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Doce meses, una causa | 8M Mujer

Candela Martín Fernández, activista feminista en Zamora: "La lucha por la igualdad debe ser transversal para combatir todas las discriminaciones"

"La situación de la mujer ha cambiado, pero hay mucho por hacer, seguimos escuchando cosas que no deberíamos, no hay que bajar la guardia"

Esta joven zamorana, activista feminista, echa de menos a hombres haciendo su camino para completar la lucha por la igualdad, "hablando sobre las masculinidades, les toca hacer su parte, que dejen de tener a las mujeres replanteándoles". Candela Martín Fernández, a sus 25 años, tiene una larga carrera de lucha que le ha curtido y madurado, amplificado el objetivo, "el activismo tiene que ser transversal", sostiene, hay que combatir todas las discriminaciones sociales, de clase, de raza, de sexo, romper con los privilegios de unas pocas personas en detrimento de muchas..., "no podemos separar lo tuyo de lo mío. Tenemos que revisarnos todos y todas con todo: racismo, machismo, clasismo. El heteropatriarcado blanco tiene que estar abierto a escuchar a la gente que no está en situación de privilegio, aceptarla porque existe, no decidir las respeto’ o no: te callas y punto".

Candela representa a una generación que ha dado pasos de gigante en la construcción del discurso feminista, que no es otro que el de la igualdad desde la perspectiva de que somos personas, ni hombre ni mujeres. "La generación más mayor entiendo que tiene que estar más abierta de mente, desterrar el paternalismo de ‘tengo una edad y qué me vas a contar a mí de lucha’, sino estar dispuesta a escuchar a la gente más joven, a preguntar y, antes de ponerse a la defensiva, reconocer que no sabe de ese tema para escuchar".

"A los hombres les toca hacer su parte por la igualdad, que dejen de tener a la mujer para replantearles sus masculinidades"

La situación de la mujer ha cambiado, obvio, pero "hay mucho que hacer, seguimos escuchando cosas que no deberíamos, los prejuicios están integrados en la psique y la cultura, los estereotipos, los clichés". La estrategia de combate ha cambiado, Candela ha aprendido controlar la reacción frente al machismo y a esos micromachismos tan tolerados, a redirigir el espejo hacia el lado, "hay que incomodar cuando te incomodan, cuando no están abiertos al diálogo y quieren imponer su verdad de mierda".

¿Feminazis?, "¡qué pesadez!, que se actualicen un poco o busquen un término más interesante, ese está raído". El riesgo de retroceso es real, "todos los derechos fundamentales están en riesgo, Estados Unidos es un ejemplo de régimen dictatorial y fascista. No se puede bajar la guardia porque los derechos fundamentales salen por la ventana porque las clases ricas quieren esclavos".

Fundadora de la Asociación Feminista Toffana

La infancia de Candela Martín Fernández transcurrió de reunión en reunión de activistas por los derechos de personas que viven en los márgenes, de trabajadores y trabajadoras, y de las mujeres. Y, por supuesto, entre manifestaciones. La militancia de su madre, una mujer de izquierdas y luchadora, en esas causas fueron construyendo en aquella niña del barrio de San José Obrero convicciones firmes sobre la justicia social y de clase vinculadas a los movimientos por los derechos humanos en toda su extensión: laboral, feminista, infancia, LGTBIQ+, migrantes, distintas capacidades...

"Deseo que la gente joven se una, se cuide entre sí y se quiera, que se organice porque las cosas solo cambian si las haces colectivamente por lafomra en que nos venden las dicotomías, hay que pensar en global"

La inquietud por transformar el entorno, por aportar y ser partícipe de los cambios en pos de la sociedad de la tolerancia fue arraigando de forma natural, como su activismo feminista que a los 16 años prendió también en su grupo de amigas, algunas de 14 años, para lanzarse a crear Toffana, la primera asociación feminista que nació en Zamora desvinculada de partidos políticos, con planteamientos innovadores, una relectura de este grave problema estructural del sistema. "No tengo un momento de iluminación" que explique esa entrega a una lucha que, si en la actualidad sigue estando en el punto de mira de este sistema patriarcal, machista, hace diez años resultaba un desafío, especialmente, siendo adolescentes.

Puntos Violeta de San Pedro: la polémica servida

"La creación de Toffana tuvo que ver, en parte, con el aumento de agresiones sexuales que hubo y la desigualdad de las mujeres, al poco tiempo ocurrió el caso de La Manada. Nosotras impulsamos la creación de los punto violeta en las Fiestas de San Pedro para atender a las chicas que sufrieran alguna agresión", con voluntarias que portaban un brazalete violeta como distintivo de ese grupo de ayuda, una iniciativa que se implantó en otras fiestas y localidades de la provincia.

La polémica saltó a nivel de calle y en las redes sociales, donde los machistas se despacharon a gusto con la asociación, "tuvimos movidas con una peña de San Pedro, con un chico que colgó en la red Twitter (ahora X) un post en el que un hombre aparecía en actitud violenta sobre una mujer con brazalete morado con un golpe en la cara y la frase ‘apoyamos vuestra causa’, lo denunciamos". El episodio está en el pasado, afirma Candela, que se queda con la parte positiva, "ayudamos a chicas en situaciones desagradables, éramos adolescentes y teníamos poca percepción de peligro", con el paso del tiempo hay un aprendizaje para expresar las ideas de una forma sosegada, pero sin renunciar a la rebeldía, "el activismo feminista me ha desgastado y buscando la manera de poder seguir participando y ayudando sin llegar a ese punto.

Generar comunidad para luchar y cuidarse

La mejor manera hacer rebelión es hacer lo que puedas sin querer abarcar tanto". La palabra clave para esta joven es trabajar "generando comunidad en el entorno más cercano, con tus amigas, con tus vecinos, generar espacios seguros para la gente es muy revolucionario y, a veces, más productivo que querer abarcar más allá de tu ciudad". Esta visión les falta a la gente más joven "y hacen de la lucha algo individual cuando tiene que ser colectiva, hay que tener un espacio al que recurrir cuando sientas inseguridad o necesites estar acompañada".

La gran asignatura pendiente es "abrir el debate social, generar espacios de comunidad para debatir sobre por qué estamos donde estamos; debatir para aprender no para tener razón, abrir los oídos, que pueda haber entendimiento y empatía, conversar".

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