Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Verano Joven

La colmena donde reina el equipo: los menores de Zamora descubren la vida secreta de las abejas

Manualidades, experimentos, degustaciones y realidad virtual acercan a los participantes al fascinante universo de estos polinizadores. Actividades en las que han aprendido que, al igual que en una colmena, lo más importante es que cada uno aporte siempre lo mejor de sí mismo.

Una niña con un traje de apicultor durante el taller en La Alhóndiga.

Una niña con un traje de apicultor durante el taller en La Alhóndiga. / Alba Prieto

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zamora

"Ofrecer el máximo de tu valor para crecer como sociedad". Ese es el zumbido clave de la particular colmena que estos días se ha creado en La Alhóndiga. "A uno les toca ser la reina y a otros las obreras, que puede ser limpiadoras, nodrizas...", explica el apicultor Raúl Sánchez. Distintos roles que han asumido los menores participantes en el taller "Explorando la vida secreta de las abejas", una de las actividades del programa Verano Joven 2026, que promueve la concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Zamora.

"Se trata de inculcarles los valores de la colmena. Que sepan que les toque lo que les toque ser en la vida, lo importante es que cada uno aporte lo mejor de sí, que al final es lo que hacen las abejas", detalla el fundador de El Bosque de Helí, un proyecto apícola, de ecoturismo y de educación ambiental emplazado en Bermillo de Sayago.

Los participantes elaborando cremas de lavanda. | ALBA PRIETO

Los participantes elaborando cremas de lavanda. / Alba Prieto

Viendo, tocando y experimentando, los niños y niñas, de entre 5 y 12 años, se han acercado al fascinante mundo de estos polinizadores. Desde observar una colmena con abejas reales hasta elaborar velas con cera natural, fabricar telas enceradas reutilizables o preparar una crema de lavanda, cada jornada ha tenido una propuesta diferente con el objetivo de descubrir cómo viven las abejas y por qué son imprescindibles para el planeta.

El recorrido comienza con una colmena de observación y una explicación sobre la reina, los zánganos y las obreras. Después llegan las degustaciones de miel y jalea real para oler por primera vez el propóleo. Activado el "modo abeja" cada uno asume una función dentro del panal para trabajar con los productos de la colmena.

Varias niñas realizan manualidades.  | ALBA PRIETO

Una de las menores con las gafas de realidad virtual. / Alba Prieto

Actividades que van desde fabricar velas mediante la antigua técnica de inmersión, diseñar flores y abejas para descubrir el proceso de polinización o elaborar telas enceradas, "envoltorios naturales tratados con una mezcla de cera de abeja, resina y aceites vegetales con los que les queremos dar a conocer que es la economía circular y lo importante que es no generar tantos residuos", expone Sánchez. Y, como broche final, la elaboración de una crema de lavanda con aceite y cera de abeja.

Experiencia que se ha extendido más allá de La Alhóndiga con una visita virtual al colmenar del apicultor gracias a unas gafas de realidad virtual y un vídeo grabado en 360 grados. Viaje que ha despertado la curiosidad de los menores. "Me gustó mucho ver el panal con las abejas dentro. No me lo imaginaba así", cuenta Lucía, de 9 años. "Me ha gustado todo", afirma entre risas Eire, también de 9 años, antes de desvelar que incluso se hizo "amiga de una abeja". Para Alba de 8 años, lo mejor ha sido la elaboración de velas por inmersión, técnica artesanal que explica al detalle mientras va enfundada en un traje de apicultor.

Una de las menores con las gafas de realidad virtual. | ALBA PRIETO

Varias niñas realizan manualidades. / Alba Prieto

"Son muy curiosos. Lo que más les gusta es aprender haciendo cosas y la realidad virtual les ha sorprendido muchísimo", asegura la monitora de la actividad Coral Moralejo, quien destaca las ganas de aprender que han mostrado todos los participantes. Asombro que también les ha provocado ver con sus propios ojos las abejas negras del apicultor zamorano. "Tenemos la idea de que la abeja es más amarillita, pero estas son negras porque es la raza autóctona de la Península ibérica y son más pequeñitas y negras", dice Sánchez.

Cinco días de manualidades y experimentos en La Alhóndiga de Zamora tras los que todos se han ido a casa con la mochila llena de mucho más que dibujos, velas o cremas hechas por ellos mismos, el aprendizaje de que, al igual que en una colmena, una sociedad funciona mejor cuando cada persona aporta lo mejor de sí misma.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents