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100 años de una empresa que se construyó a sí misma

Cuatro generaciones entre motores: Rectificados Tostón, el taller zamorano que cumple cien años

La empresa zamorana Rectificados Tostón S. L. cumple 100 años después de sobrevivir a una guerra, fabricar sus propios motores, reinventarse varias veces y mantener viva una tradición mecánica que ya alcanza a la cuarta generación. Una historia en la que los contratiempos fueron la chispa para generar nuevas oportunidades que hicieron crecer el negocio.

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Zamora

La factura está fechada el día 24 de octubre de 1926. El papel amarillea por el paso del tiempo, pero conserva intacto el nombre del primer taller que la familia Tostón abrió en la calle Santa Clara de Zamora. Casi un siglo después, Fermín Tostón la sostiene entre las manos mientras repasa una historia que conoce de memoria. A sus 92 años, habla de motores y máquinas con la misma pasión que cuando era un joven aprendiz. "Ha sido mi vida", afirma.

Esa factura es el primer documento conservado de una empresa que, cien años después, sigue en marcha con dos talleres; uno en la capital y otro en Benavente. Pero la historia comenzó antes cuando un joven llamado Teófilo Tostón dejó el municipio toledano de Santa Olalla para trabajar como conductor en Zamora. Al llegar, descubrió una ciudad donde apenas existían empresas especializadas en automóviles y maquinaria. "Se le ocurre entonces montar un taller y llama a sus hermanos para que vayan a trabajar con él", relata. Entre ellos, estaba Guillermo Tostón, el menor de la familia y padre de Fermín.

Rectificados Tostón, un siglo de hierro, ingenio y familia

Fermín Tostón muestra la primera factura de la empresa. / Lucas Anta.

Aquel pequeño taller no tardó en convertirse en algo mucho más ambicioso. Los hermanos Tostón no se conformaban con reparar vehículos: querían construir sus propios motores. Los diseñaban, fabricaban las piezas, las fundían, las mecanizaban y montaban prototipos completos que llegaron a circular por carretera.

Cada uno aportaba un conocimiento diferente. Daniel y Millán destacaban como ajustadores; Guillermo, el pequeño de la familia, dominaba el trabajo de las máquinas-herramienta. Entre todos daban forma a piezas que primero nacían sobre el papel, después en la fundición y finalmente sobre el banco de trabajo. "Mi tío era un genio de la mecánica", recuerda. "Empezó a diseñar esos motores que están ahí...", indica mientras señala orgulloso las vitrinas que se encuentran a la entrada del taller ubicado actualmente en el polígono de la Hiniesta.

Aquellos motores no quedaron como simples prototipos. Los hermanos llegaron a montarlos sobre un chasis y los llevaron hasta Santa Olalla, su pueblo natal. Allí despertaron tanta admiración que el alcalde decidió rendir homenaje a Teófilo dedicándole una calle, un reconocimiento que todavía hoy permanece en el callejero de la localidad toledana. El siguiente paso era obtener la autorización oficial para fabricar aquellos motores. Presentaron los proyectos ante el Ministerio de Industria y las pruebas técnicas fueron satisfactorias. Todo parecía preparado para iniciar la producción. Pero el permiso nunca llegó. "Mi padre contaba que era cosa de política...", apunta.

Reportaje 100 años de Rectificados Tostón

Fermín Tostón en el despacho del taller. / Lucas Anta / LZA

A pesar de la desilusión, su opción nunca fue tirar la toalla, sino reinventarse. No obstante, los años no fueron fáciles. La Guerra Civil paralizó proyectos, cambió prioridades y obligó a empezar prácticamente de nuevo. El taller abandonó Santa Clara, pasó por la carretera de la Estación, continuó en Víctor Gallego y terminó instalándose en la avenida de Portugal. Fue allí donde Guillermo volvió a demostrar que llevaba la invención en la sangre.

Con el desarrollo del regadío en Castilla y León, Guillermo concibió un nuevo motor destinado a las explotaciones agrícolas. "Mi padre ideó un motor de riego que se registra con el nombre de TH (Tostón Hermanos)", explica. Sin embargo, este desarrollo ocasionó la separación laboral de los hermanos. "Mi padre estaba empeñado en hacer motores de riego porque en ese tiempo había una gran demanda, está en auge la remolacha que necesita mucha agua, pero no se ponen de acuerdo y mi padre habla con el empresario Miguel Colino, que le dice que si él se queda con el taller para fabricar motores, lo coge él. Mi padre dice que sí y se trasladan a Veterinario Reina, un edificio de Colino", desarrolla.

Reportaje 100 años de Rectificados Tostón

Fotografía de los fundadores del negocio. / Lucas Anta / LZA

En ese taller, trabajan junto a Guillermo, sus hijos, Fermín y Millán hasta que en 1960 deciden ponerse los tres por su cuenta en un local que preparan en el bajo de su casa. "Partiendo de un gallinero que teníamos en el corral, entre las dos casas de la avenida de Portugal y la Bajada de los Tres Árboles, mi padre pensó que podíamos montar un taller para hacer motores de riego nosotros", detalla. Allí levantaron un pequeño taller con un torno, una fresadora, un taladro y un horno construido por ellos mismos para fundir aluminio.

