Salud
Acalorados e irritables: la ola de calor también pasa factura a nuestra salud mental
El presidente del Colegio de Psicólogos de Zamora ofrece las principales recomendaciones para hacer frente al estrés térmico y prevenir posibles conflictos familiares y laborales

Una mujer se abanica mientras camina por la Plaza Viriato de Zamora. / Alba Prieto / LZA
Cuando hace mucho calor, nuestra capacidad de inhibición de la conducta se reduce, porque estamos sometidos a un estrés térmico que obliga al organismo a hacer un esfuerzo para mantener la temperatura. Esto unido a que las altas temperaturas también alteran el sueño, hace que aumenten la posibilidad de tener más conflictos tanto en el entorno familiar como en el trabajo. "Nuestra irritabilidad aumenta y nuestra capacidad inhibitoria disminuye", declara el presidente del Colegio de Psicólogos de Zamora, Diego Manuel Rodríguez Simón.
"Cuando una persona está cansada, como decimos vulgarmente, se le acorta la mecha y saltamos con mayor facilidad", añade.
Elevadas temperaturas que influyen en el estado de ánimo, en la concentración, en el sueño y, en general, en el bienestar. Por ello, las olas de calor se asocian con un aumento del malestar emocional en el que la irritabilidad, el estrés, la sensación de mayor cansancio provocan una menor tolerancia a la frustración y una mayor dificultad para controlar las emociones.
"Se puede producir fatiga mental, podemos reducir la atención, la velocidad de procesamiento, el rendimiento cognitivo, la toma de decisiones... y todo esto viene provocado porque el organismo, cuando hay unas altas temperaturas, tiene que trabajar para poder mantener una temperatura entre 36,5 y 37 y, para ello, requiere que se dilaten los vasos", explica Rodríguez.
Las noches calurosas también tiene su efecto en la calidad del sueño, lo que puede provocar ansiedad, tristeza, dificultades de concentración, problemas de memoria y mayor reactividad emocional.
No obstante, las olas de calor no afectan por igual a todas las personas. "A algunos les afecta mucho hasta tal punto de cambiar radicalmente su vida y a otras personas, apenas les afecta", comenta el profesional. Los más vulnerables ante estos episodios son las personas con un trastorno emocional, "que no es lo mismo que una enfermedad mental, porque está en un proceso de ansiedad o de depresión, entonces es muy probable que se agudice". Asimismo, si se tiene ya una patología mental, como puede ser un trastorno bipolar, una esquizofrenia o una demencia, también la sintomatología se agudiza bastante.

Calor / Alba Prieto
Una buena hidratación, clave para cuidar la salud mental
"Entre las principales estrategias que se pueden poner en práctica para que la intensa subida de los termómetros no nos afecte tanto, es mantener una buena hidratación. Eso es fundamental porque así evitamos las fatigas, las cefaleas y el estado de ánimo negativo", subraya el presidente del Colegio de Psicólogos de Zamora.
Además, es importante tratar de proteger el sueño manteniendo el dormitorio lo más fresco posible, ventilar cuando la temperatura exterior esté un poquito más baja, evitar hacer ejercicio intenso o hacer comidas copiosas antes de acostarnos y mantener unas rutinas de una higiene del sueño, es decir, "unas rutinas, tanto a la hora de acostarnos como de levantarnos, relativamente estables", recomienda.
El psicólogo también aconseja mantener horarios regulares en las comidas y "reservar un poquito de tiempo para actividades que sean agradables" con el fin de favorecer el contacto social. "Compartir tiempo con familiares, con amigos, realizar actividades al aire libre cuando el calor lo permita. En esta época, que además suele coincidir con un periodo vacacional, es muy importante que seamos capaces de crear una cierta estructura, más laxa, más relajada, que cuando estamos trabajando o estudiando, pero que haya algo de estructura, porque el vacío también nos puede llevar a tener problemas emocionales", detalla.
Malestar emocional al que hay que darle importancia y buscar ayuda psicológica cuando la alteración del sueño se prolonga junto a otra serie de factores. "Eso ya es una señal de que algo no está funcionando bien", asevera. Asimismo, hay que ser conscientes si sufrimos anedonia, es decir, "cuando dejan de interesarnos las cosas que antes nos interesaban, lo cual va más allá de la propia fatiga que provoca el calor, si no que es un desinterés, una retracción de la actividad", dice. Esa sensación de "me da igual lo que pase, sea bueno o sea malo, es una alarma para empezar a pedir ayuda".
Síntomas que es primordial valorar si ocurren en un día en concreto y es un pequeño bache que luego se supera, o, por el contrario. "Vemos que ya se está estabilizando, dormimos mal de forma habitual, estamos desganados, no tenemos ilusión, nos vemos incapaces de terminar las tareas, no somos capaces de iniciar nada nuevo porque no nos interesa, nos sentamos en el sofá o en la tumbona y realmente no queremos hacer nada, vemos el tiempo pasar... ahí es donde hay que pedir ayuda", aclara.
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