Víctor Prieto, un forense zamorano en la peor crisis migratoria de España: “El reto más grande es identificar a personas que cruzan sin nada”
El también zamorano Miguel Morán, técnico de autopsias, participa en el refuerzo enviado por el Ministerio de Justicia a la ciudad autónoma para gestionar la avalancha de fallecimientos en el mar ocurrida entre el 30 y el 31 de julio

De izquierda a derecha, Víctor Prieto, Esther García, Miguel Morán y Ana Isabel Fernández frente al Instituto de Medicina Legal de Salamanca antes de partir hacia Ceuta. / Cedida

El despacho de trabajo era distinto. Las vistas no mostraban el centro histórico de Valladolid, sino el Estrecho de Gibraltar. Aunque durante los últimos días no ha sido un buen lugar para mirar; no había nada bonito que ver. El forense zamorano Víctor Prieto acaba de llegar de Ceuta, donde ha participado en el operativo de emergencia activado por el Ministerio de Justicia para tratar de abordar la mayor crisis migratoria de la historia de España. Junto con otros tres compañeros de Castilla y León, entre los que se encontraba Miguel Morán, también de Zamora, el equipo se ha puesto al servicio del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de la ciudad autónoma para participar en el levantamiento de cadáveres, confirmar las causas de los fallecimientos y tratar de identificar a las centenares de personas cuyo sueño pereció donde se entrelazan las aguas del Atlántico y el Mediterráneo. Una semana de trabajo intenso, de servicio público y de talante humanitario con un resumen tan demoledor como las imágenes de aquellas jornadas críticas: ojalá nunca hubiera sucedido.
Aunque el mundo entero vio una avalancha de migrantes tratando de llegar a España vía Ceuta desde Marruecos el pasado jueves 30 de julio, un runrún en la ciudad autónoma hacía presagiar días antes que algo inusual estaba por ocurrir. En ese momento, el forense zamorano Víctor Prieto, cuyo desempeño se encuentra en el Instituto de Medicina Legal de Valladolid, se encontraba de vacaciones con ánimo de apurar sus últimas horas de asueto en Videmala. Fue entonces cuando, por un canal interno y tras prestarse voluntario, le encomendaron una de las tareas más complicadas de su vida laboral: asistir en una gran crisis humanitaria.
El operativo de Castilla y León se coordinó rápidamente. Víctor Prieto acudiría con una compañera técnico de autopsias de Valladolid, mientras que otra forense de Salamanca se sumaría al retén acompañada por el técnico zamorano Miguel Morán. Los cuatro se juntaron en la ciudad del Tormes, donde hicieron acopio de enseres puesto que, además del refuerzo personal, Ceuta reclamaba soporte físico. "Es lo que llamamos el material fungible: pijamas, batas, zuecos, calzas, mascarillas… Todo lo que nos pudo caber en el monovolumen con el que bajamos hasta Algeciras para coger el ferry", apunta Prieto. Esto fue el sábado 1 de agosto, una fecha marcada por la gran operación salida del verano y por ser el punto álgido de la Operación Paso del Estrecho.
Apenas había atracado el barco en Ceuta cuando el equipo comenzó a trabajar. "No hubo tiempo para subir a la habitación de la hospedería de la Marina donde nos alojaron porque la situación era crítica", desentraña el forense zamorano. "Dos de los compañeros nos fuimos a una reunión preparatoria para conocer el estado de la situación y lo que teníamos por delante, mientras que los otros dos acudieron directamente a realizar levantamientos de cadáveres", añade. Ese día, el contexto social comenzaba a ser comprometido en la ciudad autónoma, y lo era también desde el ámbito de la medicina legal: no dejaban de llegar cuerpos.
El refuerzo castellanoleonés se organizó junto con otro llegado desde Extremadura para abarcar la totalidad de las horas útiles del día. "Nos organizamos en dos turnos de mañana y tarde. Por la mañana, el equipo de Cáceres realizaba autopsias mientras nosotros nos dedicábamos a hacer levantamientos y papeleo; y por la tarde, nos cruzábamos", detalla. Una jornada que se alargaba de ocho de la mañana a ocho de la tarde y cuyo fin venía condicionado por la limitación de la luz.
Cuando el turno se correspondía con el levantamiento de cadáveres, el equipo en el que Prieto estaba integrado se desplazaba hasta un puerto de la Guardia Civil al que llegaban los cuerpos detectados en el agua por los agentes del Grupo de Especialistas en Actividades Subacuáticas. "Era un trabajo a pie de puerto y con las herramientas que teníamos a mano", recuerda. Y si el trabajo era el de realización de autopsias, entonces la maquinaria humana acudía hasta un antiguo hospital militar reacondicionado para esta circunstancia con un despliegue sin precedentes apoyado por el Ejército.

