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Paulino Gil, creador de las Jornadas Internacionales de Magia de Zamora: “La ambición no es mala, pero sin ego. Todos somos aprendices hasta que morimos”

Es el primer ilusionista de Castilla y León en formar parte de la Real Academia de las Artes Escénicas de España

Paulino Gil

Paulino Gil / José Luis Fernández

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Zamora

Paulino Gil cuenta con una larga trayectoria como ilusionista. A lo largo de su carrera ha dado vida a personajes como Ya-Lipú, inspirado en el teatro kabuki japonés, y Leonardo, el más reciente, basado en el humor gestual. Ha actuado por todo el mundo, acudido a congresos internacionales y trabajado como consultor mágico en más de 170 programas de televisión. Destaca su papel como organizador de numerosos Festivales de Magia, como las Jornadas Internacionales de Magia de Zamora, de las que es creador y director, y que celebrarán su trigésimatercera edición este otoño. Como reconocimiento a su trayectoria, el pasado mes de junio fue nombrado académico de la Real Academia de las Artes Escénicas de España, convirtiéndose en el primer mago de Castilla y León en formar parte de la institución

¿Cómo se siente ahora que forma parte de la Real Academia de las Artes Escénicas de España?

Es un honor y una satisfacción, ya que es el órgano máximo que representa a todas las artes escénicas del país. Estamos hablando de teatro, música, ópera, danza y muchas otras disciplinas. Estar ahí es una responsabilidad, porque los pocos magos que estamos dentro vamos a procurar que el ilusionismo tenga la visibilidad y el reconocimiento que debe tener. Trataré que la magia tenga el lugar que se merece dentro de España, y ahí hay una gran labor que creo que se está logrando, sobre todo gracias al apoyo de los espectadores. 

¿Ha aumentado la representación de ilusionistas en la Real Academia? 

Es muy poca y yo voy a procurar apoyar lo máximo que pueda y sacar lo mejor de la magia. Es importante darle visibilidad, por lo que estamos preparando proyectos con ese fin. Por ahora, estamos dentro de las artes circenses, pero nosotros no somos un derivado del circo. Lo que vamos a hacer primero es procurar tener visibilidad, y ya luego ser reivindicativos.

¿Cuándo empezó su interés por la magia?

Cuando tenía unos 6 años. Me gustaba ver programas de magia en la televisión y jugar a inventar trucos. Nací en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, y tuve la gran suerte de que allí ha habido dos grandes artistas: Julio de Peña, un mago aficionado muy reconocido en España, con el que pude tratar; y, sobre todo, Wences Moreno. Él es una celebridad a nivel mundial, incluso tiene una calle a su nombre en pleno Manhattan. Tener contacto con él despertó en mí muchas cosas.

¿Cómo comenzó a organizar festivales de magia?

Yo empecé a hacer festivales hace 40 años, y no fue por inspiración divina: el primer congreso de magia al que acudí fue en Santander, hace casi 41 años. Entonces, y ahora también, esos congresos eran solo para magos, lo cual no tiene mucho sentido, porque hay mucha gente aficionada que podría ir y, si pudieran ir más personas, también sería una forma de fomentar nuestra disciplina. Cuando vi la gala de aquel congreso, se me ocurrió que si las personas y los programadores culturales veían todo eso, cambiaría su concepto sobre este arte. Siempre ha sido considerada como un arte menor. De esta forma, hicimos el primer Festival de Magia, en Valladolid.

¿Qué le trajo a Zamora? 

Vine por motivos humanos. Trabajaba en Caja Duero, y me trasladaron aquí hace 40 años. Por aquel entonces ya habíamos creado el Festival en Valladolid, y decidí intentarlo también en Zamora. Así surgieron las Jornadas Internacionales de Magia, aunque al principio costó un poco, porque existía mucho desconocimiento sobre la magia.

Los magos que vienen a Zamora son una selección de los mejores del mundo

Paulino Gil

¿Cómo ha sido la evolución del Festival desde las primeras ediciones?

