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Adolfo Masyebra, mentalista: “Con trabajo lo imposible se convierte en improbable”

"Me gusta que el público se de cuenta de sus propias capacidades y que, de alguna manera, reflexione conmigo sobre precisamente abrir los ojos y tener un poco la mente abierta"

El mago y mentalista Adolfo Masyebra.

El mago y mentalista Adolfo Masyebra. / Cedida

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Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

Zamora

El polifacético Adolfo Masyebra regresa a Zamora. El mago, con más de 15 años de experiencia en mentalismo, abre las veladas de los enigmas mentales este sábado 15 de agosto a las 22.30 horas en el interior del Castillo.

¿Cómo llega al mentalismo? 

 Yo comienzo siendo ilusionista y acabo en las escuelas de los mejores ilusionistas de Madrid. De repente un día, un chico me hipnotizó en el Círculo Mágico de Madrid cuando tenía 19 ó 20 años. Desde ese día, sentí que tenía que poner todo mi esfuerzo en este mundillo. Hasta el momento yo había tonteado un poco en el mentalismo, pero no me lo había tomado muy en serio. Tras la muerte de mi padre empiecé a buscarle y me estafaron muchísimo. Me estafaron los típicos psíquicos, algunos tarotistas poco éticos. Porque los hay éticos, por supuesto, pero también algunos poco éticos. Le cogí un poco de manía a lo que yo pensaba que era ese mundillo y cuando conocí a un mentalista de verdad, quien me quitó todas esas ideas preconcebidas sobre el mentalismo. Él me diferenció muy bien entre lo que es un psíquico o un estafador, que diga que habla con espíritus..., a lo que hacemos nosotros hoy que es leer la mente, entretener mediante telequinesis, psicoquinesis, el poder jugar con la sugestión. Son dos mundos diferentes. Pero yo sin embargo empecé por así y al encontrar ese poder sentí que tenía que intentar entender este poder y estudiarlo.

Entiendo que el proceso de estudio fue largo.

Fue algo largo y con muchísimo trabajo. Todos creemos, sobre todo en el mundo de la magia, que aprender el secreto hace que ya sea mago. Pero es que el mentalismo no va tanto de eso porque no hay secreto. El mentalismo es ensayo-error. Es trabajar mucho y errar mucho y  llegar a un punto en que necesitas encontrar una confianza, de tirarte a una piscina que presupones que está llena pero que sin querer puedes vaciar. 

Y ¿cómo se afronta la equivocación?

Hay veces que efectivamente el fallo está ahí, pero es parte del proceso. Me pasó en la tele hace no mucho que fallé al leer una hora de un reloj y dije que en vez de que tú me la transmitieras a mi te la voy a transmitir a ti a ver qué pasa. Y… funcionó.

El mentalista Adolfo Masyebra.

El mentalista Adolfo Masyebra. / Cedida

¿Hay que tener algunas cualidades especiales?

Cualquier persona puede empezar a hacer ilusionismo, puede hacer mentalismo, puede hacer hipnosis, pero hay un factor determinante que es lo que yo creo que diferencia a la paja del trigo, que es que tienes que tener algo innato, algo dentro que te apasione y que te haga no dormir por las noches porque necesitas saber más, como un hambre, un ansia de ser una esponja de conocimiento. E incluso muchas veces te das cuenta de que la respuesta al mentalismo no está en el propio mentalismo. Empiezas a ver teatro, musicales. Empiezas a ver a mimos, a actores y, de repente, todo cuadra. Es el todo es nada y nada es todo. Y al final lo acabas relacionando y haces una especie de disciplina a medida.

Desde su punto de vista, ¿qué es el arte del mentalismo? 

Para mí el mentalismo sería el arte de explorar o juguetear también con los misterios de la mente, coger conceptos que parecen completamente imposibles y convertirlos en improbables o poco probables. Todos podemos saber que hay quien se puede aprender un número de teléfono. El siguiente nivel sería aprenderse el orden de una baraja de cartas. El siguiente, un libro entero. Los mentalistas también nos podemos aprender bibliotecas enteras. Los mentalistas mamamos mucho de Ramón Campayo que es un plus marquista mundial de memoria rápida y usamos muchas técnicas de memoria y demás para hacer estas experiencias lo más completas posibles.  Con trabajo lo imposible se convierte en improbable. Y con dedicación, pasión y con ese pequeño porcentaje de algo innato, de repente, se convierte en algo posible.

¿Con qué va a sorprender al público en su actuación del sábado en el Castillo?

Básicamente es una mezcla de mentalismo, de hipnosis y sugestión. Es una experiencia donde el público va a participar y se va a convertir en parte de lo improbable. Con el tiempo me he dado cuenta de que no es tanto que la gente venga a ver las capacidades que yo tengo, sino en intentar que ellos se den cuenta de sus propias capacidades y que, de alguna manera, reflexionen conmigo sobre precisamente eso, abrir los ojos y tener un poco la mente abierta. Voy a intentar abrir esa parte de la mente que tenemos un poco dormidas mediante el entretenimiento más clásico. 

