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Noches de Humor

Dani Fontecha, cómico: “El humor, cuanto más blanco es, más talento esconde”

“Tal y como está el panorama informativo actual, una hora de carcajadas aseguradas saca a cualquiera de sus problemas y quita preocupaciones”

El humorista Dani Fontecha.

El humorista Dani Fontecha. / Cedida

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B. Blanco García

B. Blanco García

Zamora

Dani Fontecha es el encargado de cerrar el ciclo Noches de Humor en Zamora este martes, 4 de agosto, (22.00 horas) en las aceñas de Cabañales, con un espectáculo que, bajo el título “Viene a divertirse desde El Hormiguero”, promete repartir carcajadas para todos los gustos.

Iba a ser quien inaugurara el ciclo de humor en Zamora, pero se cruzó la semifinal del Mundial de Fútbol entre España y Francia, haciendo que sea el que cierre esta edición. ¿Este cambio de fecha puede jugar a su favor para que la gente vaya a verle todavía con más ganas?

Yo creo que sí. Estaba claro que, por mucho que te guste reír, no puedes competir con un partido de esas características. Se pensó en la opción de hacerlo al finalizar el encuentro, pero, después del fútbol, se gane o se pierda, la gente no está para la comedia, sino más bien para celebrar o estar de bajón. Así que creo que fue un acierto trasladar el show al 4 de agosto porque, además, me han confirmado que la venta de entradas va muy bien.

¿Y qué se van a encontrar todos los que ya tienen esa entrada y los que vayan todavía a comprarla?

Mis monólogos tienen mucho ritmo e intento meter siempre temas muy familiares, para enganchar una carcajada cada poco tiempo. Me gusta lanzar chistes de manera continua, más que contar una historia muy larga con la risa final. Así que mi humor se caracteriza por tener bastante ritmo y ser sobre temas inspirados en lo que a mí mismo me ha ocurrido, ofreciendo ese lado más cómico, ya sea de algún viaje, de alguna anécdota con mi familia o  de cómo pasé la pandemia, por poner algunos ejemplos. Son todos temas muy blanquitos y muy familiares, que suele funcionar bastante bien.

Me gusta lanzar chistes de manera continua, más que contar una historia muy larga con la risa final

O sea que, de alguna manera, se desnuda frente al público.

Así es, porque es lo que tiene mejor recepción. Cuando cuentas algún caso que te ha pasado, aunque luego le metas el matiz cómico, la gente lo agradece mucho, aunque no te conozca, porque nota que es verdad.

Tiempo para la improvisación

Esta forma de realizar un monólogo, ¿le obliga a tener el espectáculo muy medido o le permite también la improvisación?

El texto es verdad que suele estar súper medido, pero luego, depende de la zona a la que vaya, inserto aspectos diferentes. Por ejemplo, pregunto sobre tradiciones, personas conocidas de la ciudad o costumbres que tengan para nombrarlas en algún momento del espectáculo y sorprender al público, que suele responder con una carcajada.

El humorista Dani Fontecha

El humorista Dani Fontecha / Cedida

Es muy conocido su trabajo en el programa de televisión “El Hormiguero”. ¿Disfruta más escribiendo chiste para otros o subiéndose al escenario?

Me encantan las dos facetas. Yo llevo actuando muchísimo tiempo, casi dos décadas, mientras que en “El Hormiguero” llevo once años escribiendo para Pablo Motos o llevando alguna sección. En ese momento, fue algo totalmente nuevo para mí y me encanta porque es algo muy creativo, nos ayuda mucho entre los compañeros y da una enorme satisfacción ver una idea o un chiste tuyo en este programa que ve tantísima gente.

Doble faceta laboral

¿Ha aprovechado, de alguna manera, su trabajo de guionista para mejorar su faceta de monologuista?

