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Verano Joven

Una nariz de payaso para enfrentarse a sus mayores miedos: el curioso taller que triunfa entre los niños de Zamora

Niños y niñas de 5 a 8 años experimentan en la Alhóndiga con personajes fantásticos, payasos, acróbatas o magos. Mediante el juego, el objetivo es desarrollar sus habilidades sociales, emocionales y artísticas para dar foma a un espectáculo final en el que cada uno tendrá su gran momento.

Una niña posa sonriente con la nariz de payaso.

Una niña posa sonriente con la nariz de payaso. / Lucas Anta / LZA

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Zamora

Uno a uno van desvelando sus temores. Miedo a los fantasmas, miedo a la oscuridad, miedo a las arañas, miedo a los vampiros, e incluso, miedo a olvidarse de todo. Estos son algunos de los terrores que señalan los participantes en el taller "El gran circo imaginario". Tras confesar que es lo que les asusta, llega el momento de ponerse una gran nariz de payaso para hacerle frente a su monstruo personal. La actividad forma parte de la programación "Verano Joven" que promueve la concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Zamora.

"Se trata de montar una pequeña escena partiendo de este miedo. ¿Qué ocurre si de repente llega a un lugar, por ejemplo, quiere entrar en un teatro, se le olvida la entrada y toda su vida es así?", cuestiona Eléonore Bisson, monitora del taller. La respuesta está en la nariz de payaso. "Como ella tiene una nariz de clown, lo va a hacer todo exagerado, va a expresar sus emociones de manera exagerada lo que ayuda un poquito también a trabajar, en este caso, el tema del miedo", explica.

Niños Alhóndiga

Eléonore Bisson da indicaciones a varios de los participantes en el taller. / Lucas Anta / LZA

Una novedosa forma de que los pequeños puedan desarrollar sus habilidades artísticas al mismo tiempo que profundizan en sus capacidades sociales y emocionales. "La idea no es trabajar el circo clásico, sino acercarse al circo contemporáneo, al nouveau cirque, así se llama en francés", especifica. Movimiento que fusiona las artes circenses tradicionales con el teatro, la danza y la escenografía conceptual para contar historias. "Más que de intentar hacer cosas complicadas, peligrosas o demostrando su fuerza, se trata de un arte que se acerca más al teatro y la danza, donde es más importante expresar las emociones", añade Bisson.

De esta forma, en cada sesión busca que los participantes aprendan a contar una historia mientras trabajan el cuerpo, haciendo una performance. Momento que a muchos les asusta. "A algunos les da un poco de miedo estar solos delante de los demás", revela la profesora de la actividad. Vergüenza que, poco a poco, van soltando. "Todo se tiene que abordar desde el juego, es la base de todo. El teatro, el circo... al fin y al cabo, es jugar. Es la palabra clave para todo", subraya.

Niños Alhóndiga

Varios menores juegan y charlan en la sala. / Lucas Anta / LZA

Iniciación al circo y el teatro que practican descalzos. "Es una forma de trabajar mejor el cuerpo. Siempre lo consulto con los padres porque para mí es muy natural, pero quiero estar segura de que no hay ningún problema", apunta la artista.

Preparación y ensayos que tendrán como objetivo final crear un espectáculo en el que cada uno tendrá su número dando cabida a las distingas categorías del circo contemporáneo. Sin embargo, cuando llegue su gran momento frente al público, los jóvenes artistas no solo habrán aprendido sobre esta fusión de artes, sino que habrán conseguido reforzar su capacidad de escuchar, de mirar y de estar concentrados fuera de las pantallas, algo fundamental hoy en día.

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La profesora explica la actividad al grupo. / Lucas Anta / LZA

"Llevo dedicándome a dar talleres unos veinte años y lo que noto es que la capacidad de atención disminuye cada año", declara Bisson. Algo que relaciona con la influencia y el auge de las tecnologías digitales. "Estar sentados, escuchar, se les hace cada vez más difícil. Entonces, es necesario tener estos ratos donde no aparezca una pantalla para recuperar esta capacidad de atención", opina.

Algo que no tiene nada que ver con que se muevan más o menos. "Muchos niños y niñas tienen necesidades específicas, otros necesitan levantarse más, yo siempre les dejo moverse mucho, pero es cierto que hay algunos momentos donde hay que saber estar atentos y desarrollar la capacidad de estar para el otro, escuchando o mirando", manifiesta.

Niños Alhóndiga

Los participantes improvisando una escena. / Lucas Anta / LZA

Manera también de trabajar la empatía, es decir, la capacidad de comprender y compartir los sentimientos, las emociones y los puntos de vista de otras personas. "A veces hay como mucho egocentrismo y hay que aprender también a estar en un momento quieto, mirando al otro, escuchando lo que está haciendo y ayudando", expresa.

Arte que sirve así para transmitir valores humanos y sociales de forma creativa. Quizá esa sea la mayor recompensa del tallerque se hace en la sala de la Alhóndiga de Zamora y no los vítores finales, porque el teatro no solo enseña a interpretar un personaje o a ocupar un escenario, sino a escuchar, a esperar el turno, a comprender al otro y a enfrentarse a aquello que da miedo. Habilidades sencillas en apariencia, pero cada vez más valiosas en un mundo que avanza a golpe de pantalla.

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