Entrevista
Román García, mago: "Tamariz es como un faro, su potencia mágica era brutal"
"En cualquier juego siempre hay un componente de versión porque te estás inspirando en creaciones anteriores y tienes tus influencias"

El mago Román García. | CEDIDA

El mago Román García actúa por primera vez en la ciudad. El ilusionista gallego compartirá con el público su arte el martes día 25 de agosto a partir de las 22.30 horas en el salón de actos del Museo Etnográfico de Castilla y León en la tercera velada del XV ciclo de magia de cerca.
Usted se introdujo en la magia de la mano de un personaje mediático, que empezó también con la magia: Luis Piedrahita.
Efectivamente, Luis Piedrahita fue compañero mío del colegio y nos hicimos amigos en la adolescencia. En algún encuentro que organizaba el colegio, le vi hacer un par de cosas de magia. A partir de ese momento entablamos mucha amistad y empezamos a hacer magia juntos y a adentrarnos en este mundo. A principios de los años 90, cuando no había Internet y no era tan fácil acceder al mundo de la magia, supimos que había en La Coruña, donde vivíamos, una asociación de magos que se reunían y donde había aficionados y profesionales, que por entonces había muy poquitos. A partir de ese punto, la afición fue en crecimiento exponencial, porque, de repente, accedí a información, que en aquella época era mucho más inaccesible, y a determinados libros. También empezamos a ir a los primeros congresos de magia y así empezó nuestra afición a la magia y nuestra amistad también.
¿Han llegado a actuar profesionalmente juntos?
Sí, en los años 90 hicimos las primeras actuaciones, casi no las puedes considerar ni profesionales, aunque tuviésemos alguna retribución por ello. Además, hace unos 15 años, con mi hermano Kiko que también es mago, montamos un espectáculo de magia que se llama "Sin trampa ni cartón", lo estrenamos en La Coruña, llenamos el Teatro Rosalía de Castro, dos veces en el mismo día, y lo hicimos también en Asturias. Después fue complicado cuadrar agendas, sobre todo por Luis, que es el que vive en Madrid y el que está constantemente de gira.
Si no hubiera habido esa asociación en su camino, ¿Román se dedicaría a la magia?
Es difícil saberlo. Me imagino que, en algún otro momento de mi vida, a lo mejor sí que hubiese aparecido otro nexo con el mundo de la magia. Fue todo realmente muy casual. En aquella época había muy poquitos magos profesionales en España, pero en Galicia habíamos tenido uno que no era nada popular que se llamaba Lorc, que era de Ferrol y había estado actuando por todo el mundo entre los 50 y los 70. Este tipo, cuando se jubiló, fue a la Asociación de Magia de Coruña. En la prensa local salió anunciado que iba a ir y recuerdo que Luis (Piedrahita) fue y me contó las cosas que presenció y que hasta entonces nunca había visto, de tal forma que al viernes siguiente ya asistí. Lo conocí y nos contaba su vida, súper interesante, porque había hecho magia para el rey en Japón, y en Egipto para jeques árabes, para gente especial por todo el mundo y cuando eres un adolescente, te eclipsa una persona así.
Inspiración para varias generaciones
¿Se puede considerar su primer referente?
Para mi generación, sin duda, el primero de todos fue Juan Tamariz. Ha sido un referente para varias generaciones de magos, toda una referencia mundial en la magia y nos ha hecho disfrutar a todo el público en España. Era una persona muy cercana, que no siempre se da. En el año 95 yo tenía apenas 18 años y él, ya consagrado, en los congresos de magia se quedaba en cualquier sala hablando con chavales, desprendiendo su magia, su conocimiento. Era como un faro y tenía un magnetismo brutal. Le encantaba que la gente se acercase a él. Pepe Carrol, al que yo admiré muchísimo y también lo conocí ese año, era una estrella de la televisión en aquella época, pero, sin embargo, era más inaccesible, quizá porque era más tímido.
La variedad de emociones es un aspecto que trabajamos en los espectáculos
¿Realiza magia de cerca por Tamariz o fue la especialidad que más le llamaba la atención?
Yo creo que son un poco las dos cosas. La magia de cerca de Juan Tamariz pegó tan fuerte en los años 80 porque él lo hacía muy bien. Su potencia mágica era brutal y al mismo tiempo era un personaje tan divertido y carismático... Para mí era imposible que eso no me gustase. Además, la magia de cerca es, entre todas las modalidades de magia que existen, la más sorprendente para el público. La magia de escenario, de grandes ilusiones también es potente. El gran David Copperfield siempre en sus espectáculos hacía intervenciones de magia de cerca porque era conscientes de la potencia.
Visita a Zamora
¿Cómo va a ser el espectáculo que va a llevar a cabo el martes?
Es un espectáculo en donde se combinan varias parte. Por un lado, todos los magos, y sobre todo en un espacio de este tipo, queremos dejar un poco nuestra impronta y hacer juegos personales. Obviamente en cualquier juego, en cualquier creación, siempre hay un componente o versión porque te estás inspirando en otras creaciones anteriores, pero trato de dejar mi impronta. También hay un componente de humor, de comedia y hay un componente narrativo. A mí me gusta también en los juegos de magia que no únicamente el efecto mágico deje a la gente asombrada. A veces el efecto mágico es un instante, y para prepararlo necesitas primero que haya un proceso que a mi me gusta que sea fundamentalmente entretenido, que no te quieras levantar de tu silla, sino que quieras estar siempre con los ojos bien abiertos para lo que viene, para que cuando llegue ese momento de magia.
¿Qué es lo más difícil para lograr que el espectador esté todo el rato receptivo en el espectáculo?
Todo el tema de las redes sociales a veces complica un poco esto. Las películas, por decir algo, siguen durando dos horas y a la gente le sigue gustando ver películas. Eso no quita que se ajusten los ritmos. En mi caso siempre he sido de ritmo ágil. Necesito, de alguna manera, el respaldo del efecto mágico para yo mismo sentirme cómodo. Hay muchos magos que me ven y me dicen que hago una cosa detrás de otra. Billy Wilder decía que "una película tiene que empezar con un tsunami y de ahí para arriba" y es una frase que se ajusta a mi trabajo.
Un no parar también le exige muchísima preparación.
Sí, pero lo fundamental es que en la curva de las emociones haya diferencia. Aunque vayas muy rápido, si, de repente, hay un momento de pausa donde dices algo más personal, está bien. Hay un momento en que el espectador también necesita esa calma. La variedad de emociones es algo que trabajamos en los espectáculos.
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