en tradición la venta de productos africanos en Villanueva cada verano y destinar ese dinero a distintos programas. Ni la obligación de crear una asociación, que denominó "África acoge", pudo con la tenacidad de esta zamorana, dedicada en cuerpo y alma a ayudar a personas desfavorecidas. Su esfuerzo ha contado con la solidaridad de las gentes de su pueblo, entre otras personas. Eso fue el 16 de abril de 2024 y las ideas para llenarla de contenido no han parado, ni la capacidad de esta zamorana para enganchar a personas que se unen a la organización y otras muchas que quieren ir como voluntarias en esos proyectos que María ha impulsado sobre el terreno.
"Dales un nombre": 300 identidades
Ese dinero llegará en forma de una comida diaria y de la inscripción de niños y niñas de todas las edades en el registro civil para poder escolarizarse, ir a la universidad, estudiar un oficio..., si es que los conflictos, el terrorismo y la destrucción se lo permiten. María podrá dar continuidad a "Dale un nombre" que África Acoge comenzó en Dapaong, ciudad situada en el extremo norte de Togo, porque "muchos niños y niñas no tienen papeles, son huérfanos o refugiados de Burquina Faso o, simplemente, porque no se les inscribe". Esa circunstancia les deja fuera del sistema, "no pueden hacer nada", sencillamente no existen, "ni estudian ni nada", explica María.

Vecinas y vecinos acuden al mercadillo organizado por la Asociación África Acoge celebrado en la biblioteca de Villanueva del Campo. / Cedida
La iniciativa, "en la que nos ponemos un objetivo concreto porque si no, no terminaríamos nunca el proyecto", se desarrolla en La Sabana, "hemos regularizado a 300, una inscripción nos cuesta 10 euros", aporta un dato que, sin duda, lleva a recapacitar a quien lo escucha, tantos gastos innecesarios en este primer mundo...,"imagínate con 3.000 euros lo que podemos hacer". Muchos de huérfanos y huérfanas lo son "porque el padre y la madre han muerto por enfermedad y por las malas condiciones de vida, son situaciones injustas, y acaban viviendo en orfanato o con familiares". Muchas de esas niñas y de esos niños "no tienen posibilidad de estudiar porque las escuelas están lejos de sus casas o tienen que cuidar de sus hermanos o hermanas".
Un joven profesor voluntario de la zona, ayudado por otro, se instala con un pupitre al aire libre para levantar a mano un acta de nacimiento, ir anotando la filiación y los datos del lugar de nacimiento, el día, la hora y el nombre completo de cada menor de edad. Una larga cola va pasando por delante del improvisado registro provisional que acabará en el correspondiente juzgado gracias a los fondos de la Asociación África Acoge.
Con el dinero recaudado este verano podrá llegar a los mil niños y niñas de La Sabana para darles ese nombre en el registro que ahora solo conocen sus familiares o las personas que se encargan de sus cuidados, declara feliz esta integrante de la comunidad religiosa Servidores del Evangelio de la Misericordia, "de vocación tardía, con 26 años".

María junto a dos vecinas de su pueblo natal durante la celebración del ya tradicional mercadillo. / Cedida
"La cantina": comida para 400 menores
Este marzo pasado, María Escarda Fernández ideó "La cantina". El ideario occidental nos traslada a un bar donde beber y comer. En Dapaong, no hay ni barra, ni bebidas alcohólicas ni tapas, tampoco una puerta que da paso a un local. Una explanada de tierra, donde algunos árboles cobijan del sol a niñas y niños, es más que suficiente para que varias mujeres africanas cocinen en una gran olla metálica, en la que remueven el único plato del día para repartir 400 raciones por cada menor.
Sobre el suelo, van colocando los platos en los que irán depositando cazos de comida para alimentar a quienes no lograban ni un bocado a lo largo del día. "No todas las niñas y los niños comen tres veces al día. Ahora, tienen asegurada una comida al día, al menos". Colocados en torno al árbol que les toque, guarecidos bajo sus ramas.
Esta terracampina ha recorrido mundo desde que en octubre de 1996 cogiera la maleta para comenzar sus misiones en Argentina, donde estuvo 12 años antes de irse a Togo por primera vez y a Perú, donde solo pudo permanecer unos meses. En estos 30 años como misionera, solo ha permanecido en España una decena de ellos, porque "entregarse a los demás engancha, hace feliz a todo el mundo que lo hace, ahora nos centramos más en vivir para nosotros, por eso creo que hay mucha insatisfacción".
Por el momento, tiene 50 socios en "África acoge" y 20 de colaboradores desde que inscribió la asociación hace dos años, entre ellos su padre de 88 años, se sonríe, le viene a la memoria el día que dijo que se iba de misionera y el progenitor le dijo aquello de "vete, que ya volverás...", convencido de que era otra locura de su hija que tanto había trotado. "Pero no volví", echa una carcajada.
Aunque la mayoría de asociados son personas de 40 años para arriba, también se le acercan muchas jóvenes que quieren viajar con ella a África, con la asociación que creó con otra persona de Valladolid, para ayudar. Han creado una página web, Ong África Acoge, en la que se puede hacer el seguimiento de actividades, inscribirse si se quiere o hacer donativos.
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