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Entrevista

José Manuel Losada, catedrático de la Universidad Complutense, experto en mitos: "Nos fascina más lo que se ve y se toca que lo que se piensa"

"El análisis de los mitos funciona como unos rayos X de nuestra sociedad, dándonos el negativo de quienes somos hoy"

El zamorano José Manuel Losada, en la plaza de Viriato. | VICTOR GARRIDO

El zamorano José Manuel Losada, en la plaza de Viriato. | VICTOR GARRIDO

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B. Blanco García

B. Blanco García

Zamora

Lejos de pertenecer a un pasado oscuro, los mitos trascienden siglos de historia hasta alcanzar el presente para seguir enseñando a la humanidad. De ello es plenamente consciente el catedrático zamorano José Manuel Losada, quien ha desarrollado su extensa carrera investigadora alrededor de los mitos desde que los descubriera en su etapa universitaria. Desde entonces, ha creado grupos de estudio, desarrollado proyectos internacionales y organizado congresos que siguen arrojando luz sobre estas leyendas que continúan explicando y guiando la acción del hombre.

¿Cómo nace su interés por la investigación de los mitos y cómo llegaron a convertirse en la base principal de su carrera?

Todo empezó en la Universidad de Valladolid, donde realicé mis estudios de Filología Románica. Ya en aquel entonces me interesaban muchísimo los tiempos antiguos, Egipto y los mitos grecorromanos. Por entonces, nos obligaban a estudiar mucho latín y griego, algo que he agradecido tiempo después, además de aprender italiano. Terminé la carrera especializándome en francés y me marché a Francia. Allí, en la Universidad de La Sorbona, caí en manos de Pierre Brunel, un gran experto que se dedicaba profundamente a los mitos. Realicé mi Diploma de Estudios Avanzados, lo que en la actualidad vendría a ser como un máster, y me quedé cinco años más para trabajar en mi tesis, que trató sobre el concepto de honor en el teatro del siglo XVII en Francia y España. Paralelamente, trabajábamos en estudios sobre mitos; Brunel estudiaba mucho el de don Juan y me pidió ayuda para la redacción de un libro que publicamos juntos en París en 1993, titulado "Don Juan, análisis y síntesis de un mito literario", donde analizábamos obras de Pushkin, Lenau, Molière o Tirso de Molina.

El problema de la universidad española es la extrema dependencia de la burocracia

En todo este proceso de estudio, ¿qué cambió de su mirada hacia los mitos clásicos?

Sobre todo, me daba cuenta de que no podíamos identificar únicamente a Edipo, Antígona o Fedra como los mitos por antonomasia. Primero el estudio de don Juan, y luego de personajes como Fausto, Hamlet, Macbeth o Drácula, me hicieron comprender que estábamos ante auténticos mitos. Don Juan no es menos mito que Edipo, ni Fausto menos que Antígona. Esta búsqueda continuó durante los años que di clase de Literatura Medieval, donde encontré figuras como el Grial, Arturo, Ginebra o Isolda. Incluso al dar clases de ópera aparecieron Wagner, Brunilda y las valkirias. Para mí, el mito pasó a ser ese mundo de ficción donde los personajes de este mundo, en un momento determinado de la trama, impactan o entran en contacto con un personaje sobrenatural o sagrado, ya sea Mefistófeles, un espíritu como el Zangarrón de Montamarta, la divinidad o dioses como Quetzalcóatl. Ese impacto entre dos personajes de distinta naturaleza es lo que definimos como mito.

Interés social por el mito

De todo esto habla en su libro "Mitocrítica cultural", publicado en 2022, con muy buena acogida.

Se trata de una obra de más de ochocientas páginas de la editorial Akal, desde donde están sorprendidísimos con el resultado. Normalmente, este tipo de libros de estudio tienen una tirada de poco más de mil ejemplares y se amortizan en veinte o veinticinco años, pero, pasados solo cuatro, ya se está pensando en hacer una segunda edición. Eso demuestra que hay un interés real por los mitos.

¿Este trabajo corrobora también que el mito traspasa lo meramente literario y se acerca a lo cultural?

Por supuesto. Precisamente, hay gente que considera que optamos por una definición un poco estricta de lo que es el mito, pero, personalmente, creo que es auténtica. Y ahí es donde entran miles y miles de reescrituras y adaptaciones. Pero en la mitocrítica cultural también estudiamos las desmitificaciones. Por ejemplo, con la búsqueda del Grial, cuando Indiana Jones aparece intentando encontrar el elixir de la eternidad para su padre frente a los nazis. Hay un ambiente sobrenatural, pero se pierde la sacralidad y, sin embargo, nos sentimos fuertemente atraídos. Estudiamos por qué los mitos atraen tanto incluso cuando son desacralizados. Nuestra cultura actual tiende a privar de esa carga sagrada a los relatos. Hoy vemos a Antígona como una mujer libertaria o símbolo de la liberación femenina, cuando, originalmente, moría por defender las leyes de los dioses frente a las leyes de la ciudad de Creonte. Este análisis funciona como unos rayos X de nuestra sociedad, dándonos el negativo de quiénes somos hoy.

