Voluntarios mayores de 65 años, el motor que mantiene Zamora a flote: "¿Qué íbamos a hacer si no? ¿Estar en casa viendo la tele?"
Voluntarios de la Cruz Roja de Zamora como Lola Salrá, Vicky Bailón, Isidoro Martín y Pilar Martín destacan la satisfacción personal y el aprendizaje mutuo que experimentan al ayudar a personas mayores: "Aunque tengamos la idea de que venimos a ayudar, la realidad es que te vas a casa más contento que ellos"

Vicky y Lola, voluntarias mayores de 65 años en la Cruz Roja de Zamora / Lucas Anta
Lola Salrá Sánchez lleva 10 años jubilada y 3 de voluntaria. Ha sido enfermera durante más de 30 años. Cuenta que se hizo voluntaria porque le gusta ayudar a los demás, y porque ve que necesitan cosas que ella les puede dar. “También merece la pena por ti mismo, porque aunque tengamos la idea de que venimos a ayudar, la realidad es que te vas a casa más contento que ellos”, defiende.
Las personas mayores de 65 años forman el grupo con la presencia más elevada en el voluntariado en España, según el Observatorio del Voluntariado. Su participación se concentra en aquellas actividades que tengan que ver con el ámbito social, el ocio y tiempo libre y el comunitario. Además, forman el sector de la población con más fidelidad y continuidad dentro del voluntariado.
La principal razón por la que no hay más voluntarios, según el informe de 2025 del Observatorio del Voluntariado, es por la falta de tiempo disponible en el día a día. La disponibilidad puede ser un factor por el que las personas mayores se involucran tanto en esta labor. En 2024, las personas mayores de 65 llegaron a constituir el 22,6% de los voluntarios totales del país. En las ocasiones en las que no participan, suele ser por cargas familiares, limitaciones físicas o problemas de salud.
Según el informe de Personas Mayores y Voluntariado: Un Estudio Comparativo sobre los Beneficios de esta Práctica, realizado en 2025 por la Plataforma del Voluntariado de España, dicha actividad puede suponer una forma efectiva de reducir la soledad de las personas de avanzada edad.
El informe analiza las diferencias en cuanto al bienestar personal entre las personas mayores voluntarias y las no voluntarias. La conclusión es que aquellos que participan en este tipo de actividades experimentan un mayor bienestar en cuanto a salud y a satisfacción con la vida, además de un número más elevado de emociones agradables frente a las negativas.
Además, cabe añadir que las experiencias vitales que experimentan las personas de avanzada edad a lo largo de su vida les permiten desarrollar una mayor capacidad para afrontar los problemas. De esta forma, es probable que fortalezcan características como la resiliencia o la autoeficacia, siendo también conscientes de sus propias limitaciones. Dichos recursos, entre otros, son muy beneficiosos a la hora de realizar voluntariado, según argumenta el informe de la Plataforma del Voluntariado.
Las experiencias de los voluntarios mayores de 65 años de la Cruz Roja de Zamora
Aunque Vicky Bailón Hernández lo resume con menos palabras: “Es un gusanito que se mete dentro. Llega a ser una necesidad, prácticamente, porque engancha mucho”, admite esta voluntaria desde hace cuatro años. Su actividad principal es en el grupo llamado ‘Respiro’: “Allí hacemos de todo”. Hay tanto juegos de memoria como bailes, actividades musicales y excursiones. La última salida que hicieron fue a Las Edades del Hombre en la Catedral de Zamora.

Lola y Vicky, voluntarias de la Cruz Roja / Lucas Anta
Vicky comparte uno de los muchos juegos que hacen: Zamoreando. Se trata de reconocer calles y edificios de la ciudad a través de imágenes, y la gente puede contar sus historias y conocimientos sobre ellos, porque muchos recuerdan cómo eran antes. Este tipo de juegos les ayudan a comentar la vida de todos para conocerse mejor y compartir experiencias.
“Cualquier cosa que haces por ellos les parece maravillosa. El hecho de que les preguntes cómo están o que estés pendiente de ellos, eso lo valoran mucho”, comparte Vicky. Comentan cómo los mayores a los que ayudan les dan valor a las cosas pequeñas: un abrazo, acordarse de su nombre, o de que fueron al médico y preguntarles qué tal allí.
“Cuando llegue a su edad, me gustaría ser como ellos”, comenta Isidoro Martín, que lleva siendo voluntario de la Cruz Roja desde que se jubiló en la pandemia.
Con emoción, admite que no tiene palabras para expresar lo que le transmiten las personas a las que ayuda. “Se ve cómo la gente mayor ha luchado para dejar lo que tenemos ahora. Yo estoy muy satisfecho, y ves la vida en un futuro de otra manera: lo pacientes que son, lo emotivo que es todo”. Comenta la fuerza de voluntad que tienen algunas personas.