Zuecos identificados con la seña bermeja ante la limitación de material para trabajar en Ceuta / Cedida
La tarea, tanto en un sitio como en el otro, estaba concretada desde un inicio. "Lo prioritario era confirmar que las muertes se habían producido por sumersión y posteriormente intentar ayudar a la identificación de los cadáveres", explica el forense zamorano. Un encargo, este último, convertido en el más complicado de todos, al considerar la ausencia de huellas que permitan rastrear a esas personas, así como la falta de información básica personal. "En este tipo de situaciones los hay que vienen con documentos, pero la mayoría no", reconoce Prieto.
Esta situación dificultaba aún más el trabajo del operativo regido por el Real Decreto 32/2009, un protocolo para sucesos con víctimas múltiples que establece la cooperación entre la medicina forense y la policía científica para tratar de facilitar, precisamente, la identificación de cadáveres y la asistencia a las familias en grandes catástrofes. La norma, nacida al abrigo de tragedias como la de Spanair o el 11-M, está muy limitada en emergencias como la de Ceuta por una razón muy sencilla: si al otro lado nadie reclama, el proceso va a quedar inconcluso.
Además de todo esto, entre las encomiendas del trabajo forense se encontraba la realización de informes y rellenado de bases de datos de personas desaparecidas en colaboración con la Guardia Civil y con los juzgados de la ciudad autónoma, ubicados en el centro de Ceuta. Era en estos momentos cuando el equipo castellanoleonés podía palpar la situación en las calles. "Quizá no pudimos ver todo lo gordo de los primeros días, hay que tener en cuenta que esto era ya durante los días 2, 3 y 4 de agosto, pero sí se distinguía que aquello no era el ecosistema habitual", analiza Prieto. "En ese momento, es verdad, la sensación de seguridad era total gracias al despliegue de Policía Municipal, Nacional, Guardia Civil y Ejército, era prácticamente una ciudad militarizada, pero todavía se veía gente vagando", apunta.
El trabajo del refuerzo de Castilla y León se prolongó hasta el miércoles 5 de agosto, momento en que el equipo fue relevado por otro de Castilla-La Mancha. La razón de estos desplazamientos sin criterio de proximidad se encuentra en la descentralización del Estado. Los territorios donde la Administración de Justicia no está transferida y depende de forma directa del Ministerio son Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Baleares, Región de Murcia, Melilla y Ceuta. Por eso se ha desplegado este retén desde toda la longitud de la Vía de la Plata.
El Centro Integrado de Datos ha cuantificado ochenta autopsias realizadas durante la última semana en Ceuta, trabajo que ha recaído en buena parte sobre los hombros del equipo en el que Víctor Prieto y Miguel Morón se han integrado. Si hay algo que ha definido la experiencia, reconoce el forense, ha sido la colaboración entre cuerpos adscritos a diferentes ministerios de comunidades autónomas dispares para empujar hacia la resolución de la crisis. Un esfuerzo coordinado por el Instituto de Medicina Legal de Ceuta que, pasada esta emergencia, volverá a su estado natural de medios limitados pese a ser un enclave estratégico y proclive a volver a sufrir este tipo de situaciones. Si aquello vuelve a ocurrir, es probable que allí vuelvan a ayudar las manos zamoranas.
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