El catedrático, Jesús Losada, en uno de sus viajes de trabajo. | CEDIDA

El catedrático, Jesús Losada, en uno de sus viajes de trabajo. / Cedida

Lejos de dar por zanjado el estudio de los mitos, continúa con sus investigadores. ¿Cuál será su próximo proyecto?

Me acaban de conceder una beca en la Universidad de Cambridge, concretamente en el Clare Hall College, donde estaré hasta junio estudiando los procesos de desmitificación en la sociedad contemporánea. Además, allí prepararemos un gran proyecto de investigación para presentar a la Unión Europea sobre ritos, folclore, leyendas y mitos. Es una propuesta ambiciosa, donde España será el país anfitrión, con especial atención a las zonas de Zamora, León y Salamanca. Contará con laboratorios de Portugal, Albania, Grecia, Eslovenia y Kazajistán como país invitado. La propuesta, que lideraré como investigador principal, busca una financiación de cuatro millones de euros.

Perpetuándose en el tiempo

¿Qué tienen los mitos para que, tras siglos de historia, sigan estando tan vigentes para el hombre del siglo XXI?

Los mitos, ya sean nórdicos, germánicos, celtas, íberos o eslavos, nos hablan de lo que somos nosotros, van a lo más existencial. Nos ponen ejemplos de cómo reaccionar frente a situaciones límite o extremas, especialmente cuando interviene la divinidad. No es simplemente el mito del progreso por volar en avión; eso es una confusión de términos. El mito real nos muestra cómo rebasar límites, como el viaje de Ulises, que no fue por placer, sino porque Poseidón se enfadó ante su arrogancia, al creerse completamente autónomo. El mito nos dice: "Acuérdate de que eres hombre, de que eres mujer".

El problema real es el neopositivismo, es decir, la tendencia a querer probarlo todo de modo físico o matemático

Usted diferencia claramente entre el personaje histórico y el relato mitológico. ¿Cómo aplica esto a figuras tan relevantes como las bíblicas?

Para que se me entienda bien: yo no creo que Jesucristo sea un mito, sino un personaje histórico, como lo fue Napoleón o Sócrates. En el mito, la historia es secundaria. Sin embargo, en la Biblia hay personajes cuyas historias están narradas de modo mitológico, como Adán y Eva, Caín y Abel, Jonás o la zarza encendida. Lilith, por ejemplo, representa a la mujer que se rebela y no quiere estar sometida al varón. La propia historia del diluvio universal es un mito presente en Mesopotamia, el mundo griego o Gilgamesh. Lo mítico no es la inundación en sí, sino el hecho de que esta ocurre por la arrogancia de los seres humanos.

El catedrático zamorano de la Universidad Complutense, José Manuel Losada.

El catedrático zamorano de la Universidad Complutense, José Manuel Losada. / Cedida

¿Considera que la tecnología actual y la inteligencia artificial pueden llegar a afectar a la supervivencia de los mitos?

No creo que afecte negativamente. Al contrario, hace que la mitología se desarrolle más allá de las fronteras. La traducción automática y los efectos especiales por IA, como en las series de "El Señor de los Anillos", no minusvaloran el mito. El problema real es el neopositivismo, es decir la tendencia a querer probarlo todo de modo físico o matemático. A veces se dice que la ciencia ficción es la mitología moderna, pero a mí eso me parece una bobada. La ciencia ficción busca explicar lo inexplicable mediante fórmulas científicas, como una conjunción estelar cada miles de años que provoca un eclipse, mientras que la mitología se mueve en el imaginario de lo sobrenatural. Son correlatos distintos: uno realista y otro sobrenatural.

La mujer, protagonista del próximo congreso

Además de acceder a becas y buscar financiación para nuevos proyectos, también tiene tiempo para poner en marcha congresos. El próximo será "Mito y mujer", que se desarrollará en octubre en la Universidad Complutense. ¿Qué perspectivas maneja?

