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Entrevista | Jesús Niño Triviño Defensor del Profesor de ANPE

Jesús Niño Triviño, Defensor del Profesor de ANPE: "Hay que pensar en una futura competencia emocional para docentes"

"Los conflictos son inevitables, porque vivimos en sociedad; la cuestión es cómo se gestionan y se resuelven"

Jesús Niño Triviño, Defensor del Profesor del sindicato ANPE.

Jesús Niño Triviño, Defensor del Profesor del sindicato ANPE. / Alba Prieto / LZA

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B. Blanco García

B. Blanco García

Zamora

Tras dos décadas de trayectoria en Castilla y León, el Defensor del Profesor de ANPE se ha consolidado como un recurso de apoyo para los docentes. Al frente de este servicio vuelve a situarse el psicólogo clínico sanitario Jesús Niño Triviño, que ya desempeñó esta responsabilidad en el pasado y que regresa convencido de que la salud mental del profesorado ocupa hoy un lugar mucho más visible en el debate educativo.

¿Qué competencias tiene el Defensor del Profesor de ANPE?

Es un servicio que lleva activo en Castilla y León desde hace ya veinte años, siguiendo la estela de ANPE nacional, que arrancó en 2005. Al año siguiente, la presidenta regional, Pilar Gredilla, buscó una persona para hacerse cargo del servicio y ahí comencé yo, en 2006. Después me he desarrollado en otras etapas, como orientador y en inspección educativa, pero acabo de regresar a este cargo, que tiene unas funciones bastante amplias. Lo primero, y más importante, es la escucha activa al docente, de forma confidencial y personalizada. Soy psicólogo clínico sanitario y, desde el principio, se estableció que la confidencialidad tenía que ser fundamental. La persona que llama tiene que sentir que puede contar cosas muy íntimas con tranquilidad. A eso hay que añadir la asistencia psicológica y jurídica. Esta última se presta solo a afiliados, pero del resto se puede beneficiar cualquier docente.

Se puede entender mejor que un adolescente tenga determinadas dificultades, pero impacta mucho más cuando la conducta problemática viene de un adulto

¿Tiene relación con otras entidades?

También realizamos actuaciones puntuales en centros educativos cuando es necesario, hacemos propuestas a la Administración sobre normativa y elaboramos informes anuales donde analizamos los casos atendidos: qué tipo de conflictos se producen, qué trastornos manifiestan los docentes o si los problemas son con alumnos, con familias o con compañeros. Además, intentamos sensibilizar sobre la situación emocional del profesorado, ahora que se habla mucho más de ansiedad y salud mental. Considero que hay que normalizar que un docente pueda necesitar ayuda.

La importancia de la salud mental

Sustituye en el cargo a María José Martín. ¿Ha notado muchos cambios en su regreso a este puesto?

Las tareas, en esencia, son las mismas, pero sí percibo que ahora se habla mucho más de salud mental y de autocuidado. Tengo la sensación de que la gente cuenta más con nosotros y pide ayuda con más facilidad. Los casos que llegan son parecidos, aunque es difícil tener una fotografía exacta, porque nosotros solo conocemos a quienes nos llaman. Los datos más completos los tendría la Consejería de Educación. Aun así, noto que socialmente ha cambiado la percepción de la salud mental. Está cogiendo mucho peso, como debe ser. Hace años empezamos a hablar de competencia lingüística, luego llegó la competencia digital como formación para el profesorado y ahora no sería extraño pensar en una futura competencia emocional para los docentes, disponer de herramientas para gestionar conflictos, identificar emociones o afrontar determinadas situaciones.

Jesús Niño, durante su reunión con los compañeros de la delegación de Zamora. | ALBA PRIETO

Jesús Niño, durante su reunión con los compañeros de la delegación de Zamora. / Alba Prieto

Centrándose en los casos del Defensor del Profesor, ¿qué conflictos son los más frecuentes?

Solemos dividirlos en tres grandes ámbitos: con alumnos, con familias y con compañeros o equipos directivos. Los conflictos son inevitables, porque vivimos en sociedad; la cuestión es cómo se gestionan y se resuelven. Con alumnos, lo más frecuente son conductas disruptivas de baja intensidad, como molestar en clase, aunque también se dan situaciones más graves, como insultos, amenazas o daños materiales. Hay casos de profesores a los que les han rayado el coche o pinchado las ruedas. Son situaciones excepcionales, pero ocurren. Quizá lo que más llega son los insultos y amenazas, muchas veces relacionados con las notas o con sanciones. Y, normalmente, los casos más problemáticos se concentran en Secundaria, especialmente entre segundo y tercero.

Hay que creaar un vínculo fuerte entre familias y profesores, porque, si ambos trabajan en la misma línea, quien más se beneficia es el alumno

¿Se pueden dar casos en etapas más tempranas?

En Infantil o Primaria pueden darse situaciones complicadas. Hay niños con problemas de conducta o necesidades especiales, que pueden pegar o agredir. Evidentemente, hay que entender sus circunstancias y atenderlas con todo el cariño, pero eso no significa que haya que aceptar determinadas conductas sin intervenir.

Amenazas de padres

¿Preocupan más los conflictos con las familias que con los propios alumnos?

Sí, porque, de alguna manera, se puede entender mejor que un adolescente tenga determinadas dificultades, pero impacta mucho más cuando la conducta problemática viene de un adulto. Nos encontramos con padres que amenazan directamente a docentes o que exigen determinadas decisiones académicas de malas maneras. Todo esto tiene un desgaste emocional enorme para el profesorado. Y a eso se suma que cada vez hay más alumnos con autolesiones, ideas suicidas, problemas emocionales o familias desestructuradas, lo que repercute también en el estado emocional del docente. Por eso creo que los profesores necesitan herramientas para afrontar toda esta realidad.

