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Iglesia

Miguel Ángel Conejo Gutiérrez y José Ramón Pérez, nuevos diáconos permanentes de Zamora

Trabajarán en el medio rural y con su ordenación la diócesis suma cinco

Los diáconos permanentes en el suelo durante la celebración de su ordenación.

Los diáconos permanentes en el suelo durante la celebración de su ordenación. / Diócesis de Zamora

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Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

Zamora

Miguel Ángel Conejo Gutiérrez y José Ramón Pérez han sido ordenados diáconos permanentes en una celebración desarrollada el día de San Pedro en la iglesia de Cristo Rey y presidida por el obispo de Zamora, Fernando Valera.

Cristo Rey y San Lázaro han sido comunidades de referencia en este proceso. Además, en la experiencia pastoral que precede a la ordenación de Miguel Ángel y José Ramón ocupa un lugar especial la celebración de la Palabra en pueblos, especialmente marcados por el envejecimiento, la soledad y la dispersión, donde “este servicio permite mantener vivo el vínculo eclesial, acompañar la fe de las personas mayores y recordar que ninguna comunidad queda al margen de la vida de la Iglesia” señalan desde la Diócesis de Zamora que confirman que será en las zonas rurales donde trabajarán.

Un momento de la ordenación.

Un momento de la ordenación. / Diócesis de Zamora

Con esta dos nuevas ordenaciones el territorio diocesano de Zamora ya cuenta con cinco diáconos permanentes, una figura que forma parte de la Iglesia desde mucho tiempo pero que no se había utilizado en tiempos contemporáneos en la Diócesis de Zamora hasta la llegada de monseñor Valera.

Diaconado

El diaconado permanente es uno de los tres grados del sacramento del Orden, junto al episcopado y el presbiterado. Quienes reciben este ministerio son ordenados para el servicio del Pueblo de Dios en la Palabra, la liturgia y la caridad, siempre en comunión con el obispo y los presbíteros.

Aspecto que presentaba el templo.

Aspecto que presentaba el templo. / Diócesis de Zamora

En la realidad concreta de Zamora, el diaconado permanente adquiere una dimensión especialmente significativa. No sustituye al ministerio de los sacerdotes, sino que lo complementa desde una vocación específica de servicio, cercana a la vida ordinaria de las personas y atenta a las necesidades reales de las comunidades.

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