Empezamos a preparar este congreso hace casi un año y recibimos 475 propuestas de conferencias de todo el mundo. Hemos tenido que seleccionar 325 por coherencia académica. Participarán investigadores de 42 países de todos los continentes y se celebrará del 26 al 30 de octubre. El plazo para asistir, ya sea virtual o presencialmente, está abierto hasta el 19 de octubre. Queremos analizar por qué las mujeres han sido representadas como rebeldes, traidoras, vírgenes o diosas a lo largo de la historia, especialmente en la literatura y el cine de nuestros días. Nos interesan las teóricas que han lanzado propuestas sobre el mito, como María Zambrano con su "Tumba de Antígona", y autoras contemporáneas como Madeleine Miller o Margaret Atwood. La novela "Circe", de Miller, por ejemplo, es fascinante, porque cuenta la Odisea desde el punto de vista de la mujer sabia, que es el centro del universo, dándonos la cara oculta de la luna del relato tradicional.

En mi último puesto, gestionaba una media de 85 tesis doctorales al año, era un trabajo extenuante

Acaba de finalizar una etapa como vicedecano de Investigación y Doctorado en la Facultad de Filología de la Complutense. Con su experiencia, ¿qué balance realiza sobre la situación de la universidad en España?

He estado veinte años en cargos administrativos, desde coordinador de grado y de máster hasta director de departamento. En mi último puesto gestionaba una media de 85 tesis doctorales al año, era un trabajo extenuante. Tras ese periodo, necesitaba este año sabático en Cambridge para alejarme del mundanal ruido y centrarme en mis proyectos. Sobre la universidad española, diré que tenemos investigadores y pensadores de primera línea. El problema es la extrema dependencia de la burocracia y el lío de las acreditaciones. Estamos sometidos a agencias que, a veces, solo valoran lo publicado en inglés, un error en el que no han caído países como Italia, Francia o Alemania. Un investigador español dedica un 20%, o más, de su tiempo a la burocracia. Además, sufrimos la endogamia desde los años 80, es inmensa, provocando que sea muy complicado que una persona que venga de fuera alcance un puesto, porque no trabaja ni lucha en las mismas condiciones que los que están ya dentro.

El futuro de las Humanidades

¿Qué futuro cree que le espera a las Humanidades, sobre todo a los jóvenes investigadores que se quieren desarrollar en este campo, siempre en segundo plano con respecto a los estudios empíricos?

En primer lugar, tenemos un problema de comprensión por parte de las instituciones del ministerio y de las instituciones de las comunidades. Hoy en día, un porcentaje elevadísimo se dedica a la investigación de las ciencias empíricas y muy poco a la investigación de las ciencias humanísticas. Y la razón se centra en que estamos todos fascinados ante lo que se ve y se toca, y no ante lo que se piensa. A esto se ha añadido Internet y ahora la IA, lo que, evidentemente, es todo un reto. Por otra parte, particularmente, en todas aquellas iniciativas que hemos sacado adelante, desde el Grupo de Investigación de Mitocrítica Asteria hasta la Asociación Internacional de Mitocrítica Amaltea, la revista de Mitocrítica Andrómeda o el grupo de Investigación en Mitocrítica Cultural, es nuestro proyecto estrella actual, con 120 investigadores de muchas universidades, las limitaciones económicas son enormes.

Comparten ese problema con los investigadores de laboratorio.

Es cierto, pero ellos necesitan mucho más dinero y nosotros no requerimos de aportaciones tan grandes. Evidentemente, hay que redistribuir, pero es un tema que no me concierne a mí.

Mi próximo congreso analizará por qué las mujeres han sido representadas como rebeldes, traidoras, vírgenes o diosas a lo largo de la historia

¿Algún consejo para aquellos que, a pesar de todo, quieran dedicarse a estas investigaciones más teóricas?

Que lo intenten, por supuesto, pero sabiendo que solamente triunfarán si son serviciales, porque es la única manera de hacer equipo, si no van a lo suyo y si evitan el individualismo. Por otro lado, deben aprender a renunciar a muchas cosas, teniendo que trabajar muchos sábados y domingos, porque no hay que desaprovechar ninguna ocasión. Yo he tenido que dedicarme muchos años a conceder becas y sé que se las llevan los mejores, la mayoría de las veces, por cierto, mujeres. Y, a menudo, es solo cuestión de centésimas, incluso milésimas. El camino está expedito, simplemente hay que recorrerlo, pero sin pensar que todo será un camino de rosas.

Y, por último, ¿hay algún mito que le sirva para comprender o alentar el momento que se vive en la actualidad?

Personalmente, uno que siempre me inspira mucho es el del Grial, porque nos hace ver que para alcanzarlo hay que renunciar a muchas cosas. Para mí, no es tanto la piedra filosofal, como ha sido visto en muchas obras, sino más bien la piedra de esperanza, aquello a lo que hay que acudir y a aspirar. Además, es algo que está fuera de nosotros. El Grial es la exposición de la búsqueda, la apertura al otro. De ahí que considera que sería un mito paradigmático en nuestro tiempo.

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