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Educación

¿Adiós al cuaderno y la pizarra? Así enseña matemáticas un colegio de Zamora a través del Aprendizaje Basado en el Juego

Profesores del centro Santísima Trinidad-Amor de Dios proponen un examen de matemáticas con reglas de juego y convierten a los alumnos en diseñadores de experiencias lúdicas.

Los alumnos del Santísima Trinidad aprenden matemáticas a través del juego.

Los alumnos del Santísima Trinidad aprenden matemáticas a través del juego. / Cedida

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B. Blanco García

B. Blanco García

Zamora

El ruido de los dados cayendo sobre el tablero y las discusiones para decidir qué estrategias seguir han sustituido al sonido de las teclas de la calculadora, la tiza sobre la pizarra y las hojas del libro al comenzar una nueva lección.

Así son ahora las clases de matemáticas en el colegio Santísima Trinidad-Amor de Dios.

Alumnos de todas las edades juegan mientras aprenden matemáticas.

Alumnos de todas las edades juegan mientras aprenden matemáticas. / Cedida

Este centro está inmerso en un ambicioso plan de transformación metodológica, con el uso del Aprendizaje Basado en el Juego (ABJ), apoyado en una rigurosa estructura de Aprendizaje Cooperativo.

Otra manera de trabajar en el aula

“¿Y si el examen de matemáticas no tuviera preguntas, sino reglas de juego?”, se preguntaron los profesores de este colegio, para comenzar a pensar en otra manera de trabajar en el aula, mucho más activa para sus alumnos. Así comenzó a implementarse este tipo de aprendizaje en una materia como las matemáticas, a la que muchos alumnos temen, por lo que también es una forma de cambiar esa visión catastrofista de los números a través de la diversión. Los estudiantes de Primaria han estado trabajando en grupos base heterogéneos para convertirse en “diseñadores de experiencias lúdicas”, como así los denominan. Mediante un proceso de investigación y trabajo cooperativo, los alumnos han analizado mecánicas de juegos de mesa para adaptarlos a contenidos curriculares.

Uno de los juegos propuestos en el Día Internacional de las Matemáticas.

Uno de los juegos propuestos en el Día Internacional de las Matemáticas. / Cedida

Desde la dirección, Luis de Mena apunta que esta adaptación ha requerido la aplicación de elementos esenciales del aprendizaje cooperativo. “Desde la interdependencia positiva, donde el éxito del juego depende del esfuerzo coordinado de todos los diseñadores, hasta la responsabilidad individual, asegurando que cada miembro del equipo fuera capaz de explicar y defender las reglas creadas”, analiza.

Cambiar la forma de evaluar

Al igual que cambia la forma de aprender, también lo hace la manera de evaluar por parte de los docentes. “El punto de inflexión es su carácter evaluador, alineado con la búsqueda de la autonomía del alumnado y el rigor académico”, señala De Mena.

Un ejemplo de esta metodología se demostró en la celebración del Día Mundial de las Matemáticas, donde los alumnos salieron a la calle para poner en práctica todo lo aprendido. En esa cita estuvieron acompañados por estudiantes en prácticas de la Facultad de Ciencias de la Educación del campus de Zamora, que jugaron también un papel esencial a la hora de participar activamente, observando, además, cómo la interacción entre alumnos de distintas edades facilita el beneficio cognitivo de todo el grupo.

Una de las actividades centradas en el aprendizaje de las matemáticas.

Una de las actividades centradas en el aprendizaje de las matemáticas. / Cedida

Mientras los mayores diseñaron nuevas reglas para los juegos de mesa, el alumnado de Infantil ejercía de jugadores, poniendo a prueba sus funciones ejecutivas. Esperar turno para participar o consensuar respuestas fueron algunas de las técnicas de cooperación que se llevaron a cabo, “potenciando la salud psicológica y el apoyo socio-emocional en el aula”, subraya.

Dominio matemático

A la hora de evaluar, siguiendo las nuevas normas, los profesores se centraron en comprobar el razonamiento fluido de sus estudiantes, quienes demostraron su dominio matemático “al construir sistemas de reglas sin fisuras lógicas que garantizan la calidad del resultado”, explica el director del colegio. Importante también fue comprobar la comunicación estratégica, “evaluando la capacidad de transmitir instrucciones complejas de forma clara a los participantes más pequeños y utilizando habilidades sociales y de oratoria explícitas trabajadas en el aula”, añade De Mena.

Los padres observan algunos de los juegos propuestos por el colegio.

Los padres observan algunos de los juegos propuestos por el colegio. / Cedida

Junto a los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Educación, futuros maestros, también se invitó a esta jornada a las familias. “Eso permitió que los padres fueran testigos de cómo se reduce la difusión de responsabilidad a través del juego”, destaca. “Al ver a sus hijos en roles de liderazgo y mediación, comprobaron cómo esta metodología transforma las aulas en comunidades de aprendizaje donde crecen juntos”, añade.

Con todo ello, el colegio Santísima Trinidad-Amor de Dios demuestra que el rigor y la creatividad no solo son compatibles, sino que, cuando se estructuran mediante la cooperación y el juego, “elevan el logro académico y mejoran la convivencia de forma exponencial”, apunta Luis de Mena para finalizar.

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