Las primeras jornadas fueron en el Teatro Principal, en Carnaval. Poco a poco fueron evolucionando. Se empezaron a organizar en San Pedro, pero en las décimas jornadas decidimos que queríamos cambiar las fechas a otoño, porque la gente no separaba las jornadas de las propias Fiestas. La idea era que se entendieran como un festival propio. También comenzamos con los espectáculos en la calle, que se recibieron bastante bien. El festival ha ido creciendo desde entonces, y ahora hay muchos apartados. Este año, por ejemplo, como es la trigésimatercera edición, estamos haciendo una exposición con imágenes destacadas de estos 32 años que llevamos a las espaldas. 

¿Los zamoranos valoran las Jornadas Internacionales de Magia como deberían?

Yo creo que sí. Además, también hacemos talleres para que los jóvenes vean el ilusionismo de otra manera, lo cual ayuda a que vean el esfuerzo que supone. La gente en Zamora le tiene un gran cariño al festival, y los magos que vienen también. En ocasiones, alucinan con el público: me dicen que aquí la gente sabe mucho de magia, y que la reciben muy bien. Se está logrando que las personas tengan cierta cultura mágica, lo cual no se trata de que sepan los trucos, sino de que vean la calidad del artista.  Lo que pretendemos en las Jornadas de Magia es que la gente pueda ver diferentes maneras de interpretar y hacer magia en espectáculos de máximo nivel. Los magos que vienen a Zamora son una selección de los mejores del mundo.

Para dedicarse a este arte, la clave es ver mucha magia y, si puede ser, en directo

Paulino Gil

¿Cuál es el momento que más le ha marcado profesionalmente?

Es muy fácil decir lugares: podría decirte el Castillo Mágico de Hollywood, que es la meca de la magia; o estar en el Bamberg Festival en Alemania y actuar para 3.000 espectadores; o estar en la Blackpool Magic Convention, en Portugal, que es mi segunda nación, porque paso mucho tiempo allí. Tengo el honor de ser el asesor de Luis de Matos, una de las mayores celebridades a nivel mágico. Es considerado ahora mismo el más influyente en todo el mundo. Hemos hecho casi cerca de 200 programas de televisión, y eso también ha sido una de las cosas más satisfactorias, no como mago, sino como asesor mágico. Por otro lado, en unos meses saldrá una película de Netflix que se estrenará a nivel mundial en la que he trabajado como asesor mágico. Me llamaron porque el film tiene mucho que ver con el ilusionismo, y la verdad que es mi primera vez haciendo esto en el cine. 

EL MAGO PAULINO GIL EN UN MOMENTO DEL ESPECTACULO CHEQUIN. TEATRO RAMOS CARRION. ESPECTACULO MAGIA

EL MAGO PAULINO GIL EN UN MOMENTO DEL ESPECTACULO CHEQUIN. TEATRO RAMOS CARRION. ESPECTACULO MAGIA / EMILIO FRAILE

¿Quién es la persona que más le ha influido en el mundo de la magia?

No hay una persona en concreto, porque no he tenido maestro. No hay alguien que me haya dicho lo que tengo que hacer o cómo ensayar. He tenido muy buenos amigos en el mundo del ilusionismo, pero no destacaría a una persona en concreto. Respeto todas las opiniones, pero yo prefiero que no haya un maestro, porque en el caso de que lo haya, es fácil resultar siendo una copia. Puedes tenerlo al principio, puedes coger las ideas, pero luego debes tratar de hacer tu propio estilo. Porque si no, al final, no dejas de ser una mala copia del original. A mí lo que más me ha enseñado ha sido ver espectáculos. Para dedicarse a este arte, la clave es ver mucha magia y, si puede ser, en directo. 

¿Qué puede hacer fracasar a un mago? 

Hay que empezar a caminar poco a poco. Muchos artistas, después de un éxito, se han quedado en el olvido, porque les faltaba una base. La ambición no es mala, pero sin ego. En las artes escénicas se nota más el ego que en otras profesiones. Y es que es una tontería basarse en eso, porque a los demás no les importa tu ego. Pensar en lo que eres o no eres, o en cómo se te percibe, solo te va a perjudicar a ti, y no vas a crecer. Todos somos aprendices hasta que morimos. Yo siempre he hecho muchos cursos, para saber más cosas. Por ejemplo, de Inteligencia Artificial, para saber por lo menos de qué trata y cómo usarla. Me gusta mucho también ver charlas. More, uno de los guionistas de José Mota y gran amigo mío, tiene un canal de YouTube con muchas charlas. A mí me encanta, es súper interesante. 

