José María Esbec Martin, director de teatro: «Ha sido un reto que un texto poético interpele al público»
"Mirar implica un juicio y una actitud respecto a lo que se ve"

El director, actor y dramaturgo José María Esbec. / A. B. (ARCHIVO)
El zamorano José María Esbec Martín, director del Teatro Calderón de Valladolid desde hace unos meses, dirige la obra «Rompientes» por encargo del Teatro de la Abadía de Madrid.
El montaje, interpretado por Fernando Guallar y Rebeca Hernando, recala en el Teatro Principal de Zamora los días 17 y 18 de abril a las 20.30 horas.
¿Cómo llega el proyecto de «Rompientes» a sus manos?
Es un encargo del Teatro de la Abadía, que me propone una serie de textos vinculados a a lo contemporáneo. De los que me sugieren, el que más me interesó fue este.
¿Qué tenía de especial?
Toca un tema que, por desgracia, tiene una actualidad tremenda que es la tragedia de los inmigrantes y los refugiados que buscan el mar como un punto de fuga y acaba resultando ser una trampa, porque es como un gran cementerio.
¿Qué potenciales tenía para que quisiera ponerlo en escena?

José María Esbec, en el centro, junto a los actores que dan vida a "Rompientes". / Cedida
Es un texto que está constituido por dos monólogos, lo que no es fácil de sostener en escena. Cada uno de ellos dura 45 minutos y es una visión monoreferencial de los dos roles que juegan en escena, uno es de un hombre y otro es el de una mujer. Se trata de una pareja que vive en una casa muy próxima al mar y, de pronto, el mar les arroja unos cuerpos de cinco personas muertas. Este hecho acaba siendo un incidente desencadenante que lleva a la ruptura de la pareja. La obra refleja cómo este acontecimiento influye de una manera determinante en cada uno de ellos y de qué manera ellos son receptores de esta tragedia. Es decir, cómo cada persona frente a una desgracia de este calibre reaccionaríamos. Creo que no es un texto que sea maniqueo, tiene muchísimas aristas y está poetizado. Es un texto muy poco teatral y eso tiene un riesgo en la escena. Es muy difícil para trasladarlo a la escena y eso también puede ser tomado como un acicate. Sostener dos monólogos con esa poeticidad es algo verdaderamente singular y complejo.
¿Cómo lo ha resuelto?
Utilizando una narrativa visual que pudiese dialogar con el texto sin enfatizar en lo que el texto dice. Intentando mantener también la atención del espectador a través de esta narrativa y de estas composiciones visuales sin enfatizar en el texto.
¿Cómo ha trabajado con los actores?
En primer lugar, era indispensable que todos estuviésemos en una misma posición respecto a lo que el texto trataba de contarnos. Después hemos hecho muchos ejercicios de memoria sensorial, de memoria emocional intentando buscar en nosotros lugares recónditos de la empatía y, posteriormente, hemos trabajado el texto con mucho rigor y con mucha delicadeza, con muchísima ductilidad porque también es lo que pide esta obra tan poética.
¿El texto se presenta de una manera objetiva?
Son dos puntos de vista muy subjetivos tanto el de ella como el de él. El autor, de una manera muy inteligente en ambas psiques, habla de dos posiciones muy humanas. Son dos puntos de vista polarizados, pero en los que la responsabilidad y la culpa acechan en cada uno de ellos de una manera muy distinta.
«Rompientes» es un texto complejo que pone en tela de juicio hasta mis propios principios
De sus palabras se desprende que ambas tienen componentes éticos que la respaldan.
Sí y también es interesante ver la relación que hay en la empatía entre ambos, entre él y ella y luego cómo ellos se relacionan con lo que hemos venido a llamar la otredad, el otro, el distinto que puede ser la relación con los inmigrantes con los que llegan de fuera. En esa doble relación se pacta el texto y es interesante ver cómo ella juega su relación con su pareja y cómo la juega a su vez con los migrantes, con los que vienen de fuera y cómo lo hace él y es muy distinto. Hay diferentes rasgos de ética en cada uno de ellos, pero es humano en ambos casos.
Como director, ¿cuál ha sido el mayor desafío?
El mayor reto ha sido trasladar un texto poético tratando de interpelar al público, de tal manera que éste se lleve alguna pregunta a casa. El texto muy complejo para ser escenificado porque no tiene cánones de texto dramático. Además, quizá es honesto decir que hay un desafío ético y una guerra interior porque pongo en tela de juicio mis propios principios.
Es honesto decir que hay un desafío ético y una guerra interior porque pongo en tela de juicio mis propios principios
Una de las finalidades del teatro es que invite reflexionar y si al propio director le hace cuestionarse cosas quizá sea porque es una obra que deja un poso, una vez concluida la representación.
Sí, desde luego. Quizá el «feedback» que más he notado precisamente ha sido que la función no termina cuando la gente sale del teatro. La función termina mucho después porque la gente se queda comentando no solamente los símbolos escénicos, que muchas veces se analizan porque hay muchas cuestiones que pueden ser resignificadas o pueden ser interpretadas de diferentes maneras, pero también por la propia temática. Mucha gente entra en la empatía del texto y sale conmovida.

José María Esbec acompañado por los actores y por el autor del texto en la presentación de la obra. / Juan Lázaro/ Ical
Desde su punto de vista, ¿«Rompientes» representa el montaje más social que ha dirigido hasta el momento?
No, pero es uno de los textos más sociales que he defendido. Hay otros también que he defendido como «El cordero» que es una dramaturgia mía que habla sobre la tragedia de la Sierra de la Culebra y los incendios o «Aire» puede estar ahí, o bien «Pulmones». Hay bastantes textos de temática social que yo he abrazado, pero éste, sin duda, tiene una singularidad y es que mucha gente habla de ecologismo en escena, pero en escena no hay tantos textos que aborden la tragedia del mar.
Tan olvidada en nuestro día a día ...
El mar acaba velando el discurso de quienes mueren, parece que todo queda soterrado bajo el agua, pero no es así. Hay quienes luchan cada día para que la gente no se ahogue, esas personas que son verdaderos héroes de esta desgracia que intentamos eludir o que no empatizamos porque no queremos mirar, porque la mirada conlleva un riesgo. Si miras tienes que tener una actitud respecto a lo que ves porque la mirada conforma mi relación con lo que veo y ya tienes que actuar en consecuencia. Eso es un poco lo que desvelan los dos personajes, que están mirando constantemente por el ventanal. Ellos ven el mar plácidamente, viven felices y, de pronto, aparecen estas personas muertas y uno de los dos personajes dice que quizá esto no haya ocurrido, quizá no haya sucedido... simplemente intentando que sea como un efecto mágico. Mirar implica un juicio y una actitud respecto a lo que se ve.
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