La ironía como abrigo

Alejandra Bonel García

La ironía como abrigo

«Aquí preguntas a un vecino por Florentino y te dice: ‘No, aquí no existe’. Dices Poli, y entonces sí: ‘Mire, vive allí’». Florentino sonríe al contarlo, como si en esa confusión entre el nombre oficial y el de toda la vida se resumiera también una forma de estar en el mundo. El 15 de este mes cumplió 90 años y, a su manera, lleva el tiempo con una mezcla de retranca, memoria y resignación: «Si me quedo en casa casi me duermo», dice. Por eso baja, se para, conversa. A veces basta cruzarse con un desconocido para espantar durante un rato ese silencio que se hace más grande cuando una persona mayor se queda sola.

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