Entrevista
Marisol Simón, madre beneficiaria del programa CaixaProinfancia: "Me da pena que haya personas que no sepan reconocer el valor de este tipo de programas"
"He aprendido que no puedo controlar el mundo, ni siquiera mi propia burbuja, que es mi familia. Lo único que puedo hacer es intentar dar lo mejor de mí"

Marisol Simón
Marisol Simón es dominicana, pero lleva ya 26 años en España. Su familia, formada por sus dos hijos de 10 y 14 años, su marido y ella, suele recurrir a los programas que ofrecen algunas entidades para favorecer la conciliación y apoyar a las familias que sufren ciertas dificultades. El proyecto CaixaProinfancia, destinado a unidades familiares con menores de 18 años en situación de pobreza o vulnerabilidad social, ha permitido a la familia de Marisol abordar problemas como la mentira y la dificultad para gestionar conflictos con uno de sus hijos. Marisol subraya la importancia del acompañamiento y la búsqueda de ayuda necesaria para mejorar la dinámica familiar y el desarrollo infantil, reconociendo la evolución de su hijo y de ella misma gracias a iniciativas como esta.
¿Cómo conoció el programa CaixaProinfancia? ¿Por qué recurrió a él?
Fue a través del CAM (Centro de Apoyo al Menor) de Cáritas, al que acuden mis hijos desde hace muchos años. Primero empezó yendo mi hijo mayor, Aitor, y después Iván, que es el pequeño y el beneficiario del programa. Yo veía, como madre, que había algo en Iván que no me cuadraba. En un primer momento, pedí en el colegio que le hicieran un seguimiento, pero la respuesta que recibí no me pareció la más adecuada. Me dijeron que había niños que realmente tenían problemas, y yo les respondí que no podían saber si mi hijo los tenía cuando me llamaban cada dos días por algún incidente. Fue entonces cuando, desde el CAM, donde me conocen desde hace muchos años y saben que siempre estoy pendiente del niño, me derivaron a la Fundación Secretariado Gitano, entidad coordinadora del programa, donde valoraron la situación.
¿Qué tipo de ayuda recibieron?
Por medio del programa nos derivaron a los Hermanos Menesianos, en Pinilla, donde comenzamos a trabajar con una psicóloga. Tanto mi marido como yo trabajamos 40 horas semanales y, al ser una familia de cuatro, asumir el coste de la atención psicológica privada era muy complicado. Yo estaba dispuesta a hacerlo, porque mi hijo es lo primero, pero esta ayuda significa mucho para nosotros. La psicóloga se ha adaptado siempre a nuestros horarios y ha respondido a todas las dudas que hemos tenido. Ha trabajado con mi hijo, con mi marido y conmigo. Hemos tenido sesiones individuales y conjuntas, y la ayuda psicológica nos ha venido muy bien como familia.
¿Qué preocupaciones tenía con respecto a su hijo?
Veía en Iván, como madre, que había algo que no me cuadraba. Pensé que a lo mejor podría tener hiperactividad. Por ejemplo, si había algún conflicto en el parque, aunque él no estuviera implicado, terminaba metiéndose en medio. Además, uno de los problemas principales era que mentía mucho.
Mi hijo nunca se había disculpado por nada porque pensaba que siempre tenía la razón. Ahora sí lo hace
¿Qué cambios ha visto en Iván desde que participa en el programa?
Los cambios no son inmediatos, porque eso es imposible, y menos en un niño. Pero a largo plazo sí los hemos notado. Ahora, por ejemplo, ya no se mete en los conflictos como antes. Además, ha cambiado mucho en aspectos como la sinceridad y la responsabilidad. La psicóloga le propuso unas actividades para hacer en casa, como registrar tareas diarias, y él mismo se comprometió a rellenarlas con total honestidad. Recuerdo que un día discutimos y tuvo que llevarle su padre a la sesión. Allí no habló nada con la psicóloga y, cuando volvió, fue él mismo quien me pidió permiso para escribirle un mensaje explicándole lo ocurrido. Ahí ves que el trabajo que está haciendo esta profesional está dando resultado. Hasta entonces mi hijo nunca se había disculpado por nada porque pensaba que siempre tenía la razón. Ahora sí lo hace. Funcionar funciona, pero requiere tiempo y constancia.
¿Qué ha supuesto también para ustedes como familia?
La ayuda no solo ha beneficiado a mi hijo, sino a toda la familia. Somos una unidad familiar y el cambio se ha producido en todos. Yo también estoy trabajando en mí, y eso termina repercutiendo también en él. He aprendido que no puedo controlar el mundo, ni siquiera mi propia burbuja, que es mi familia. Lo único que puedo hacer es intentar dar lo mejor de mí, buscar la ayuda necesaria y acompañar a mis hijos de la mejor manera posible.
¿Qué supone para usted la llegada de las vacaciones escolares? ¿Es complicado compaginar el trabajo con el cuidado de sus hijos?
Por suerte, no hemos llegado a una situación complicada porque contamos con el apoyo del CAM durante buena parte del verano. Mi marido trabaja de lunes a viernes de seis de la mañana a doce y media, y yo soy gerocultora, con turnos de mañana, tarde y noche. Cuando termina el CAM, Iván acude a la ludoteca. Nuestros hijos pasan poco tiempo solos y tenemos la suerte de que el mayor es muy maduro. Además, Iván también ha madurado mucho desde que comenzó las sesiones con la psicóloga.
Si hubiera tenido que pagar esta ayuda, lo habría hecho, pero que existan programas así supone un alivio enorme para muchas familias
¿Cómo se siente después de todo este proceso?
No tengo palabras para describir esta ayuda. Si existiera una palabra mayor que "agradecida", la utilizaría. Al principio estaba un poco reticente porque a veces una se hace ideas preconcebidas, pero la experiencia ha sido espectacular. A veces incluso me siento culpable porque pienso que quizá no soy merecedora de esta ayuda. Mi marido y yo trabajamos los dos, aunque económicamente habría supuesto un esfuerzo importante asumir todas las sesiones que necesitaba nuestro hijo. Que hayan valorado nuestra situación y nos hayan tenido en cuenta significa mucho para mí. Si hubiera tenido que pagar esta ayuda, lo habría hecho, pero que existan programas así supone un alivio enorme para muchas familias.
¿Qué diría sobre entidades y programas de ayuda como estos a aquellas familias que pasen por una situación similar a la suya?
En el CAM hacen una labor impresionante, siempre intentan dar a cada familia lo que realmente necesita. Me da pena que haya personas con menos posibilidades que no sepan reconocer el valor que tienen este tipo de programas, pero para mí es todo un privilegio que intento aprovechar al máximo. Aunque mis hijos dejen de acudir algún día al CAM, yo seguiré ayudando en todo lo que pueda. Igual que con este programa: si alguna vez puedo colaborar de alguna manera, lo haré sin dudarlo. Gracias al CAM, a Cáritas y a CaixaProinfancia, mi hijo ha mejorado muchísimo y nuestra familia también. Este programa debería seguir adelante porque ayuda de verdad a quienes lo necesitan.
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