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Manifiesto

Zamora en Pie alerta del riesgo de convertirse en una "tierra de sacrificio inhabitable"

La federación reclama una retribución justa por su contribución energética y rechaza ser relegada en inversiones y servicios

Zamora, contra las plantas de biogás.

Zamora, contra las plantas de biogás. / Archivo

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Zamora

“No hemos sido conscientes de que vivíamos en un paraíso hasta que estaban a punto de convertirlo en un infierno”, advierte, con tono grave, la Federación Zamora en Pie en el manifiesto de la concentración convocada para este 10 de mayo. No es una frase lanzada al aire. Es, más bien, el resumen de un hartazgo que atraviesa el documento de principio a fin. Zamora, dicen, ha pedido durante años inversión, industria y oportunidades para frenar la despoblación, pero en ese camino quizá olvidó que ya tenía algo que ahora siente amenazado, "el aire puro para respirar, la tierra fértil en la que cultivar, el agua limpia de la que beber y la belleza de nuestros paisajes diversos e incomparables".

El manifiesto habla de una provincia que ha mirado durante décadas hacia fuera, comparándose con territorios más poblados, con más servicios, con más jóvenes, con más actividad. Pero también de una provincia que, en silencio, “como hacemos las cosas en Zamora, ha producido energía para el resto del país y ha exportado buena parte de lo que generaba sin recibir", a juicio de la federación.

Ahí es donde el texto endurece el tono. Zamora en Pie denuncia que la provincia corre el riesgo de ser convertida en una “tierra de sacrificio inhabitable” para producir energía, no solo para España, sino también para el norte de Europa: "Es un orgullo para Zamora contribuir al progreso de nuestro país y ayudarlo a ser más fuerte, libre e independiente. Pero no podemos seguir consintiendo que no haya retribución alguna por ello, que se nos margine continuamente, que se nos relegue en unas inversiones y en unos servicios que deberían ser proporcionales a la aportación que hacemos y que, por último, se nos condene a ser convertida en una tierra de sacrificio inhabitable para generar energía, ahora también para el norte de Europa".

El documento enumera, uno tras otro, los proyectos que considera una amenaza directa para el territorio. Las plantas de biogás, sostiene, "convertirían la provincia en un gran vertedero de residuos, asociado a macrogranjas, plagas de insectos, tráfico de camiones y emisiones nocivas". Las instalaciones de hidrógeno verde, añade, "multiplicarían el consumo de agua y pondrían los acuíferos en manos extranjeras”. También señala a las plantas de biomasa, a las macrocentrales eólicas y fotovoltaicas y a las minas a cielo abierto, a las que atribuye "impactos sobre los bosques, suelos agrícolas, paisaje, turismo, aire y agua".

La pregunta que sobrevuela el manifiesto no aparece formulada como tal, pero se puede entre leer en cada párrafo: ¿cuánto puede soportar una provincia antes de dejar de ser habitable para quienes la sostienen? Zamora en Pie sitúa la respuesta en el terreno de lo esencial. No habla solo de economía, ni solo de energía, ni solo de medio ambiente. Habla de vivir o no vivir en Zamora.

“¡Solo desde la crueldad se puede pedir a las gentes de un territorio que se sacrifiquen de ese modo!”, proclama el texto, antes de elevar el reproche hacia las administraciones autonómicas y estatales. "Si Castilla y León y España", advierte la federación, "no reconocen el valor de Zamora ni la necesidad de proteger sus bosques, campos fértiles, acuíferos, suelos y aire, la provincia entenderá que está sola defendiendo su futuro".

“¡Se trata de poder o no poder vivir en nuestra provincia!”. Una frase que funciona como consigna, pero también como diagnóstico de una Zamora que, según el manifiesto, no quiere volver a ser invisible. Ni siquiera en nombre del progreso.

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