Isidoro, voluntario de la Cruz Roja / Lucas Anta
Isidoro explica su labor en la organización como voluntario conductor. Va a varios puntos de Zamora a recoger a “sus chicas”, como se refiere a ellas entre risas y cariño, las lleva a los talleres, y después las vuelve a traer. También acude a algunos pueblos a trasladar a quien necesite ir al médico.
“Hay gente muy agradecida. Son encantadores”. Comenta cómo a veces le invitan a pasar a sus casas y le ofrecen lo que necesite. “Te hablan con toda confianza. Yo me encuentro muy a gusto con ellas y aprendes muchas cosas como, por ejemplo, a escuchar a los demás”. Reconoce estar muy contento, sobre todo por la satisfacción personal que le da.
Él cuenta que cuando se jubiló ya tenía la inquietud de comenzar como voluntario. Ya se hacía a la idea de cómo era, por lo que le habían comentado personas que conocía. Además, siempre ha trabajado detrás del mostrador, en una farmacia. Con lo cual, se ha relacionado mucho con gente mayor a lo largo de su vida. “A veces parecía un confesionario cuando iban a la farmacia, y me gustaba hablar con ellos y ayudarles”.
“Han tenido unas vidas excepcionales. Muchos han vivido durante toda su vida en pueblos, y a veces no han podido ir a la escuela. Algunos han tenido vidas muy duras, cada uno por unas cosas o por otras. Son muy valientes”, explica Vicky sobre las personas mayores que acuden a los talleres.
Lola admite que los admira mucho a todos ellos. Cree que saben mucho más de lo que la gente espera. “Se aprende mucho de ellos. Muchas veces en las capitales no se tiene ese mismo ‘saber vivir’ de las personas de los pueblos. Y eso se ve por la experiencia que tienen, no por la educación”.
Notan mucho la diferencia entre los pueblos y la ciudad. En los sitios pequeños, la gente está más conectada con los demás que en las grandes localidades. “El problema que tenemos en la Cruz Roja es que, si hay que ir a muchos pueblos, no somos bastantes”, comentan los voluntarios con pesar.
Ahora mismo, algunos de ellos están aprendiendo a usar las máquinas de los parques biosaludables, para poder enseñar a otras personas a manejarlas. Se debe a que, en algunos pueblos, muchos tienen miedo de usarlas, además de que existe riesgo de lesión si se utilizan mal.

Isidoro, Vicky y Lola, voluntarios de la Cruz Roja / Lucas Anta
Las ventajas de los mayores de 65 a la hora de ser voluntarios
Vicky comenta que, como la mayoría ya está jubilada, tienen mucho más tiempo libre. “Tenemos la vida hecha, ya no tenemos que pensar en el trabajo”.
Lola, por otro lado, reconoce que alguien con más experiencia vital no puede compararse con alguien que acaba de empezar a valerse por sí mismo. “Es cierto que, desde mi punto de vista, al haber sido sanitaria y sobre todo en pueblos, me veo reforzada en ese sentido”.
“Nos es muy fácil entender a la gente mayor, porque también somos mayores. A los jóvenes, aunque a veces es difícil, tratamos de entenderlos”, comenta Vicky entre risas.
¿Por qué hacerse voluntario?
“Es muy valiosa esa sensación de irte a casa diciendo: ‘Pero si yo no he hecho nada. Yo me he sentado ahí y te he escuchado’”, admite Pilar Martín. Ella se define como voluntaria todoterreno y cuenta que, aunque su actividad fundamental es la de acompañar a los mayores en los paseos diarios, a lo cual solo falta por causas de fuerza mayor, ella hace una especie de “remix”, ya que participa en muchas actividades, por lo que es un poco “voluntaria comodín”. Lleva 13 años siendo voluntaria en la Cruz Roja, y cuando le preguntan por qué lo hace, ella responde de forma genuina: “Porque me lo paso bien”.
Como ha tenido dos años de parón, cuenta que mucha gente que iba con ella a dar paseos ya no puede ir por razones de salud pero que, cuando la ven, están muy agradecidos y se alegran mucho de verla, aunque hayan pasado años. “Y luego yo digo, ‘pues si no hice tanto por ellos, ¿por qué me quieren así?’ Y es muy satisfactorio cuando ocurre eso”.