La excesiva burocracia está perjudicando a la labor didáctica

¿Existe un perfil concreto del profesor que acude a este servicio?

Vemos que llaman más mujeres que hombres. Pero no creo necesariamente que sufran más agresiones, sino que quizá tienen más facilidad para pedir ayuda. Y eso, desde el punto de vista de la salud mental, es positivo. También hay docentes jóvenes que se encuentran con situaciones que les sorprenden al comenzar su carrera, y profesores veteranos que ya no tienen por qué aguantar determinadas cosas. Pero, en general, pedir ayuda sigue costando y muchos consideran que pedir una baja es como reconocer que la familia o el alumno les ha ganado. Pero no es así. Si un docente no está bien, pierde él, pierde el alumnado y pierde el sistema educativo.

Jesús Niño, con los compañeros de ANPE Zamora.

Jesús Niño, con los compañeros de ANPE Zamora. / Alba Prieto

¿Han aumentado las bajas relacionadas con problemas emocionales?

Parece que sí. La convivencia en los centros no mejora y, además, ahora tenemos más sensibilidad y más facilidad para pedir ayuda. También existen más recursos. Además de la mencionada ayuda de ANPE, la propia Consejería dispone de apoyos y el Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León tiene sesiones gratuitas para docentes y alumnos en situaciones de violencia o acoso.

Ley de Autoridad del Profesorado

¿Perciben los profesores una pérdida de autoridad en el aula?

Sí, claramente. Aunque en Castilla y León tenemos desde 2014 una Ley de Autoridad del Profesorado. Eso significa que el docente es autoridad pública en el ejercicio de su función y tiene presunción de veracidad. Mucha gente todavía desconoce lo que implica esta ley, como que el profesor pueda, por ejemplo, expulsar a un alumno del aula cuando sea necesario para garantizar el desarrollo de la actividad. Pero, aun así, el docente siente que ha perdido autoridad. Y ahí influye muchísimo la relación con las familias. Siempre digo que hay que crear un vínculo fuerte entre familias y profesores, porque si ambos trabajan en la misma línea quien más se beneficia es el alumno. Porque si el alumno percibe enfrentamiento entre familia y profesor, pierde confianza, y eso repercute directamente en el aprendizaje. Y tampoco es positivo que los docentes hablen mal de las familias delante del alumnado.

El prestigio de una profesión también tiene relación con el reconocimiento económico y social

Castilla y León suele obtener muy buenos resultados educativos en informes como PISA. ¿Cuál crees que es la clave?

Yo creo que la principal razón es la implicación del profesorado. Hay mucha formación y mucho compromiso. También las familias, en su mayoría, están implicadas. Además, no es algo puntual; Castilla y León lleva años manteniendo esos resultados. Eso indica que hay factores estructurales detrás. Evidentemente, siempre hay problemas y aspectos que mejorar, pero el trabajo diario del profesorado es enorme. También influye que en otras comunidades existen mayores dificultades: más distancia entre familias y centros, más complejidad social o más alumnado con determinadas necesidades. Todo eso repercute en la convivencia y en los resultados académicos.

Disminuir la burocracia

Precisamente, ¿qué aspectos cree desde ANPE que todavía deberían mejorar en el sistema educativo?

Uno de los principales problemas es la burocracia. Hay demasiados papeles y eso está perjudicando la labor didáctica. Hace falta reducir carga administrativa para que el profesorado pueda centrarse más en enseñar. También es importante seguir mejorando la formación docente y reforzar la coordinación entre familias y centros. Y, sobre todo, hacen falta más recursos humanos. Necesitamos más orientadores, más especialistas en Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje, más profesores técnicos de Servicios a la Comunidad, además de una reducción de ratios.

Habría que romper algunos tópicos, como el de las vacaciones de los docentes. Es una profesión con una enorme carga emocional y mucha responsabilidad

Cada vez se habla más de alumnado con necesidades educativas especiales o emocionales. ¿Qué hace falta para atender mejor esa realidad?

Hace falta más personal especializado. Hay más alumnado con trastornos del espectro autista, problemas emocionales, dificultades de conducta o situaciones familiares complejas, porque el concepto ha evolucionado. Antes se hablaba de atención a la diversidad y ahora se habla de atención a las diferencias individuales. Porque cualquier alumno puede necesitar apoyo en un momento determinado: una pérdida familiar, una ruptura sentimental, problemas en casa… Por eso el trabajo de los tutores y orientadores es tan importante. Para responder bien a todas esas situaciones, hacen falta más recursos y menos alumnos por aula.

Una de sus preocupaciones es el reconocimiento social del profesorado. ¿Cree que la docencia está poco valorada?

Sí, aunque creo que está mejorando. El prestigio de una profesión también tiene relación con el reconocimiento económico y social. No es lo único, por supuesto, pero influye. Siempre se dice desde ANPE que la profesión que engloba a todas las demás es la docencia, porque por las manos de maestros y profesores pasan todos los profesionales del futuro. Tengo la sensación de que, poco a poco, más jóvenes valoran ser docentes. Antes parecía que a Magisterio iban los expedientes más bajos y ahora eso está cambiando. Pero si hubiera un mayor reconocimiento salarial y social, probablemente todavía más estudiantes brillantes optarían por la enseñanza. Y también habría que romper algunos tópicos, como el de las vacaciones de los docentes. Es una profesión con una enorme carga emocional y mucha responsabilidad.

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