Regularización para extranjeros
"Tenemos derecho a una vida digna": el testimonio de una inmigrante en Zamora
Llegó a Zamora sola, desde Perú, con una mochila cargada de experiencia, miedo e ilusiones. Sin papeles, su vida se quedó en pausa. Hoy, el anuncio de la regularización y el acompañamiento de Cáritas abren, para esta mujer de 47 años, la posibilidad de dejar de ser invisible y empezar a construir un futuro mejor, que pasa por trabajar y aportar a la sociedad.

La mujer contempla la ciudad desde el mirador de San Cipriano. / Jose Luis Fernández
Con una mochila llena de ilusiones, metas y esperanzas, pero dejando en Perú a toda su familia. Así aterrizó a finales del pasado mes de septiembre en Zamora, Rosa (seudónimo bajo el que preserva su identidad). "Hay que tener fuerza y valor para venir", comenta emocionada. Un viaje en el que no pesa el equipaje, sino el deseo de un futuro mejor. La inestabilidad económica, a pesar de toda una vida de esfuerzo, y la inseguridad por el aumento de delincuencia en su país de origen, fueron los principales motivos para su marcha. "Pensamos en llegar, trabajar y ganar los euros, pero cuando llegamos nos damos cuenta de que no podemos trabajar porque no tenemos papeles", relata.
Un choque de realidad en el que Cáritas fue su bote de salvación. "El llegar a Cáritas fue como que se me abrió el mundo, yo tengo estudios, pero no los puedo ejercer aquí", lamenta. El apoyo recibido por el área de Empleo de la organización zamorana ha sido clave en estos meses. Rosa participa en el programa "Horizontes de esperanza", financiado íntegramente por un donante anónimo y dirigido a personas migrantes que se encuentran en situación administrativa irregular y que solo disponen de pasaporte. El fin del proyecto es fomentar y facilitar la integración sociolaboral de las personas participantes. Más allá del aula, el programa incluye también visitas y actividades orientadas a reforzar la autoestima y la motivación.
"Soy auxiliar administrativo y he trabajado en el hospital más grande de Perú, además he estudiado contabilidad, informática y estuve también como coordinadora de programas en una ONG", detalla. Un vasto currículum que, a sus 47 años, se ha quedado en blanco, obligándola a comenzar de nuevo. "En mi país las cosas han cambiado y no alcanza el dinero que uno gana, es lo que hace que nosotros nos decidamos a salir", explica.
Para mí, Zamora ha sido una bendición gracias a Cáritas y otras personas que me han ayudado
Una decisión que tomó sin saber que las puertas a sus aspiraciones se le cerrarían de golpe por no tener los papeles en regla. "Estás aquí, sola, lejos de tu familia y esta situación hace que decaigas. Fue tocando puertas hasta que llegué a Cáritas y empezar el curso con ellos ha sido una experiencia que me ha hecho volver a ponerme fuerte", expresa. "Nosotros venimos con muchas ganas de trabajar, es lo que queremos, trabajar, aportar y ser parte de la sociedad, porque yo he decidido venir porque quiero aprender mucho más y ser parte de esta cultura tan bonita que hay aquí. Un lugar en el que hay orden, seguridad y tantas cosas que no tenemos lamentablemente en nuestro país", añade.
Rosa quiere dejar claro que migrar no fue una decisión fácil ni improvisada. Con tres hijos ya mayores y nietos, la situación económica y social en un clima de violencia constante, fue lo que le empujó a dar el paso. "Fue durísimo, pero también un orgullo para ellos", señala Rosa emocionada.
No venimos a delinquir, queremos demostrar lo que sabemos hacer y aportar a la sociedad
Difícil despedida con el fin de encontrar un lugar en el que construir un futuro mejor. Objetivo que, con el anuncio del Gobierno de la regularización extraordinaria de personas migrantes, siente ahora mucho más próximo. "Es una noticia muy esperanzadora para todos los latinos que venimos. Sí va a ser de verdad, es un acto de dignidad para todas las personas que tenemos sueños, proyectos, metas, y no solamente personalmente para nosotros, sino también para aportar con el Estado español y dejar de estar invisibilizados", afirma. Por ello, a quienes rechazan la regularización, Rosa les pide que miren más allá de los prejuicios. "Que vean en nosotros la valentía de venir porque no es fácil tomar una mochila y decir me voy a otro Estado. Nosotros venimos con intenciones buenas, con sueños que cumplir, con ganas de trabajar y aprender porque además muchos tenemos carrera y títulos, no venimos, como dicen, a delinquir, sino que queremos demostrar lo que sabemos hacer", insiste.
Desconfianza ante la que demanda que se les conozca antes de juzgar. "Todos somos personas y tenemos derecho a una vida digna", declara. Algo que la falta de papeles les impide, colocándoles en una situación de "enorme vulnerabilidad", lamenta.
Pese a todas las dificultades, Rosa se muestra agradecida por la acogida recibida. "Para mí, Zamora ha sido una bendición", destaca alabando la labor de Cáritas y de personas que se han topado en su camino y le han ayudado. "El sueño de todo inmigrante es llegar y tener trabajo, un trabajo digno, con papeles, con la seguridad social y, en mi caso, yo también quiero seguir formándome, esa es mi ilusión", concluye. Un deseo en el que, recuerda, no quiere privilegios, solo una oportunidad para vivir dignamente.
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