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Los estragos de la huelga de médicos en Zamora, en primera persona

Un paciente gran dependiente que esperaba cita desde julio de 2025, se queda sin atender por el paro de los galenos

Consulta en huelga

Consulta en huelga / Cedida

Carlos Gil Andrés

Carlos Gil Andrés

La huelga de médicos está creando muchos problemas a los pacientes, en especial los que llevan muchos meses de espera y tienen dificultades para moverse. Es la historia que relata a este diario el cuidador de un gran dependiente, que califica como "maltrato burocrático" no solo el hecho de que se anulara la cita, sino que nadie avisara con tiempo para evitar todo el trabajo y esfuerzo que requiere acercar a una persona con condicionantes de movilidad hasta el hospital.

"En Zamora, una interconsulta médica de Neumología solicitada por el médico de familia en julio de 2025 para una paciente en situación de gran dependencia, ha terminado convirtiéndose en un ejemplo de cómo la burocracia puede fallar precisamente a quienes más necesitan que funcione", señala este cuidador.

Consulta cerrada por la huelga de médicos

Consulta cerrada por la huelga de médicos / Cedida

"No se trata de un caso leve ni de una consulta rutinaria. Hablamos de una persona con antecedentes neurológicos graves, tras sufrir un accidente cerebrovascular que requirió meses de hospitalización, primero en UCI (donde se puso sobre la mesa el peor pronóstico que finalmente no se cumplió) y posteriormente en planta. Una situación que dejó secuelas importantes, tanto físicas como cognitivas, y que exige un seguimiento estrecho y coordinado por parte del sistema sanitario".

"A pesar de ese pronóstico inicial devastador, prosigue el relator de la historia, la paciente ha demostrado una capacidad de recuperación y una voluntad de seguir adelante que han desmentido cualquier previsión. Hoy vive con una gran dependencia, sí, pero también con una presencia, una respuesta y una lucha diaria que evidencian que hay vida, y que esa vida merece algo más que ser acompañada en soledad por quien cuida".

Relata cómo durante meses estuvo esperando la cita, pero recibió "silencio. Ni una llamada. Ni una cita. Ni una explicación. Ante la falta de respuesta, comenzaron las reclamaciones: primero a Atención al Paciente, después a la Dirección Médica. Sin resultado. El tiempo siguió pasando mientras la situación clínica de la paciente exigía valoración especializada. En ese tiempo, la evolución no se detiene. El deterioro cognitivo avanza, las dudas aumentan y la sensación de estar completamente solo frente a una situación compleja se vuelve cada vez más pesada. Porque cuando una cita no llega, no es solo una fecha lo que falta: es orientación, es control y es tranquilidad".

"Solo cuando el caso se elevó a instancias superiores (tres escritos después), la maquinaria se activó. En apenas unos días, apareció la esperada cita. Nueve meses después. Parecía que, por fin, algo se movía. Pero no".

La puerta no se abre

La cita estaba fijada para las nueve de la mañana de este martes. "Para llegar, fue necesario adelantar rutinas, movilizar a una persona con gran dependencia, organizar el traslado y asumir el esfuerzo físico y emocional que implica sacar a alguien en esas condiciones de su entorno habitual. Quien cuida sabe lo que eso significa: levantar, asear, medicar, trasladar, coordinar tiempos que nunca son flexibles. No es simplemente "ir a una consulta". Es reorganizar una pequeña vida entera para que encaje en una hora concreta".

Y "todo para nada. Al llegar al hospital, la realidad: no habría consulta. Ese día había huelga. Nadie lo había avisado. Nadie consideró necesario comunicar que la cita coincidía con una jornada en la que la atención no estaba garantizada. La escena es fácil de imaginar: una silla de ruedas, una persona vulnerable, un cuidador agotado que estalla en lágrimas con la enfermera que no tiene culpa que es la que da la cara... y una puerta que no se abre".

"Y algo más difícil de describir, pero aún más pesado: la sensación de desamparo. La impresión de que, después de meses insistiendo, reclamando según sus plazos y esperando, el sistema responde con una cita que en la práctica no existe. Como si el objetivo fuera cerrar el expediente, no atender al paciente.

"No es un fallo puntual. Es algo peor: un sistema que funciona solo cuando se le presiona, y que incluso entonces responde de forma superficial, como si cumplir el trámite fuera suficiente aunque el resultado sea inútil. Porque dar una cita no es atender a un paciente. Y en este caso, la diferencia es todo.

Cada expediente es una persona

La sanidad pública, reflexiona el cuidador, "no falla cuando se retrasa. Falla cuando olvida que detrás de cada expediente hay personas. Personas que no pueden esperar indefinidamente. Personas que no pueden "volver otro día" como si nada. Personas que, además, ya han pasado por lo peor: una UCI, meses de hospitalización, una recuperación incompleta y una vida que no volverá a ser la misma. Y que ahora, en la fase en la que más necesitan estabilidad y seguimiento, se encuentran con una cadena de decisiones que parecen tomadas sin mirar a quién afectan.

Lo ocurrido no es solo una anécdota desafortunada. Es el reflejo de una forma de gestionar que, en ocasiones, parece más preocupada por cerrar expedientes que por resolver problemas. Y mientras tanto, quienes cuidan, cargan. Cargan con el peso físico, con la incertidumbre, con el deterioro que avanza sin supervisión y con una sensación cada vez más difícil de ignorar: que el sistema, cuando más se le necesita, simplemente no está.

"O peor aún: que responde tarde, mal y como si todo esto fuera normal, en un contexto donde se invoca constantemente la "certeza"; pero para quienes más dependen del sistema esa certeza sigue sin traducirse en algo tan básico como ser atendidos".

A esto se suma una realidad que muchas veces queda fuera del foco pero forma parte del mismo problema: "la vida cotidiana de una persona con movilidad reducida parece pensada desde un despacho y no desde la calle. Se hacen esfuerzos, sí, y es justo reconocerlos, pero demasiadas veces se quedan en lo estético o en lo administrativo. Sobre el papel, todo mejora; en la práctica, no tanto. Aceras recién "arregladas" que acaban siendo de empedrado, accesos y rampas que cumplen normativa pero no uso real, entornos que aparentan ser accesibles pero no lo son para quien tiene que usarlos cada día en silla de ruedas. Y así, paso a paso, todo se vuelve un poco más difícil de lo que debería".

"Porque cuando uno empieza a mirar más allá de este caso concreto, la sensación es aún más incómoda: que no se trata de un fallo puntual, sino de un entorno que, en demasiadas ocasiones, parece diseñado sin pensar en quienes viven con una dependencia real, dificultando cada paso de su día a día en lugar de facilitarlo. Y entonces la pregunta deja de ser qué ha fallado esta vez, para convertirse en algo más inquietante: si el problema es estructural".

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