Festival Internacional de Indumentaria Tradicional
Carlos Piñel, etnógrafo: “La indumentaria tradicional tiene necesariamente que evolucionar”
"Hay que agradecer a los anticuarios de étnica gitana que se pudieran salvar gran parte de las prendas antiguas"

El etnógrafo Carlos Piñel. / Alba Prieto / LZA

El artista y etnógrafo Carlos Piñel Sánchez, que fue el primer director del Museo Etnográfico de Castilla y León, ha sido el encargado de pronunciar la conferencia inaugural de la sexta edición del Festival Internacional de Indumentaria Tradicional "Collectio Indufest" que vive sus jornadas más intensas el fin de semana.
Usted lleva décadas vinculado al mundo de la etnografía, ¿cuándo comenzó cómo era la situación que se encontró en el ámbito de la indumentaria?
Había muy poca gente que tuviera interés por esas cuestiones. Estamos hablando de los años 70 y 80. Yo había empezado ya antes, había empezado en los 60, muy joven en Salamanca con mi interés por la etnografía y por el arte popular, sobre todo. A mí me interesaba mucho el bordado que está presente en la indumentaria.
Pero ¿había coleccionistas de trajes?
Se estaba comenzando. Había gente apasionada o interesada, pero muy poca en relación con lo que sucede ahora era una minoría. En estos momentos no recuerdo que hubiera nadie con un interés claro en Zamora. Empezó la tarea Caja Zamora con su colección. Recuerdo que se compraban prendas sueltas y se compraban algunos trajes. Era muy difícil localizarlos porque tampoco había mercado. Hay que agradecer a los chatarreros y, sobre todo, a los anticuarios de étnica gitana, que eran los que se movían por los pueblos que compraban las cosas que luego vendían, que se pudieran salvar gran parte de la indumentaria antigua. Sin duda gracias a ellos se salvó muchísimo patrimonio.
¿Qué valoración se hacía entonces la indumentaria?
Cuando yo empecé a trabajar en Caja Zamora, en el 1982, habían empezado a hacer unos calendarios con indumentaria. Era una única hoja grande con la imagen de un traje. Cuando pude intervenir, ya habían hecho, creo recordar, el de Toro, para lo que había encargado hacer un traje nuevo. No había unos criterios, pero no tenía por qué haberlo porque era un banco y yo dije que había trajes antiguos sobre los que había que investigar con unos criterios más científicos. Y de esta manera se empezó. Luego se siguieron haciendo ya el de Aliste, los de la zona de los Valles de Benavente, los de Sayago….
Usted, ¿cómo localizaba las prendas?
Pues haciendo trabajo de campo. A través de los gitanos podías hacerte con algunas prendas, pero luego había que documentarla y para eso era necesario un trabajo de campo, pueblo por pueblo días tras días. Hice miles y miles de kilómetros.
Y ¿cuándo empieza a detectar la existencia de una sensibilidad y que la gente que empieza a valorar lo que atesora?
A raíz precisamente de la amplia difusión. Porque no solo se hacía investigación, no solo se hacía recopilación de las piezas, se hacía difusión, se hacían exposiciones, se continuaba con los calendarios. El efecto de los calendarios fue espectacular. Fue una labor muy positiva. Cuando yo iba por los pueblos, llegaba a una localidad y me acercaba a unas señoras que estaban cosiendo en la puerta de la casa o a un paisano que iba a arar le decía que estaba haciendo el calendario de Caja Zamora... me abrían las casas porque estaba en todos los hogares.
¿Qué personas o colectivos empezaron un poco a ser más receptivos?
Recuerdo que en León sí que hubo algunas personas a título particular que compraba prendas a anticuarios y en Salamanca se intentó, pero era a través de instituciones de la Diputación, pero eso casi nunca funciona, porque no hay agilidad, no hay posibilidades reales.
Y en Zamora, ¿cómo fue la cosa?
Funcionó porque era una entidad privada, Caja Zamora. En Zamora hubo una persona que se dedicó a comprar prendas para revenderlas. Algo perfectamente lícito, como lo de los anticuarios, pero detrás había una falta de conocimientos porque compraba las prendas sueltas, las reunía en una percha y cuando tenía completo le adjudicaba la procedencia. Tengo muy presente el caso de un traje magnífico de mostacilla de Alba de Tormes. No lo pude comprar. Ese traje se vendió y fue a parar a un anticuario de Morales del Vino y en un libro aparece como procedente de Morales del Vino cuando es de Alba de Tormes. Eso es el anti-método científico que nunca debería de hacerse.
La labor de caja Zamora quizás hizo que el folklore empezara a arraigar y que los grupos tengan grandes tesoros de indumentaria ahora.
Sí, sin duda. Sé que los grupos de folclore e integrantes de ellos tienen grandes e interesantes colecciones. En Castilla y León los grupos han empezado a trabajar de una manera ordenada, con criterios y haciendo las cosas bien. Yo creo que ahora hay una gran divulgación y un gran interés y como prueba la labor que hace el Festival Internacional de Indumentaria Tradicional que trae a muchísima gente con mucho interés que vienen de España y de fuera. Lo que sucede es que se han hecho muchos trajes modernos que identificas a distancia son más pobres, pero siguen una línea.
Se han hecho muchos trajes modernos que identificas a distancia son más pobres, pero siguen una línea.
La indumentaria ¿tiene que cambiar?
La indumentaria tradicional tiene necesariamente que evolucionar. Ha venido cambiando a lo largo de la historia y tiene que seguir cambiando. La tradición supone siempre que hay algo asentado, que viene desde siglos muchas veces, y sobre eso se va superponiendo la novedad. Hay un ejemplo claro, el mantón de Manila. Cuando descubren que en Cantón se están bordando unos pañuelos preciosísimos con flores, con seda los traen para acá. Vienen con el galeón de Manila. No son de Manila, son chinos, de Cantón. Pero como era el galeón de Manila el que traía las mercancías y llevaba desde China a México y de ahí a España se dice que son de Manila. Estos mantones se superponen al traje tradicional en prácticamente toda España. Frente a eso el medio rural, sobre todo los que han estado aislados, geográficamente, culturalmente, se han mantenido durante mucho tiempo unos esquemas iguales con mucha riqueza y con mucha diferencia, que es lo que nos permite conocer de dónde son. La renovación a veces es inmediata, otras veces es más sutil.
¿A qué se refiere?
Ya no hay tejidos hechos en telares manuales, que eran los que había hasta fines del siglo XIX. Ahora son tejidos industriales porque ya no los encuentras, con lo cual cambia el tono, el color, la textura, etcétera. Antes se cosía a mano y en el siglo XIX aparecen las máquinas y se generalizan hacia 1900. Eso ya obliga a ir haciendo cambios, incluso en los elementos decorativos o simbólicos. La vida es así y no es malo, contra lo que se pensaba en determinado momento.
Y hasta la moda contemporánea se fija en la indumentaria tradicional
Los diseñadores de ropa contemporánea se han inspirado y lo siguen haciendo y se ha hecho desde hace ya bastantes años en la indumentaria tradicional. La clave está en la categoría del diseñador. Si es bueno, muy bueno, como pasa en el arte, como pasa en la literatura, como pasa en la música… el resultado será excelente y de hecho están haciendo cosas muy interesantes.
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