Es imposible resquebrajar la coraza de un escéptico que está en modo no quiero entender, no quiero creer.

¿Quién asiste a este tipo de espectáculos?

Yo me considero especialista en escépticos. Al ser un poquito todoterreno, me he intentado, sobre todo, preparar para aquel que tiene dudas, intentar respondérsela de la mejor manera posible con diferentes actos e incluso con diferentes técnicas. Un pañuelo que desaparece es magia a lo mejor la persona se piensa que lo tienes en la manga, entonces… lo voy a hacer sin mangas. A lo mejor se piensa que lo has guardado en la boca, pues te lo hago con la boca abierta. El pañuelo está trucado, pues lo hago con tu pañuelo... me gusta mucho ese estilo de cada vez más difícil.

 ¿Es un reto encontrarte con un escéptico? 

Es enfrentarte a cualquier persona, y no puedes convertirlo en un reto. La clave del mentalista, a diferencia de un mago, es convertir ese reto en un baile. Y dos no bailan, si no quieren. Tienes que hacerle entender a tu público que vamos a bailar, va a ser suave, va a ser bonito y va a ser agradable porque si nos ponemos a retarnos, las defensas están arriba y superpuestas. Es imposible resquebrajar la coraza de un escéptico que está en modo no quiero entender, no quiero creer. Si yo a un escéptico le digo piensa en una palabra, y de repente empieza a pensar en números, por ejemplo, le puedo a lo mejor adivinar esos números, pero de momento ya está yendo en contra de ese baile. Yo creo que al escéptico hay que quererle mucho, hay que abrazarle, porque en el fondo es, el miedo a lo desconocido. Simplemente, muchas veces no lo conocen, no lo han visto, y eso... es lo bonito.

Ha hablado de baile y otra de sus facetas es la de músico, ¿en algún momento aflora su vertiente de intérprete en su espectáculo?

Yo en mi espectáculo de La Gran Vía, cuando lo produzco yo y lo dirijo yo, tenemos una zona de merchandising en la que vendo mis discos y mis cosas, pero es mi parte de blues y de jazz no tiene nada que ver con el mentalismo. Para este show, “Abre los ojos”, hemos contratado a un director excepcional, Sixto Rodríguez.  Esta vez hemos elegido músicas de grandes compositores. He intentado que mi personalidad musical se vea reflejada en el show. Creo que la gente que venga, mientras se está sentanda, va a escuchar no solo mi disco, sino mis gustos musicales, y todas las letras, todas las canciones que están ahí puestas están pensadas por algo.

El profesional Adolfo Masyebra.

El profesional Adolfo Masyebra. / Cedida

Por lo que dice ¿es su espectáculo más personal?

Sinceramente, por primera vez, me quise quitar la máscara. Tuve un accidente muy grave, y yo pensé que iba a dejar de hacer todo esto. Cuando regresé, volví con esa intención de hay que tomar acción, hay que abrir los ojos, y hay que empezar a trabajar muy duro para recuperar el nivel en el que estaba sí o sí.

Las nuevas tecnologías ¿benefician o perjudican a su hacer?

Es un debate eterno entre compañeros. Lo que pasa normalmente es que cuando haces algo muy potente, leer la mente de una persona o lo que sea… siempre van a intentar buscar una explicación situacional.  A mí me ha pasado hace poquito estuve con el streamer más grande de toda Latinoamérica en un directo de varias horas con él. Y en el chat, teníamos 60.000 o 70.000 personas en directo y todas hablan. En el chat había un montón de explicaciones de que se hacía así o de otra manera. A mí personalmente me beneficia porque me da una excusa para explicar mejor mi trabajo e incluso para brillar un poco más en la experiencia.  En mi caso concreto yo no me sostengo sobre secretos. El mentalismo es cómo aprendo yo y cómo sé qué palabra es o qué nombre. La magia, ese secreto, ese efecto boom es que te aparezca en la mano. Yo estoy preparado para casi cualquier situación.

¿Todavía hay falsos tópicos o ideas preconcebidas?

Sí, pero ahí tengo que romper una lanza por el pensamiento colectivo y es que ha sido culpa de los mentalistas o hipnotistas que nos han precedido con actitudes sobrenaturales. Mucha gente se piensa que a lo mejor al ser hipnotizado vas a perder el control de tu voluntad, nada más lejos de la realidad, o que vas a empezar a confesar secretos, o que a lo mejor vas a hacer el ridículo… Estas cosas han sucedido porque ha habido bastante mala praxis, sobre todo en los 80, 90 y a principios de los 2000 con ciertas figuras. Por entonces había mucho ridículo en el escenario. Sin embargo, la nueva jornada de hace 10, 20 años que venimos de hipnotistas y mentalistas, lo único que buscamos con la hipnosis es una herramienta de la psicología cognitivo-conductual que utilizan psicólogos, psiquiatras y artistas en un escenario para entretener. 

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