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Viajes

De Zamora a Noruega, solo con su moto de gran cilindrada: la quinta aventura de un amante de las dos ruedas se aproxima al punto más lejano, a 3.500 kilómetros de distancia de Arcenillas

En su BMW como única compañía, con un dron y su cámara de móvil de testigos, el zamorano Alejandro Moralejo viaja durante 17 días por el continente, en una ruta vacacional de cientos de kilómetros diarios que es la envidia de cualquier aficionado a las dos ruedas. Es su quinto verano recorriendo Europa de esa forma.

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Zamora

Es su quinta aventura, solo con su BMW K-1.600 recorriendo carreteras del viejo continente como fórmula vacacional. Todo comenzó con un primer viaje a Cabo Norte en 2022, en el que por casualidad viajó solo. Al verano siguiente utilizó el mismo sistema para recorrer Portugal de norte a sur; en 2024 se adentró en los Balcanes con su moto de 1.600 centímetros cúbicos como única compañía y el año pasado estuvo en las repúblicas bálticas.

El de 2026 es el viaje que cierra el círculo, con el que regresa a Noruega, para explorar esta vez el sur del país nórdico, algunos de sus glaciares y hacer su parada más lejana a unos 3.500 kilómetros de Zamora.

Alejandro Moralejo, zamorano residente en Arcenillas y de ascendencia alistana, está inmerso estos días en su viaje vacacional de dos ruedas, que muestra a través de sus estados de Whatsapp a su mujer e hijos, al resto de la familia y amigos y del que deja constancia en fotos y vídeos tomados con la cámara de su móvil y con un dron.

Este viernes, una semana después de partir de Zamora, se encuentra ya en el país nórdico que tiene como meta tras haber parado la primera noche en Monte Saint-Michel, en Normandía, y desde Francia pasar después por Bélgica y Países Bajos, por ciudades históricas y conocidas como Brujas, Bruselas, Gante, Lovaina, Róterdam, La Haya o Amsterdam y visitar también pequeños pueblos y zonas rurales con molinos o canales.

En la última semana también ha tenido de cruzar la frontera alemana, adentrarse después en Dinamarca, para detenerse en el norte del país y embarcarse en un ferry hasta Noruega. «Ya había visto los fiordos, pero esto es espectacular porque tienes montañas más grandes y también mucho fiordo, el jueves recorrí una carretera espectacular, de las más peligrosas, en Lysefjord, donde bajas de los 900 metros al nivel del mar en una ladera de no sé cuantas curvas, pero es una locura», explica a este diario de su actual viaje.

Gasolina

Sobre la gasolina, confiesa que en el país nórdico en ocasiones le resulta dificultoso encontrar estaciones de servicio para repostar cuando circula por carreteras secundarias. Incluso en alguna ocasión ha parado, sin poder repostar, porque era una electrolinera sin surtidores de gasolina, por lo que estos días procura no apurar más de medio depósito antes de volver a llenarlo de combustible. También el precio se nota, ya que desde que cruzó a Holanda no ha encontrado repostajes por menos de 2,30 o 2,40 euros el litro, y el récord lo tuvo en Dinamarca, cuando pagó hasta 2,60 euros, casi el doble de lo que cuesta en las más baratas de Zamora.

Su hoja de ruta del viernes incluyó una zona de cascadas y la de este fin de semana transcurre por el interior de Noruega y después por una zona de glaciares, por la carretera de los trols, para luego acercarse al Atlántico y seguir hasta Oslo. El periplo continuará hasta el día 19 de julio e incluirá también en el regreso paradas en las capitales danesa y alemana o en la ciudad francesa de Orleans. Al final del viaje, cuando regrese a Arcenillas, el cuentakilómetros de su moto BMW marcará unos 11.000 kilómetros más que al partir.

1 | ALEJANDRO MORALEJO

La moto, en un ferry en Noruega. / Alejandro Moralejo

El hecho de que sea su quinta aventura de este tipo le permite tener más experiencia a la hora de elegir dónde parar, qué ver o cómo hacer las cosas para «no ir tan preocupado de tener todo organizado, sino disfrutando más».

Equipaje

En el viaje alterna campings y hoteles, en una de sus maletas laterales lleva un kit antipinchazos, una funda para la moto, aceite y lo básico por si sufre una avería en el trayecto. En la otra ropa. En un macuto trasero, algo de ropa, agua y comida y en el baúl trasero cámaras, cables, un dron y un portátil. Viajar en solitario le permite no depender de nadie. "Paras donde quieras y te apetezca, te levantas y te acuestas cuando quieres y siempre encuentras alguien con el que entablas conversación por el camino chapurreando inglés, diez minutos, una hora o dos horas", comenta.

Moralejo recomienda a cualquier amante de la conducción en moto vivir una experiencia como la suya, aunque los primeros días pueda resultar algo dura psicológicamente y al inicio de cada etapa también puedan surgir dudas, «pero después te pones el traje y cuando arrancas la moto se te pasa todo», admite.

La pasión por las dos ruedas lo cura todo.

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