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Música

Ni románico ni modernismo, miles de turistas desembarcan en Zamora para ver el templo del metal

Los adeptos al heavy toman un año más la ciudad, desde Ifeza hasta el centro, con su típicas camisetas negras, su música amplificándose en las plazas y sus billeteras insuflando las cajas de establecimientos hosteleros

VÍDEO | Primera jornada de conciertos en Ifeza por el Z! Live

A. F. / O. C.

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Zamora

Más allá de los punteos y la distorsión de guitarras, el festival Z! Live transforma un año más por unos días la ciudad de Zamora.

Su sonido no solo retumba en el recinto ferial Ifeza, donde cada una de las tres jornadas se congregan diez mil amantes del heavy, la mayoría llegados de fuera; sino que su música se amplifica en toda la ciudad.

Por las mañanas, ya se ha convertido en una estampa habitual de mediados de junio ver camisetas negras, chicos con melena, pantalones ajustados y otros identificativos de la música que es su religión. Llenan negocios de hostelería, hoteles y pisos turísticos y gastan en comercios y tiendas de recuerdos de Zamora.

Si alguien tenía reticencias hacia ellos por su forma de vestir, con el paso de las ediciones del festival, al ver que los heavys no solo son inofensivos pese a sus pintas, sino que además insuflan la economía local con sus billeteras, los zamoranos también han comenzado a transformarse, esforzándose por mostrar su hospitalidad y aprender algo más de esa música, que es toda una cultura y para algunos hasta una religión.

"A los heavys que venimos de fuera nos tratan superbien, estamos muy contentos", confiesa una de las asistentes, la madrileña Mónica Ramírez, que solo tiene parabienes para el templo del metal en el que se convierte estos días Ifeza. "Es un festival pequeñito, familiar y se ve bien" a los grupos, declara, para admitir que su único pero es la marca de cerveza que sirven en el evento. Pero hasta eso es un motivo más para alternar los conciertos con las birras en la zona centro de Zamora.

Encantados con los "metaleros"

El organizador, Andrés Cid, admite que cuando en 2016 comenzaron a organizar el Z! Live había zamoranos que "tenían un poquito más de miedo, pero ahora están encantados cada vez que se llena esto de camisetas negras". El buen rollito es evidente y se mide también porque pese a que por unos días los "metaleros" supongan casi un tercio de quienes transitan por la ciudad (unos 30.000 accesos a Ifeza entre las tres jornadas del festival), no suele haber ningún incidente destacado.

"La ciudad, de pronto, se llena un fin de semana de alborote y de jaleo, que es lo que necesita también Zamora, no estar siempre nosotros solos", comenta Andrés Cid, que se alegra de haber conseguido que no solo sea en Semana Santa cuando venga gente de fuera.

El suyo no es modernismo ni románico, pero también tiene una arquitectura que lo sustenta. Se trata del templo del metal, sobrenombre con el que ha bautizado al festival Z! Live, en homenaje a los sonidos de la treintena de grupos que pueden escucharse entre el jueves y el sábado en Ifeza. Una religión que se predica también en el centro de Zamora, con las extensiones a través de conciertos de calle que se programan durante cuatro días, hasta el domingo, en algunas plazas de la capital.

Pasear y toparse con un concierto del cantante de Sober

Esas actuaciones de calle, como la que ofrece este viernes en la plaza de Viriato Carlos Escobedo, el cantante de Sober, permiten no solo hacer de imán entre festivaleros y el casco urbano, sino que también ayudan a que la ciudad se empape del metal y el heavy, al posibilitar "que la gente a pie de calle descubra como suena y le pierda el miedo" a esos sonidos, comenta Andrés Cid.

Eso por las mañanas, porque por las tardes y hasta bien entrada la noche, donde reverberan los agudos es en Ifeza. Allí se dan cita, amantes del rock duro llegados principalmente de la mitad norte de España y de Portugal, aunque también se escucha el inglés de un grupo de incondicionales de Londres. Entre el público se aprecian además acentos sudamericanos de los que pueden permitirse el lujo de cruzar el Atlántico para escuchar en España sus grupos favoritos, como los suecos Opeth, los británicos Saxon y los neerlandeses Epica, cabezas de cartel este año.

Que la música no pare. El heavy es el Thalberg de mediados de junio en Zamora. Fe y devoción por el rock duro.

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