Entrevista
José Miguel Martín, músico y profesor: "Se aprende más de caerse y levantarse que de hacerlo todo bien desde el principio"
"Estamos muy felices de que el Curso de Técnica e Interpretación para Instrumentos de Viento y Cuerda dé a conocer las virtudes de esta ciudad"

Entrevista con José Miguel Martín García, director y organizador del curso de técnica e interpretación para instrumentos de viento y cuerda / Victor Garrido
José Miguel Martín García es profesor de trompeta en el Conservatorio Profesional de Música de Zamora “Miguel Manzano” y lleva desde sus inicios siendo el director y organizador del Curso de Técnica e Interpretación para Instrumentos de Viento y Cuerda cuya trigesimosegunda edición tendrá lugar este año del 2 al 9 de agosto.
¿Cómo se desarrollan las clases en un curso que se ha convertido durante estos años en decano en música de alta especialización?
No hay otro curso de sus características que se lleve realizando tanto tiempo. De hecho, en el periodo de la pandemia apostamos por darle continuidad, y fue un éxito. Es decir, nunca ha dejado de hacerse en estos 32 años. Empezamos con 10 alumnos y ahora estamos en torno a los 100. Es muy completo, y nos centramos en trabajar la técnica y la interpretación. Se imparten clases individuales todos los días, así como clases de técnica y de música de cámara. También hay distintas formaciones, como banda, orquesta sinfónica y Big Band. Apostamos por incluir esta última modalidad porque es una formación interesante para el alumnado, ya que no suele trabajarse en los conservatorios. De esta forma, el alumno puede pasar por todas las modalidades y que vuelva así mejor preparado. Las clases individuales se imparten por la mañana, luego la clase de banda y la de Big Band, y la tarde la dedicamos a la orquesta sinfónica, lo cual es muy enriquecedor para algunos ellos, puesto que no todos tienen la oportunidad de tocar en una orquesta.
¿Qué le diferencia de otras opciones formativas?
Normalmente, los cursos que se imparten a nivel nacional están más enfocados en preparar obras, tipo campamento. Nosotros desarrollamos un sistema de aprendizaje constante con el cual tratamos de motivar a aquellos que no sean capaces de conseguir sus objetivos, dándoles las herramientas oportunas para que puedan conseguir superar lo que les suponga dificultades. Pretendemos que sea una experiencia que les haga sentir satisfechos con su trabajo y con lo que han aprendido. Este año es el segundo consecutivo que contamos con la presencia de un profesor de trombón de la Orquesta de Chicago. El año pasado me dijo que quería volver este año porque, aunque ha realizado cursos en Estados Unidos y en España, considera que no hay ninguno como el nuestro, ya que prestamos especial atención a los alumnos. No se trata de dar clase unas horas solamente, sino que convivimos y compartimos experiencias musicales de todo tipo durante una semana. Trabajamos durante ocho o diez horas diarias, y es sorprendente cómo, al final del día, todavía muchos se ponen a tocar a la hora de la cena, porque están motivados. Ocurre porque hace años decidimos realizar dentro del curso un concurso de música de cámara, que les motiva a trabajar en grupo para ver si consiguen ser los mejores. Pueden alcanzar grandes cosas en muy pocos días gracias a la motivación. Además, las clases individuales que impartimos todos los días suponen una gran diferencia frente a otros cursos. Les enseñamos las herramientas oportunas para que sepan hacer frente a las dificultades que puedan tener durante su formación. Cuando finaliza el curso, mandamos a todos los alumnos un informe detallado y personalizado con todo lo que han trabajado, cómo lo han hecho, y aquello que deben practicar. Muchos padres de los participantes quedan gratamente sorprendidos con esto, lo cual también hace que confíen más en nosotros.
Lo más importante es que la gente aprenda disfrutando
¿Cómo comenzó el proyecto?
