Taller formativo
El colectivo LGTBIQ+ urge leyes para erradicr la violencia intragénero
Kuza denuncia la falta de herramientas para proteger a la víctima, de medios para garantizar su integridad, acompañarla y eliminar el miedo a contarlo

Integrantes del colectivo LGTBIQ+ escuchan a Alicia Ramos en el taller organizado por KUZA. / VÍCTOR GARRIDO
La marginación social, institucional y legislativa que la sociedad patriarcal ejerce sobre el colectivo LGTBIQ+ mantiene a las personas que lo conforman totalmente desprotegidas de los riesgos no solo homófobos, sin recursos y estrategias que les blinde frente a la violencia física y psicológica por parte de sus parejas, denunciaba en Zamora la mediadora social, estudiosa y experta en violencia intragénero, Alicia Ramos.
El camino a recorrer se presenta difícil, explicaba durante la impartición del taller sobre este grave problema "Nombrando lo invisible" organizado por la Asociación KUZA. Una travesía que apenas se ha iniciado, sin estudios, ni recursos, salvo el teléfono gratuito 028 "que el Ministerio de Igualdad puso en marcha porque mucha gente del colectivo llamaba para denunciar estas situaciones al 016", el que asiste y ayuda a las mujeres víctima de violencia de género.

Un momento de la charla sobre los tipos de violencias. / VÍCTOR GARRIDO
La formación ofrecida por Alicia Ramos para identificar esas conductas que también sufren integrantes del colectivo abrió un debate intenso entre los zamoranos y las zamoranas que acudieron, quienes admitían las dificultades para reconocer esas situaciones, para contarlas a su entorno y para denunciarlas. Las barreras sociales, el silenciamiento y el malrato social que les ha mantenido "en el armario" durante siglos está detrás de "la vergüenza", en algunos casos, o el miedo a la incomprensión.
Miedo a denunciar por el reproche social
Las personas presentes en el taller y la propia experta apuntaban la frustración por caer en manos de un violento o una violenta dentro de la pareja y el miedo al reproche tras haber tenido que salvar tantas dificultades para mostrar su sexualidad y vivirla abiertamente. La huella dolorosa de las consecuencias de dar ese gran paso adelante ante la familia, los amigos y el entorno más cercano constituye una barrera psicológica para reconocer que están siendo víctimas de violencia psicológica, la más frecuente en el colectivo, y/o física por parte de la persona que han elegido para compartir su vida.
El temor a esa coletilla de "con lo que has pasado y para qué..." es palpable, coincidían las personas asistentes al taller, a la constatación de una falta de empatía absoluta, además de dejar constancia de que la sociedad patriarcal sigue al acecho para tirar por tierra cualquier atisbo de avance en derechos del colectivo. "Hay mucha resistencia a denunciar la situación y mucho tabú en la propia comunidad", agrega. Conclusión, "de denunciar, olvídate".

La mediadora social y experta en la materia rodeada por los participantes en la actividad. / VÍCTOR GARRIDO
Existe una creencia extendida dentro del colectivo de que no se pueden desarrollar violencias en parejas del mismo sexo, pero "no estamos libres de sufrirla". La experta quiso aliviar ese peso al explicar que "en el momento que existe una relación y se consolida hay una posibilidad de que se desarrolle esa violencia intragénero, no por el hecho de pertenecer al colectivo LGTIQ+, por ser personas del mismo sexo esa posibilidad desaparece".
El desinterés social y del Estado por estas situaciones se refleja con la falta absoluta de estudios, "no hay datos ni estadísticas suficientes para realizar un estudio en profundidad. Se hizo un estudio en 2017 y no se ha actualizado". Tampoco se han generado espacios donde abordar este problema social, comentarlo, una estructura institucional, de las distintas administraciones, para que la víctima pueda recibir asesoramiento legal, apoyo psicológico, ni formación para que en las comisarías de policía o los cuarteles de la Guardia Civil, en los juzgados, se atienda adecuadamente a las personas LGTBIQ+ que deciden pedir ayuda, denunciar.
Una Ley Integral de la Libertad Sexual sin desarrollar
La Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual elaborada con Irene Montero como ministra de Igualdad perdió enseguida su nombre para apodarse como Ley del Solo sí es Sí o reducida a la Ley Trans con sus respectivas polémicas que frenaron el desarrollo de la parte que debía contemplar medidas para el colectivo LGTBIQ+, un vacío que ha dejado a estas personas fuera del sistema de protección y a sus problemas de maltrato dentro de las relaciones sexo-afectivas englobados en el cajón de sastre de "violencia doméstica". Este desregularización conlleva la enexistencia de partidas en los presupuestos para desarrollar los mecanismos de protección, asesoramiento y ayuda legal y psicológica de la que sí gonzan las mujeres heterosexuales, un logro del colectivo feminista al que Alicia Ramos reconoce la lucha que también ha traído consecuencias positivas para abrir horizontes más igualitarios en esta sociedad construida sobre el patriarcado.
Sobre este último aspecto, la denominada violencia intragénero, la estudiosa y experta puso realizó una radiografía de este comportamiento de control, sometimiento, humillación, aislamiento, anulación de la pareja, maltrato psicológico y también físico que no sigue exactamente los mismos parámetros que la violencia machista, aunque sí tiene las mismas fases que se dividen en seducción y enamoramiento que da paso a episodios de tensión que van creciendo a medida que avanza la relación y la persona que ejerce el maltrato ejerce el papel de dominio y control sobre la otra para ir dándole migajas de amor, las llamadas lunas de miel tras los estallidos violentos física o psicológicamente.
Alicia Ramos subrayó que la violencia intragénero suele estar atravesada por otras violencias como la racial, la homófoba o de clase social.
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