Entrevista
Telmo Pires, fadista que inaugura el Festival de Fados de Castilla y León: “El fado es universal, se puede cantar en todas las partes del mundo, como el flamenco, el jazz o el blues”
“Interpreto cada canción como si fuera la primera vez e intento transportar a los que me escuchan a esa historia, compartir esa emoción”

Telmo Pires. / Rita Carmo

La XXIV edición del Festival de Fados de Castilla y León, que se celebra en las instalaciones de la Fundación Rei Afonso Henriques, arranca hoy (21.30 horas) con la actuación de Telmo Pires, un fadista alejado de las tradiciones, pero con un amor incondicional por la música con raíces en su Portugal natal, aunque se criara a más de dos mil kilómetros de distancia, en Alemania, donde emigraron sus padres. En Zamora ofrece el que será su primer concierto en España.
¿Qué repertorio ha preparado para el público zamorano?
Es la primera vez que voy a hacer un concierto en España y estoy un poco nervioso, pero con ganas de encontrarme con este público. Voy a llevar una mezcla de los últimos álbumes, con énfasis en mi último proyecto, homenaje a uno de los mayores cantautores portugueses, António Variações. No era fadista, sino que estaba más cercano al pop y la new age, en la década de los 80. Falleció con solo 39 años y este homenaje nace después conocer a su hermano, que tiene los derechos de autor de sus canciones. Nos hicimos amigos y me ofreció para un álbum mío uno de sus temas inéditos, que nunca llegó a grabar. Desde entonces, comencé a pensar en este homenaje, eligiendo temas que adoro de él, pero dándoles un toque más fadista, con guitarra portuguesa y viola. Así construí mi último EP de cinco temas. Alguno de ellos sonará en Zamora.
Nací en Braganza, pero me crie en Alemania, donde emigraron mis padres en los años 70, Así que crecí totalmente ajeno a la cultura portuguesa y al fado
¿En qué momento descubrió que el fado era el lenguaje con el que se quería expresar sobre el escenario?
Nací en Braganza, pero me crie en Alemania, donde emigraron mis padres en los años 70. Así que crecí totalmente ajeno a la cultura portuguesa y al fado. Desde los nueve años toco el piano y también la guitarra. Cuando era adolescente, formé varias bandas de música, cantando pop en inglés. Fue con 18 o 19 años cuando redescubrí la música portuguesa, porque, de pequeño, mis padres tenían casetes de Amalia Rodrigues y Carlos do Carmo, así que ya conocía esas voces. Fue en un festival de televisión donde escuché una voz portuguesa que me abrió la mente y me tocó el alma, así que comencé esa búsqueda de la cultura portuguesa, viviendo en Alemania.

Telmo Pires. / Cedida
¿De quién era esa voz?
De alguien que se conoce muy bien España: Dulce Pontes, una cantante que aún adoro. A través de ella, cada vez que viajaba a Portugal compraba discos de artistas como Madredeus, Maria João o Amalia. Fue así como comencé a buscar mis raíces viviendo en Alemania. Después, poco a poco, en mis actuaciones, acompañado solo por un pianista, junto a temas ingleses, alemanes o franceses, comencé a añadir temas portugueses que yo mismo escribía. Con los años, fui descubriendo que la manera en la que mejor me expresaba era en lengua portuguesa. Era como una manera de liberarme más el alma. Así que el contenido portugués en mis repertorios fue creciendo y, en 2004, viviendo todavía en Berlín, grabé mi primer álbum íntegramente en ese idioma.
Entre Portugal y Alemania
¿Ha influido en su manera de entender el fado el haber bebido de culturas diferentes?
Tal vez sí, porque mi escuela fue otra, no estuve en casas de fado y quizá tenga otra visión más objetiva. Por ejemplo, nunca quise cantar cuando vivía en Alemania en restaurantes, tenía miedo a no vivir bien ese arte. Pero cuando me trasladé a Lisboa, iba cada noche a escuchar a los fadistas, para aprender y acumular esa energía. Solo ahí fue cuando decidí grabar con otros músicos con experiencia, pero para hacer una versión de fado muy propia. No me considero un cantante tradicional de fados, pero es que las voces que yo escuchaba, desde Dulce Pontes hasta Amalia Rodrigues, tampoco eran muy tradicionales. Yo entendí siempre que tenía que seguir mi camino, cantar aquello que me tocara el alma, escogiendo los versos y los poemas que más me hicieran sentir, fueran o no conocidos. Porque el fado es universal, se puede cantar en todas las partes del mundo, como el flamenco, el jazz o el blues. No necesita grandes descripciones, vive del alma y de la energía que le otorgue el artista.
Expresarme con canciones en portugués es una manera de liberarme el alma
¿Es difícil abrirse camino en este mundo cuando no se cumple con los cánones tradicionales?
Cada artista actual ha hecho evolucionar el fado a su manera. El fado tradicional, para mí, existe y se sigue viviendo en las casas de fado. Pero cantar allí, personalmente, considero que es algo totalmente distinto a llevar un concierto como los que yo hago, que requiere otra actitud y otra forma de interactuar. Incluso la atmósfera es diferente. Me gusta que el fado evolucione. Si Amalia Rodrigues no hubiera tenido el coraje de revolucionar musicalmente el fado, tal vez ya no existiría. Fue muy criticada por la propia prensa portuguesa, pero ella creía en lo que estaba haciendo y continuó por ese camino. Y, hoy en día, sus temas se han convertido en clásicos.
El fado que cruza fronteras
¿Cómo logra que sienta el fado un público que no sea portugués?
A pesar de que no entiendan las palabras, yo intento tender puentes entre las músicas y antes de cada canción les explico algo en su idioma. Así se crea una atmósfera para cada tema, porque no dejan de ser como pequeñas piezas de teatro que cuentan una historia. Yo adoro dar conciertos tanto en Portugal como en otros países. Para mí, el público es un gran corazón al que estoy mirando.
No me considero un cantante tradicional de fados, pero es que las voces que yo escuchaba, desde Dulce Pontes hasta Amalia Rodrigues, tampoco eran muy tradicionales
¿Y qué es lo que quiere transmitir cuando sube a un escenario?
Lo que siempre he intentado, en todos los estilos que he cantado, es ser auténtico en ese momento. Interpreto cada canción como si fuera la primera vez e intento transportar a los que me escuchan a esa historia, compartir esa emoción. Y cada noche es diferente, porque todos somos humanos y nos sentimos de una forma distinta en cada momento. El fado, como toda música orgánica, es vivido en el momento y yo siempre intento ser lo más auténtico posible en ese momento.
Suscríbete para seguir leyendo
- ¿Se va a ver el eclipse desde mi pueblo de Zamora?
- El mapa que divide Zamora ante el eclipse: estos son los pueblos donde será total
- Llegó el día: cómo ver el eclipse en la provincia de Zamora
- Once investigados por una estafa de 44.000 euros en Zamora: ya hay un detenido de 19 años
- Parador de Zamora: Ahora resulta que hay que arreglar el tejado
- DIRECTO | Zamora disfruta un fenómeno astronómico único: sigue la última hora del eclipse aquí
- La iglesia románica sin techo y la que lleva años abandonada tras ser una carbonera en Zamora, ejemplos del abandono del patrimonio
- Las imágenes de la Virgen de la Esperanza, el Cristo muerto de Duarte y el Jesús de Luz y Vida no regresarán a la Catedral de Zamora