Pilar, voluntaria de la Cruz Roja / Lucas Anta
Los mayores, lo que más valoran es la atención: “Con un pelín de atención ya te los has ganado. Sentarte a su lado y hablar de lo que sea, de lo que les apetezca hablar ese día”, explica Pilar.
Comparte una anécdota que le enseñó mucho sobre ser voluntaria: “Cuando empecé, un día había nevado y tenía paseo. Pensé que se suspendería, pero me dije: ‘ve por si acaso’. Y bueno, allí estaban todos”, dice entre risas. “Aprendí que, aunque se suspenda el paseo, lo mejor que puedes hacer ese día es ir. Porque aunque se cancele, alguien va a estar allí igualmente”.
Luis Huete, responsable de los programas para personas mayores de la Cruz Roja, cuenta que los participantes suelen ser personas muy receptivas, y establecen muchos vínculos entre ellos. “Vienen con muchas ganas”.
Comentan también lo importante que es la relación entre los propios voluntarios. Admiten que, incluso aunque no se conozcan demasiado, saben que siempre pueden contar los unos con los otros. “El gran éxito de la Cruz Roja somos los voluntarios”.
“Tan pronto se ponen a cantar y a hacer actividades musicales como se van de excursión”, comenta Luis Huete con cariño y entre risas. “Son muy buenas personas y excelentes voluntarios, porque son muy constantes”. Admite que cuanto llama a alguno para cubrir una actividad, sabe que van a decir que sí, salvo que tengan causas “de vida o muerte”.
Entre ellos cuentan con cariño anécdotas sobre voluntarios y participantes. Pilar comparte una de sus muchas historias, la de una de las chapas que lleva con orgullo en su chaleco de la Cruz Roja. Se lo dio María Elena, una antigua voluntaria. “A cualquiera de los veteranos de la organización que preguntéis por ella, la conoce. Abría y cerraba la sede, solo le faltaba dormir aquí. Ella podía hacer poco, porque ya era muy mayor, pero todo lo que podía hacer, lo hacía”, comenta con emoción.

Chapa en el chaleco de la Cruz Roja de Pilar Martín, voluntaria / Lucas Anta
También explica lo esencial que es la relación entre voluntarios y participantes en las actividades. “Nos ayudamos mutuamente. Es una simbiosis”. Mientras los participantes tienen que hacer una actividad a la que se han comprometido a ir, los voluntarios también, aunque sea desde posiciones diferentes. “A todos nos supone un esfuerzo, pero cuando vuelves a casa te has ayudado a ti mismo también, no solo a los demás. Y eso es muy importante”.
“Porque, además, yo muchas veces digo: ‘Si no estuviera haciendo voluntariado de la Cruz Roja, ¿qué estaría haciendo con este tiempo? ¿Ver la tele? ¿Cuál es la alternativa a este tiempo que paso aquí?’ Venir aquí merece mucho más la pena. Nada me va a dar una satisfacción como la que me da esto”, comparte Pilar.
Vicky cree que lo que echa para atrás a mucha gente a la hora de hacerse voluntario es el compromiso, pero entre todos tienen claro que nadie les obliga a venir. “Si puedes, vienes. Si no, nadie te va a decir nada. Si vienes un día, maravilloso. Si vienes seis, fantástico”. Algunos de los voluntarios no pueden acudir siempre, incluso a veces se ausentan una temporada por problemas de salud. “Nos pasa a todos, no pasa nada”, admite Isidoro.
“Que la gente se anime a hacerse voluntaria, solo me queda decir eso”, concluye él. Entre paseos, talleres, conversaciones y kilómetros recorridos para ayudar a quien lo necesita, todos ellos coinciden en una cosa: brindar ayuda también es recibir. Significa hallar un propósito y una comunidad en la que poder apoyarse, tanto para participantes como voluntarios. El voluntariado deja la certeza de que, a cualquier edad, todo el mundo tiene siempre algo valioso que aportar.

Reportaje voluntariado mayores de 65 años / Lucas Anta
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