La verdad es que, como estás todo el día escribiendo chistes sobre muchos temas, se ejercita el cerebro de manera impresionante. Y, aunque el trabajo sea igual de complicado, como la cabeza está ya muy acostumbrada, solo piensa en comedia. Cuando para cualquier show nuevo estoy pensando en temas, ese ejercicio diario en “El Hormiguero” hace que salgan de manera más fluida y ágil. Así que, parece que mi faceta de guionista es como un entrenamiento para cuando me subo al escenario. Y viceversa, el actuar también me sirve para ponerme en el lugar de quien lanza el chiste. Depende de la personalidad del que lo cuente, intentamos adaptarlo, para que vaya con él. No es lo mismo escribir para Pablo Motos que para el Monaguillo o Esperanza Grasia.

Después de tantos años dedicado a los monólogos, ¿qué evolución ha visto en España de este género?

La verdad es que, cuando yo comencé, nos habían allanado mucho el camino los que habían empezado, como Eva Hache, Luis Piedrahita, Quequé o Javier Veiga. Ellos comenzaron en salas donde la gente no entendía qué iban a hacer ahí subidos en un escenario, porque era algo que todavía no estaba instaurado. Así que nos lo pusieron más fácil a los siguientes. Con los años, además, ha ido creciendo. Antes, la Gran Vía de Madrid estaba llena de cines, ahora es habitual ver en sus teatros muchos espectáculos de monologuistas, al igual que en programaciones de muchas localidades. El público, además, está muy abierto a este tipo de comedia.

El secreto de un buen chiste

¿Qué es lo que tiene que tener un chiste para que usted confíe en que puede funcionar?

El humor, cuanto más blanco es, más talento esconde detrás. Es eso que parece más sencillo, que le gusta a un chaval de veinte años y a su abuelo de setenta. Ahí está la clave. El chiste blanco, que entra y busca un lugar que no estaba explorado, un lugar común, que todo el mundo reconoce fácilmente. Para mí, ese es el chiste más difícil, pero el que mejor funciona. Luego es verdad que hay cómicos más alternativos, porque cada uno tiene sus trucos, pero, personalmente, yo es ahí donde me siento más cómodo.

¿Qué hizo que se dedicara al humor un estudiante de Derecho como usted?

A mí siempre me había gustado mucho escribir y contar chistes a los amigos. Este cambio de trayectoria profesional fue pura casualidad. Yo tenía unos amigos que cantaban y me propusieron que contara chistes en el descanso de su concierto. Al principio no me atrevía, pero luego me animé y descubrí que me encantaba. A partir de ahí, me fui apuntando a concursos de monólogos por Madrid y llegué a actuar en La Chocita del Loro, que era una de las salas más conocidas de la capital. Poco a poco, me fui metiendo y hasta hoy.

Cuando yo comencé, nos habían allanado mucho el camino los que habían empezado, como Eva Hache, Luis Piedrahita, Quequé o Javier Veiga

¿Es consciente de la evolución personal que ha tenido a lo largo de los años?

Sobre todo, del temple que te da la experiencia. Al principio, eres un poco inconsciente y no sabes lo que funciona o por qué te has atrevido a contar chistes, todo es nuevo para ti. Con los años, aprendes un poco más de los truquitos de la comedia y escribes de otra manera. Pero mola mucho también cuando no tienes ni idea y sales ahí a hablar y ves que funciona.

En continuo aprendizaje

¿Considera que sigue aprendiendo?

Sin duda, sobre todo cuando veo a compañeros que me encanta lo que hacen. Sales de su espectáculo con muchas ganas de escribir, son como un espejo en el que te quieres reflejar. Admiro a muchos y me encanta verlos actuar y ver dónde flaqueas tú para seguir mejorando.

Al principio, eres un poco inconsciente y no sabes lo que funciona o por qué te has atrevido a contar chistes, todo es nuevo para ti

¿Cómo animaría a los zamoranos que todavía no han comprado la entrada para ver su espectáculo?

Les invito a que vengan, porque será una hora en la que estarán sentados escuchando historias de mi vida y riéndose cada poco. Y, tal y como está el panorama informativo actual, una hora de carcajadas aseguradas saca a cualquiera de sus problemas y quita preocupaciones, así que es todo un planazo en Zamora, para disfrutar, además, de un espectáculo en directo.

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