Si uno mismo cree desde el principio que es muy bueno, no va a evolucionar nada

Paulino Gil

Hablando de la IA, ¿cuál es su papel hoy en día en la magia?

Como en todos los sitios, se está introduciendo poco a poco. ¿Por qué no utilizarlo? Es verdad que hay que tener mucho cuidado porque a veces se equivoca, y no puedes creerte todo. Yo la he probado en alguna ocasión para efectos que he estado diseñando, para ver si me puede ayudar a mejorar algo. A veces no me vale para nada, porque no me da sugerencias que puedan servir. Para mí es una opinión más, como cuando le enseño un efecto nuevo a gente de confianza para que me diga su opinión.

Según su opinión, ¿qué diferencia a un buen mago de un mal mago? 

Pues como en todas las profesiones, eso no lo tiene que decir el propio mago, sino que lo tiene que decir el público. Los magos estamos sometidos a lo que se llama “la dictadura del espectador”. Lo que hablábamos del ego: si uno mismo cree desde el principio que es muy bueno, no va a evolucionar nada. Para ser mago, hay que tener cierta humildad porque se mejora a partir de los errores. También es muy importante saber adaptarse al público. Un espectáculo de magia, como una obra de teatro, nunca sale igual dos veces. Depende mucho de cómo sean los espectadores ese día. 

Hablando de errores, ¿hay alguna actuación o alguna experiencia profesional en la que haya aprendido sobre la magia a partir de cometer fallos? 

Hombre, claro. Y el mago que diga que no ha tenido un error en el escenario es que actúa muy poquito (risas). Lo que pasa es que hay que saber disimularlo. Si se trabaja mucho un efecto o un espectáculo, en el momento que ocurra un error, no se va a notar, porque lo tienes estudiado. Una cosa que los magos solemos hacer es tener varios caminos en el caso de que algo no funcione como tiene que funcionar, para salvarlo de otra manera. Es decir, la clave es tener recursos y ensayar sin parar. Y todas las cosas hay que verlas en el escenario, porque el mago a veces tiene un criterio diferente al espectador. A mí me ha pasado muchas veces que lo que más sorprende al público es lo que menos podría esperar.

Lo maravilloso es conseguir que lo más complicado parezca sencillo a ojos del espectador

Paulino Gil

¿Qué opina del secretismo que caracteriza a la magia?

Estoy dentro de un pequeño grupo de gente que considera que la gente debería saber parte del secreto, es decir, determinadas maneras de hacer trucos. Así, verían la dificultad de la magia, y la valorarían más. No digo que todo el mundo deba conocer todos sus secretos, porque a lo mejor pasaríamos de crear ilusiones a crear desilusiones (risas). Es cierto que la magia cada vez es más asequible, ya que hay muchos talleres en los que se trabajan ciertos trucos, y eso me parece algo positivo. 

¿Cuál es el efecto más difícil que sabe hacer?

Considero que, desde el punto de vista del espectador, todos los efectos tienen que parecer sencillos. René Lavand, un mago argentino al que le faltaba un brazo, fue uno de los grandes maestros de la magia, sobre todo de la cartomagia. Lo que más le caracterizaba era que recitaba poemas a la vez que hacía trucos y, mientras tanto, parecía que no le costaba. Lo importante, por tanto, es la sencillez, no la simpleza. Lo maravilloso es conseguir que lo más complicado parezca sencillo a ojos del espectador.

En la magia, ¿qué emociones se busca en el público? 

La clave está en tratar de crear ilusiones. Lo más bonito de esta disciplina es cuando la gente se queda alucinada con los trucos que haces. Una de las denominaciones que más me gusta de esta disciplina es “el arte de hacer posible lo imposible”, y eso se hace creando una ilusión, un sentimiento. 

¿Cómo ve el futuro de la magia? ¿Hay muchos jóvenes ilusionistas?

Por supuesto, hay mucha gente llena de ilusión que está aprendiendo hoy en día. También hay personas que, a través de las redes sociales, se informan y aprenden muchas cosas sobre ilusionismo. En resumen, hay muchos jóvenes, y cada vez más mujeres, que están iniciándose y están interesados en la magia, bien como profesión, como alternancia con otro arte o, mismamente, como hobby.

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