Entrevista
Javier Povedano, barítono: "Ojalá Little Opera continúe muchos años más, porque ofrece un espectáculo de mucha valía que no siempre se puede disfrutar"
"Llegó un punto en el que ya no pude renunciar a la riqueza que supone subirse a un escenario, interpretar personajes, usar la palabra y explorar toda esa paleta de colores"

Javier Povedano, barítono / Cedida
Javier Povedano (Córdoba) ha llevado su voz a algunos de los escenarios más prestigiosos de España, como el Teatro Real y la Ópera de la Maestranza. Su trayectoria como barítono destaca por una gran versatilidad, que le ha permitido interpretar desde ópera de cámara hasta grandes producciones. Comenzó su carrera como clarinetista y, casi por casualidad, acabó descubriendo su vocación por el canto. Tras formarse en la Escuela de Canto de Madrid, ha consolidado una carrera reconocida tanto por el público como por la crítica, con galardones como el Primer Premio y el Premio del Público del XI Concorso Internazionale di Canto Barocco Francesco Provenzale de Nápoles y el segundo premio del XXXIX Concurso Internacional de Canto de Logroño. Ahora, el barítono se suma a la undécima edición del Festival Internacional de Ópera de Cámara Little Opera Zamora, donde interpretará al marqués Parpagnacco en I Tre Gobbi (Los tres jorobados), de Manuel García. La representación tendrá lugar este domingo, 26 de julio, en el Teatro Principal.
Creo que esta es mi cuarta vez aquí, y siempre un gusto volver porque, aparte de lo bien que se trabaja y del buen ambiente que hay, tiene mucho mérito que esta sea ya la undécima edición del festival
¿Qué tiene esta ópera que pueda sorprender a aquellos zamoranos que la disfrutan por primera vez?
Es una obra que sorprende mucho porque, a pesar de tener más de 200 años de historia, trata un tema súper moderno, que son las diferentes maneras de vivir el amor. Se trata de tres jorobados, tres amantes, que quieren conquistar a una mujer, y ella tiene que tomar una decisión. El desenlace es lo que más sorprende a los espectadores, ya que no resulta lo que podría esperarse en una ópera con tanta historia. Habla del amor de una manera que parece de nuestra época, pero estamos hablando de una obra escrita en el siglo XIX.
Después de haber interpretado al marqués Parpagnacco en varias ocasiones, ¿cambia algo en su manera de abordarlo para esta producción?
He interpretado este papel en dos producciones diferentes: una en Alemania, en el Festival Rossini in Wildbad, y otra hace 5 años, en 2021, en la que participamos casi los mismos cantantes. En la obra, cada amante ofrece una virtud y, en el caso de Parpagnacco, es la riqueza. En Alemania la producción fue muy diferente a esta, ya que era un marqués más asqueroso, con la cartera por delante y nada más. En este caso, es un personaje mucho más rico porque, aunque tiene dinero, tiene nula experiencia con las mujeres. Cuando aparece ella, se ablanda completamente. Cuando hicimos la producción en 2021, nos cautivó esta visión de los personajes y, ahora que todos tenemos más experiencia, hemos seguido trabajándolos así, pero aportando cada vez más cosas. Muchas veces, cuando se deja un personaje en un cajón y años después se vuelve a recoger, se matizan de nuevo los momentos de más vulnerabilidad del personaje y de mayor riqueza de carácter. De hecho, hay un momento cerca del final de la ópera donde Parpagnacco se está metiendo con uno de los otros jorobados, creyéndose superior a él, y se da cuenta de que no son tan diferentes y que él mismo no tiene tantas virtudes como dice tener. Son aspectos que dan mucha riqueza a los personajes. Además, hemos trabajado mucho la dirección de actores y el carácter de cada personaje, y confío en que todo eso se va a ver reflejado en el escenario.
¿Cómo es cuadrar todo ese desarrollo de los personajes y esa parte más emocional con la comedia?
La comedia me parece más rica cuanto más reales son los personajes. No necesitamos que los personajes sean simples. Es decir, no es que los personajes de la obra no hagan tonterías, pero es que todos las hacemos en nuestro día a día. Hay muchas cosas que pasan en la obra que, aunque desde fuera son muy graciosas, al propio personaje le parecen de lo más normal. En el teatro se exageran muchas facetas cómicas, pero eso no significa que tengan menos verdad dentro.
Es un auténtico placer que teatros más pequeños, como el Principal de Zamora, que además es precioso, nos den la oportunidad de acercar al público la ópera de pequeño formato, la cual tiene mucha riqueza también
La ópera de cámara es un formato mucho más íntimo que otras producciones.