Lo fundé junto con mi profesor catedrático del Conservatorio Superior de Madrid, Juan Vicente Aguado. Empezamos en Toro (donde yo estaba dando clase), con el objetivo de ayudar al alumnado: si había un curso accesible allí, no tendrían que gastar dinero para ir a otras ciudades. Comenzamos solo con viento-metal, y en el octavo año ya estaban implantadas las tres modalidades de viento-metal, viento-madera y cuerda. Como el proyecto fue creciendo y en Toro teníamos dificultades en cuanto a espacio, lo trasladamos a Zamora para tener más cabida, y ya llevamos 17 años haciéndolo aquí. En cuanto al profesorado, mantenemos un nivel muy alto y yo creo que de ahí viene el éxito que estamos teniendo.
¿Qué perfil suele tener el alumnado?
Nosotros decimos que el curso crea adicción, porque muchos participantes repiten. Suelen venir desde grados elementales, grados profesionales y superiores, o incluso gente que ya ha terminado su formación, pero que necesitan aún cierta madurez para poder enfrentarse a dar clase. También hay otros que pretenden simplemente poder tocar y disfrutar. Eso es lo más importante, que la gente aprenda disfrutando. Cuando uno disfruta, lógicamente se aprende mucho más, porque se muestra interés.
¿Vienen muchos alumnos de otros lugares?
El 95% son de fuera, mientras que hay un 5% que es de Zamora. De Valencia, que es la cuna de la música, viene mucha gente. Allí hay bandas y conservatorios por todas partes, y muchísimos cursos súper potentes. Pues aun así, sorprendentemente, llega un autobús entero desde Valencia a Zamora. Además, también contamos con alumnos de Estados Unidos, Francia, Portugal y, este año, incluso de Cuba.
Los alumnos pueden alcanzar grandes cosas en muy pocos días gracias a la motivación
¿Ha mejorado el nivel del alumnado desde las primeras ediciones?
Sí, ha mejorado mucho. Por ejemplo, dentro del equipo de profesores, hay dos de ellos que han sido alumnos del curso. Muchos chicos y chicas que han pasado por aquí están a día de hoy en orquestas y conservatorios como grandes profesionales. De lo que se trata la docencia es de enseñar y aportar, para que los demás puedan seguir enseñando y aportando. Es una cadena. Para nosotros eso es muy importante, y nos llena de satisfacción haber podido aportarles algo a su aprendizaje.
¿Qué es imprescindible para quienes quieren dedicarse profesionalmente a la música?
Lo más importante es la constancia. Muchos de los alumnos que vienen en agosto llevan sin coger el instrumento desde principios de junio, y algunos son de primero o segundo de elemental, por lo que acaban de empezar en la música. Al final del primer día, suelen estar súper cansados, pero a medida que avanza la semana, ya son capaces de interpretar obras de gran dificultad. Todo ello gracias a la constancia, que ayuda a cumplir retos. Lo perfecto no es lo mejor. Se aprende más de caerse y levantarse que de hacerlo todo bien desde el principio. Aquel que lo hace genial de forma innata, pero sin saber por qué, no va a tener el aprendizaje de quien sabe cuáles son las dificultades y las supera.
¿De qué forma contribuye el curso a Zamora?
Estamos muy felices de que dé a conocer las virtudes de esta ciudad. Además, se llenan los hoteles de los padres de los alumnos durante un fin de semana, compran productos locales en los comercios, van a los bares, y es una alegría poder aportar a la ciudad también de esa manera. El curso existe gracias al apoyo de varias empresas como Caja Rural, así como del Ayuntamiento de Zamora, de la Cámara de Comercio y de la Diputación de Zamora. Normalmente, la ciudad en agosto está un poco parada, y este proyecto ayuda a darle visibilidad musical. Con iniciativas como esta tratamos desde hace muchos años de que la gente no acuda a Zamora solo por el románico, sino también a escuchar y compartir música. Por ello, agradezco tanto a la Administración como a las empresas que colaboran con nosotros por contribuir para que se pueda seguir realizando esta labor que, de una forma u otra, enriquece a zamoranos y a músicos.
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