Fabricaban las piezas, elaboraban sus propios moldes y ensamblaban cada motor prácticamente de manera artesanal. Durante varios años aquellos motores de riego, a los que llamaron FAMI, se vendieron por la provincia de Zamora y también en Toledo, gracias a la colaboración de familiares que se encargaban de su distribución. Pero con los años el mercado fue cambiando. "El riego iba cediendo y la competencia era más grande... mi padre pensó que lo mejor sería dedicarse al rectificado de motores", narra.

Reportaje 100 años de Rectificados Tostón

Motor diseñado por los Hermanos Tostón / Lucas Anta / LZA

Etapa que exigió de nueva maquinaría que salió de sus propias manos. "Mi padre me dijo: vete a Madrid y preguntas", cuenta. En la capital, Fermín visitó los talleres de Narciso Borja. Allí le enseñaron una mandrinadora de bancadas, una máquina imprescindible para mecanizar con precisión el alojamiento de los cojinetes del cigüeñal. Con lo que había visto, de regreso a Zamora, empezó a hacer dibujos. "Mi padre comenzó a hacer modelos y probando y probando mucho, echándoles muchas horas, la hicimos", afirma con gran satisfacción.

Máquina que dio alas a Rectificados Tostón, donde la innovación surgía en el propio taller. "Se trata de reacondicionar el motor. Llega un momento en que ya no rinde, entonces hay que desarmarlos, hay que mecanizar las partes malas que tiene, hacer recambios, es tirar lo malo e ir haciendo lo nuevo, y queda el motor otra vez prácticamente nuevo, que es lo que hacemos ahora". De esta forma, explica en qué consiste un oficio que ha sido su vida entera y cuya técnica ha ido cambiando con el paso de los años.

Reportaje 100 años de Rectificados Tostón

Fermín Tostón pasea por el interior del taller. / Lucas Anta / LZA

"Lo que es el motor es igual, pero la técnica ha cambiado totalmente, entonces eran motores que iban por corriente y con electricidad, hoy ya son motores que van en plan hidráulico, en plan de inyección, todo esto ha ido evolucionando, hasta que ya van viniendo ahora los eléctricos", expone. Oficio que aprendió "trabajando, estudiando y viendo cómo hacen las cosas otros". Para ello, no dudo en viajar a Italia, Francia, Alemania y Estados Unidos donde visitó fábricas, asistió a demostraciones y descubrió nuevas técnicas para regresar a Zamora con una libreta llena de ideas.

Historia del taller en la que el empresario recuerda un accidente que cambió su rumbo. Durante unas obras en una finca colindante, una pala derribó parte de una plataforma sobre las instalaciones. El taller sufrió importantes daños. "Menos mal que fue en una hora en la que no había nadie trabajando", declara. Aquel incidente precipitó el traslado de la empresa al polígono industrial, donde las instalaciones permitieron afrontar una fase de crecimiento y de expansión con un nuevo taller en Benavente que proyectó en solitario. "Pensé que era una buena zona, pero los primeros años fueron duros, trabajando mucho y ganando poco", dice. Entonces, su hermano, con el que regentaba la empresa de la capital decidió dejar el negocio.

Rectificados Tostón, un siglo de hierro, ingenio y familia

Fermín Tostón junto a su hijo Javier a la entrada del taller en la capita. / Lucas Anta

Con los dos talleres funcionando, Fermín lamenta que su hermano no quisiera seguir. Fue otra de las etapas duras en las que el trabajo se acumuló, pero consiguió salir adelante, una vez más, construyendo una empresa que hoy dirige su hijo, Javier Tostón, en Zamora, y su yerno, David Calles, en Benavente, con la cuarta generación en marcha. "Mi nieto ya está empezando a trabajar en el taller", cuenta con gran honra.

Una situación complicada entre otras muchas. "Momentos difíciles han sido todos. Todo ha sido a base de trabajar y echar horas al trabajo", asiente. Jornadas en las que no había horarios, "trabajábamos sábados, trabajábamos domingos... me acuerdo cuando empecé y los mayores se iban del taller y los pequeños nos quedábamos a limpiar. Nos pasábamos hasta las diez de la noche trabajando", revela.

Intensa trayectoria que fue reconocida por la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Zamora en el año 2014 con la medalla a la Dedicación Empresarial. Reconocimiento que significó mucho para Fermín. "Fue un orgullo, lo único que sentí es que mi mujer ya no lo vio", dice con los ojos vidriosos.

Fermín Tostón recoge la Medalla a la Dedicación Empresarial.

Fermín Tostón recoge la Medalla a la Dedicación Empresarial. / JOSE LUIS FERNANDEZ (Archivo)

Aniversario en el que también mira hacia un futuro que atisba "difícil" porque "cambia todo... ahora se lleva mucho lo de los coches eléctricos, es cierto, que los motores industriales, los grandes, se seguirán haciendo como hasta ahora, pero el automóvil ha cambiado totalmente", valora. Sin embargo, su deseo es que la empresa siga "hacia arriba".

Tarea que ya no está en su mano, pero que cuenta con la rica herencia recibida y la recompensa de Fermín de haber podido dedicarse a lo que siempre le entusiasmó. "Desde niño vivía encima del taller, he conseguido cambiar muchas máquinas, hacer máquinas, ampliar el negocio... ha sido mi vida. Me ha entusiasmado que mis hijos hayan seguido y que hoy sigan todo esto", expresa con gran emoción.

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