Estamos acostumbrados a las grandes óperas que, por supuesto, son maravillosas, y siempre es una gran experiencia poder presenciar un espectáculo de tal calibre. Pero es un auténtico placer que teatros más pequeños, como el Principal de Zamora, que además es precioso, nos den la oportunidad de acercar al público la ópera de pequeño formato, la cual tiene mucha riqueza también. I Tre Gobbi es un claro ejemplo. Aquí también hemos interpretado Il Segreto di Susanna y La Cantata del Café, de Bach, que son grandes joyas. Quizá no se puede llevar una gran ópera al Teatro Principal de Zamora, ni a tantos otros de dimensiones similares, pero este tipo de obras no se suelen ver en grandes escenarios. Y es una pena, porque también son muy ricas teatral y musicalmente, además de muy disfrutables por parte del público. Es genial que tengan su espacio para que la disfrute mucha gente. Además, Conchi Moyano (soprano y directora del Festival Little Opera) está haciendo una labor fantástica. Creo que esta es mi cuarta vez aquí, y siempre un gusto volver porque, aparte de lo bien que se trabaja y del buen ambiente que hay, tiene mucho mérito que esta sea ya la undécima edición del festival. Ojalá continúe muchos años más, porque ofrece un espectáculo de mucha valía que no siempre se puede disfrutar.
¿Esta ópera es una buena puerta de entrada para aquellos espectadores zamoranos que no hayan visto ópera nunca o que no estén muy familiarizados con ella?
Sin duda. Es una ópera muy corta, dura una hora y algo, y somos solo cuatro cantantes y un actor, más el pianista. Además, es muy divertida. Es una comedia de enredo en la que la música también es graciosa. No tiene la densidad para la que puede hacer falta tener un oído más entendido. Se puede ir simplemente a echar una buena tarde en el teatro: a escuchar música, a disfrutar la ópera y a reírse.
Al principio pensaba: “si yo no tengo voz, si yo no sirvo para eso, yo solo sé tocar el clarinete”. Sin embargo, empecé a probar y me fue entrando el gusanillo de seguir
Ha trabajado en muchísimos repertorios y formatos diferentes ¿hay muchas diferencias entre interpretar una ópera de cámara como esta y óperas más grandes en teatros más amplios?
No solo influye el tamaño del teatro, sino también la orquestación. No es lo mismo cantar con piano que tener que superar una orquesta. La técnica vocal es la misma pero, al no tener una orquesta entre el cantante y el público, te permite poder mostrar muchos más matices. Quizás sea menos impresionante de escuchar desde fuera, pero permite jugar mucho más con la música y la actuación. Se puede presentar así otro tipo de espectáculo que, aunque no tenga el volumen sonoro o la espectacularidad que puede tener una ópera, tiene una cantidad de riqueza musical y teatral con muchísima vida.
¿Permite conectar más con el público?
No sabría decirte si más, pero sí permite conectar de manera diferente. Habrá oídos que prefieran una cosa y oídos que prefieran otra. También hay momentos en los que apetece más escuchar una gran orquesta, pero otros en los que uno quiere echar un buen rato con algo más minimalista. No considero que un tipo de espectáculo sea mejor que el otro, sino que son diferentes. Es genial que todos puedan tener cabida en el mundo teatral y lírico en España.
Siempre digo que nunca tomé la decisión de dejar el clarinete o de dedicarme a ser cantante, simplemente fue la ópera quien eligió por mí
¿Cómo surgió dedicarse a la ópera?
Cuando estaba estudiando clarinete, nunca me planteé ser cantante, sino que ocurrió casi de casualidad. Estaba muy enfocado en el clarinete, pero unos amigos me propusieron meternos juntos a un coro, en Córdoba. Al principio pensaba: “si yo no tengo voz, si yo no sirvo para eso, yo solo sé tocar el clarinete”. Sin embargo, empecé a probar y me fue entrando el gusanillo de seguir. Me dijeron: “¿y por qué no te metes al conservatorio? Que también lo pasamos bien”. Empecé allí, a la vez que seguía con mi carrera de clarinetista. Me fue enamorando todo el mundo del canto y de la ópera poco a poco, día a día. Siempre digo que nunca tomé la decisión de dejar el clarinete o de dedicarme a ser cantante, simplemente fue la ópera quien eligió por mí. Llegó un punto en el que ya no pude renunciar a la riqueza que supone subirse a un escenario, interpretar personajes, usar la palabra y explorar toda esa paleta de colores.
¿Cómo ha influido esa formación como clarinetista a la hora de entender la voz y la música?
Cuando empecé a cantar, pude aprovechar mucho la formación que tenía, porque llevo toda mi vida dedicándome a la música. Aunque todo lo que aprendí con el clarinete en cuanto a la lectura, la armonía y el control del aire a nivel técnico, por ejemplo, ayuda mucho a la hora de cantar también ha habido inconvenientes en eso. La manera en la que aprendí a respirar y usar el aire como clarinetista no era exactamente igual a la que tuve que aprender para cantar. Tenía ya una base, pero tenía que pulir muchos detalles de esa técnica de respiración y de apoyo del aire para poder dedicarme profesionalmente al canto. Formarme primero como clarinetista tuvo sin duda muchas más virtudes que desventajas, pero tampoco fue un camino de rosas. Sigo disfrutando cada día del bagaje que me dio y que, de algún modo, me sigue dando, porque, aunque ya no me dedique profesionalmente al clarinete, sigo tocándolo siempre que puedo.
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