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La Oportunidad de Zamora: la "monumental becerrada" que buscaba nuevos talentos del toreo

Mañana, 10 de julio, se cumple el 61º aniversario de la única novillada de este tipo que hubo en la provincia, en la que torearon los entonces mejores alumnos de la Escuela Taurina que Manuel Martínez Molinero dirigía en la capital y de la que el director de lidia aquella tarde fue Antonio Chenel "Antoñete"

Paseíllo de la Novillada de la Oportunidad en la plaza de toros de Zamora. | CEDIDA (ARCHIVO)

Paseíllo de la Novillada de la Oportunidad en la plaza de toros de Zamora. | CEDIDA (ARCHIVO)

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Como aquella "La Oportunidad" en la plaza de toros de Vista Alegre (Madrid), que llegó a ser más célebre, aunque fue prácticamente coetánea, Zamora también tuvo en la década de los 60 su Novillada de la Oportunidad.

Concretamente, fue el 10 de julio de 1965, de lo que mañana se cumplirán 61 años, cuando la plaza de toros de Zamora acogió esta "Monumental Becerrada", como anunciaba el cartel.

En ella participaron varios de los alumnos de la escuela taurina de Zamora, que había fundado y dirigía Manuel Martínez Molinero. Actuaron en el festejo los más aventajados, según el criterio del propio director. Aunque el cartel anunciado inicialmente sufrió una modificación en cuanto a los actuantes debido a la edad de uno de ellos.

Felipe Alejandre "Patata" recuerda que, habiendo sido el segundo alumno que se apuntó a la escuela taurina zamorana, junto con Ángel Pascual Mezquita, más adelante, la dejó porque "llegó un momento que me cansé, venían las fiestas de los pueblos, que había toros y yo me iba y no iba a la escuela". Pero, cuando Alejandre se enteró de la oportunidad que se les daría a los alumnos, volvió enseguida a la escuela "y Molinero me admitió rápido, pero, cuando fue a hacer los carteles, dijo: mira, Felipe, tú estás de los primeros para torear, pero no puedo hacer de menos a los otros".

"Entonces, a los que destacábamos un poco, nos ponía de banderilleros para que te fueras haciendo al novillo, a la plaza, al capote y a todo", recuerda "Patata".

"Cuál fue la sorpresa" el día de la novillada que, en el apartado por la mañana, "fuimos todos tan contentos y se asoma Molinero al patio de cuadrillas y me dice; Felipe, ven acá, vas a matar el novillo esta tarde".

Cartel de la Oportunidad del año 1965. | CEDIDA

Cartel de la Novillada de la Oportunidad del 10 de julio de 1965. / CEDIDA

La razón era que a uno de los alumnos inicialmente anunciados, Domingo Villarejo, le faltaban unos meses para cumplirlos 16 años y por eso no podía torear. "Y yo los había cumplido dos meses antes", rememora Felipe Alejandre, que, finalmente, pudo enfundarse el traje de luces —blanco y plata— que los alumnos habían alquilado en la sastrería de la Maestra Nati.

"Fue la primera vez que yo fui a Madrid y los demás, igual. Fuimos en el tren por la mañana y vinimos por la noche. Pues tú te imaginas qué ilusión allí, probándonos todos los vestidos", recuerda Alejandre. "Yo lo tuve expuesto en mi barrio ocho días en una silla en el escaparate de una droguería por hacer publicidad para que la gente fuera a los toros", cuenta.

Llegado el día, y con Antonio Chenel "Antoñete" como director de lidia de la Oportunidad, Felipe Alejandre cortó dos orejas. Y el otro trofeo que se cortó lo hizo Pascual Mezquita, que después llegó a tomar la alternativa como matador de toros.

Por eso, la empresa que entonces gestionaba el coso zamorano, González Vera, los repitió a ambos en la segunda y última Novillada de la Oportunidad que hubo en Zamora, a las dos semanas. El 24 de julio volvieron a torear ambos y los alumnos de la escuela que no lo hicieron la primera tarde. El resto, en uno y otro festejo, actuaron como banderilleros.

El cartel de la primera tarde lo completaron Fernando García y Juan Moreno "Peresque", y se lidiaron cuatro erales de Gabriel García Sánchez.

La tarde del 24 de julio, con reses de la misma ganadería, torearon, además de Alejandre y Pascual Mezquita, Ramón Moreno "Peresque II" y Félix López "El Regio", que después también llegó a ser matador de toros.

La organización de los dos festejos corrió a cargo de la empresa González Vera que, además, pagó el alquiler de los trajes de luces de los novilleros "y nos regaló la camisa, que era una camisa de chorreras, y las zapatillas y las medias para que nos quedáramos con ellas".

Pascual Mezquita recuerda aquella como "una tarde muy esperada, pero también con mucha incertidumbre porque era la primera vez que salíamos a una plaza delante de un novillo y delante de un público, éramos muy noveles y, claro, no es que resolviéramos del todo como nos hubiera gustado, pero la gente salió contenta y se volvió a repetir".

Además, destaca una anécdota con Camuñas, el mozo de espadas de Antoñete. "No teníamos ni idea de vestirnos de torero, era la primera vez y el único que nos ayudó fue él y, claro, dijo que en su vida se había visto en otra de tener que vestir a tantos toreros".

Y así, los alumnos de la única escuela taurina que había en ese momento en España tuvieron también su oportunidad de demostrar que querían ser toreros.

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