Blas de Otero en el taller de Ramón Abrantes, en Zamora

Alejandra Bonel García

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Blas de Otero en el taller de Ramón Abrantes, en Zamora

Por ver cómo corre el Duero

y cómo la escayola y el cemento,

cómo el pan, la herramienta

cantando y acusando entre las manos

de Ramón y de Julio, y de Marcelo,

de Tomás y de Antonio,

sobre todo de Eugenio,

estabas.

Sí, entre el barro

y el alma,

cuando la luz se hacía melodía

y manantial, y el cielo

«muy luminosamente rojo», como dices,

entonces, a dos pasos,

se abría el puente y abrazaba el agua,

tan íntima y fecunda,

y la tejía entre sus ojos limpios,

y la amasaba libre,

con el molde sudado y respirado,

junto con los amigos.

Ahí, en el taller tuyo estás tallando

(copio tu estilo)

no tan solo palabras verdaderas

sino también la salvación, la busca

y la protesta. Pasa

el agua, ahí, a dos pasos,

del Duero.

Y el taller, y el latido

del ritmo de la obra y de la mano,

están ahí, contigo,

junto a los muslos de las lavanderas

sin que el río se muera en nuestros brazos

porque el agua del Duero es ya cal viva.

Claudio Rodríguez. Más información

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