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Coleccionismo

Zamora desempolva la memoria: el auge de lo vintage llena IFEZA

La feria de antigüedades de Zamora celebra la pasión por el coleccionismo, con piezas que evocan recuerdos y un interés creciente entre los más jóvenes. La primera feria de antigüedades de Zamora celebra la pasión por lo vintage con piezas que evocan recuerdos y un interés creciente entre los más jóvenes. La nostalgia por una época que no han saboreado pero que recrean en sus estilos, en su arte y en sus canciones se refleja en este tipo de eventos donde «lo viejo» está de moda, y se vende

"El negocio de lo vintage".

Alejandra Bonel García

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Zamora

El pabellón de cristal huele a memoria y, como si de un ensayo de la teoría de la relatividad se tratase, el tiempo parece dilatarse, transcurriendo más lento para aquellos que cruzan las puertas del edificio. Incluso, si te quedas un poco quieto, quizás seas capaz de retroceder a “cuando era pequeño y no me compraba el bocadillo de calamares ni la Coca-Cola para poder ahorrar y comprarme un disco de vinilo”, recuerda Luis, uno de los 34 profesionales que participan en la primera feria de antigüedades, coleccionismo y vintage de Zamora.

“Me llama mucho la atención la juventud que llega, cogen tres o cuatro discos a la vez y te lo pagan al contado o te hacen un Bizum, y pienso: ‘Jolín, si yo he tenido que quitarme los bocadillos de calamares para comprarme mi disco de Pink Floyd’", cuenta. “Cuando salían los discos ibas a la tienda y los encargabas. Valían unas 300, 350, 425 pesetas… era un dineral”, añade.

Hay algo en lo vintage que conquista a los más jóvenes. La nostalgia por una época que no han saboreado pero que recrean en sus estilos, en su arte y en sus canciones: “Tú vas en el coche y te pones Spotify y vas maravillosamente, pero tú coges un disco, un vinilo, lo abres, ves quién toca la batería, quién toca el saxo… lo miras, lo limpias, lo sientes, lo hueles… Miras las portadas, que son auténticas obras de arte”. Habla bajo, casi con susurros, pero sus palabras retumban en sus labios con un ritmo constante, casi poético: “A mí no me extraña nada que la gente se enganche, porque lo han visto en sus padres, en sus abuelos. Han visto lo bonito que es, ¿me entiendes?”, pregunta.

Luis lleva toda su vida comprando música, “luego esto ya empezó siendo un hobby, y como me gusta tanto, estoy siempre buscando. ¡Ya ves las joyas que tengo!”, dice orgulloso de su colección. “Todo esto es lo que me sobra, duplicados. Y como tengo tiempo estoy siempre buscando en tiendas de segunda mano. Mi colección personal es intocable. La dejaré ahí para que mis hijos el día de mañana hagan lo que quieran con ella. Pero yo no la voy a tocar”, sentencia.

Coleccionar es un arte que requiere de esfuerzo, tiempo y dedicación por encontrar la mejor pieza. Tanto es así, que algunos, como Javier, deben trasladarse a Japón en busca de las Kokeshi, unas muñecas japonesas que, a pesar de tener gran éxito en otras ferias, aquí está costando venderlas: “Vendo muchas, aunque aquí aún no me he estrenado. Suelo vender toda la mesa”, explica. “Es el primer día y el público no está acostumbrado. En Zamora hace años que no se hace ninguna feria de este estilo. Si el público no entiende demasiado se acostumbra a los precios del rastro: veinte, treinta. Cuando le pides cincuenta ya se asusta y es demasiado para ellos”, indica.

“De hecho, aquí tengo máquinas de coser interesantes, muy raras. Y me dice una señora: ‘Yo tengo una más antigua’. Digo: ‘Pues si ya me dices eso, ya sé que no hay nada que hacer’. Porque tendrá una Singer de cuarenta o cincuenta euros. Y esa máquina… Ya le he dicho: ‘Yo mañana le encuentro veinte Singer, pero usted se puede tirar tres, cuatro, cinco, seis años mirando en Alemania, en Estados Unidos, no ya en Zamora o en España, y no la va a encontrar. ¡No la va a encontrar!”, narra.

El mundo del coleccionismo engancha, o al menos eso es lo que dice Francisco, miembro de la Asociación de Antigüedades El Desván: “El coleccionismo tiene un componente muy importante de jugador. Es decir, no puedes evitar comprar. Tú ves una cosa, la ves interesante, ves que el precio es asequible y te la compras. Yo conozco gente muy mayor, de 90 años, y todo el mundo le está diciendo: ‘No compres más’. Y ve un chollo, un negocio, una cosa, algo que le llama la atención, una cosa importante, algo que no había visto nunca, y la termina comprando con un pie en la tumba”, explica.

“Una vez estaba vaciando un sótano de una casa, un desván, que tenía muchas cosas, y apareció un baúl muy grande. Estaba todo lleno de juguetes de chapa de los años 30, en muy buen estado. Y claro, cuando coges esa caja, te empiezan a temblar las piernas, porque al fin y al cabo tampoco sabes si te lo van a vender o no. Y cuando la señora o el señor te dice: ‘Sí, mira, eso te lo vendo por tanto dinero’, y tú ves que te entra un temblor que dices: ‘Me lo llevo, me lo llevo’”, recuerda eufórico.

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