Siglos XIX y XX
Historia ganadera de lidia en Zamora (parte II)
La provincia y sus dehesas han sido tierra de reses bravas desde, al menos, hace diez siglos. La pasada semana se abordaron la fama y los principales hitos de las vacadas que pastaron en los límites de este territorio entre los siglos XVI y XVIII, una trayectoria que continuó con diferentes nombres y encastes en las dos centurias posteriores y que sigue hasta llegar al momento actual

Reses en la ganadería de Rodolfo Gallego, heredero de Agustín Gallego. | C. T.
La historia ganadera de la provincia de Zamora, que ya era conocida y reconocida en los siglos XVI, XVII y XVIII, continuó con paso firme a partir del año 1800.
En los primeros años del siglo XIX, la vacada del marqués de Castrojanillos pastaba en fincas de Benavente y Zamora, y las de la ganadería de Manuel Herrero lo hacían en las dehesas de Amor y Villagarcía de los Pinos. También estaba la ganadería "Fuentelapeña".
La famosa vacada de Veragua y Osuna pastaba en Benavente, mientras que, a finales de siglo, los salmantinos Cayetano y Basilio Escribano tenían sus reses en la dehesa de Mázares, en el término de Palacios del Pan.
Las reses de Manuel Reina del Campo, de Fuentelapeña, cerraron la plaza antigua de Valladolid.
Francisco Roperuelos, natural de Benavente, compró en 1823 la ganadería al marqués de Castrojanillos de Pajares de los Oteros (León), una vacada que procedía de la antigua raza castellana que hizo famoso un siglo antes al ganadero Agustín Díaz de Castro. Estos toros inauguraron la plaza de Palencia en 1856, según expone el zamorano Jesús García Salazar en su libro "Historia de las ganaderías bravas de Zamora y otros temas taurinos".
La vacada del Pinganillo, cuya titularidad correspondía a Agustín Rodríguez, de Fuentes de Ropel, inauguró en 1859 la desaparecida plaza de toros de Molnedo en Santander.
Enrique de Tordesillas y O’Donnell, tercer conde de la Patilla, compró en 1878 su ganadería al jerezano Vicente Romero García. La vacada pastaba en las dehesas benaventanas de Cejinas y El Mosteruelo y a ella perteneció el célebre y bravo toro "Huracán", que Lamborghini convirtió en coche de lujo hace poco más de una década. Curiosamente, el novillo con el que la ganadería debutó en Madrid en 1881 se llamaba "Rompe-coches".
Fernando Nuño "El Mosco" adquirió hacia 1887 parte de la vacada que había heredado Gumersindo Gutiérrez de su padre, Fernando Gutiérrez, y que, a su vez, era legado del citado Roperuelos. Nuño unió a estas reses, de sangre mayoritariamente navarra, vacas procedentes de la antigua vacada de Valdés de Raso del Portillo (Valladolid). Este ganado pastó en las dehesas de Alfaraz, Moraleja de Sayago, Cabañas y Palacios del Pan. La ganadería la heredó la hija de Nuño, María, y la regentó su yerno, Francisco Escudero. Posteriormente, la heredarían los hijos de este matrimonio, Manuel y Julián Escudero Nuño.
De Toro era el popular vinatero Ildefonso Calvo Alaguero, que compró reses bravas a Teodoro Valle y, luego, al también salmantino Juanito Carreros. Sus reses pastaron en los prados toresanos de Villaveza, en dehesas próximas a Peleagonzalo y en Villaester de Abajo. Uno de sus toros corneó de muerte en 1914 al arenero de la plaza de toros de Toro Cristino "El Hornerín". La viuda de Calvo vendió la ganadería a Vicente Tomé, que se la llevó a la Aldehuela, en Zamora.
José Echevarría y Bengoa fue el primer marqués de Villagodio que tuvo ganado bravo. Formó su ganadería en 1892, con 70 vacas del duque de Veragua y dos toros de Jacinto Trespalacios —procedentes de Fernando Pérez-Tabernero—. Sus reses alcanzaron gran fama en el primer tercio del siglo XX.
Sus bisnietos Josué y Enrique Crespo recuerdan la ganadería que fundó su bisabuelo Santiago Neches con 200 vacas del duque de Veragua. Una vacada que hoy es Couto de Fornillos.
En 1914, Ángel Rivas, casado con una hija de Fernando Nuño, compró la ganadería de Neches, que se llevó a dehesas sayaguesas.
Los hermanos Villar, Francisco y Victorio, heredaron la dehesa de Sexmil, en Cabañas de Sayago, y compraron después la vacada del madrileño José Vega. Aunque el fundador de este encaste fue José Vega, sería Paco Villar "el verdadero creador" de la casta Vega-Villar, expone García Salazar en su libro.
El salmantino Ananías Escribano compró ganado al marqués de Villagodio, que dejó pastar en las dehesas de Villaguer (Toro) y la sierra de la Culebra.
Esteban y Auxilio Tabernero Rodríguez tuvieron vacas en Sayago. Mientras que Villagodio Hermanos (hijos del marqués) volvió a ocupar la dehesa de San Pelayo, en Coreses, con reses que compraron al salmantino Francisco Sánchez.
El hijo de Teófilo Álvarez cedió en 1950 varios novillos a Los Moleros, con la condición de que estos lidiaran a nombre de su padre. Diez años antes, la ganadería Viuda de Molero se formó con reses de Manuel Cesáreo Angoso, procedentes de Veragua y Santa Coloma. En la actualidad, Teresa Molero lleva la vacada, con la que han triunfado toreros como Ortega Cano, Julio Aparicio o Enrique Ponce.
El toresano Valeriano Cuadrado Luis —que también fue propietario de la plaza de toros de su localidad— compró 70 vacas y un semental a Nemesio Villarroel.
El benaventano Santiago Muñoz Madrigal fue el primer propietario de la ganadería El Rejón, de la que se hizo cargo su hijo, Santiago Muñoz Represa.
El salmantino Onofre San Miguel adquirió una punta de vacas y toros a Julio Jiménez (padre), a los que luego añadió otras reses, y en 1953 compró la vacada de Teófilo Álvarez.
Casimiro Sánchez Martín asentó su ganado en Benavente. Los hermanos Sánchez Pastor, Eusebio Rodríguez Vila, Filiberto Sánchez de Rubiales, los saucanos Cipriano Martín y su hijo José Antonio, o Julio Jiménez Martín fueron otros que, hacia el ecuador del siglo XX, tuvieron sus ganaderías en la provincia.

Ganadería de Rodolfo Gallego, hijo de Agustín Gallego, natural de Venialbo. / Carmen Toro
Agustín Gallego, Hermanos Jiménez Flores, José Luis Mayoral, Félix Robledo, Julián Crespo Amigo, Juan José Santos Jal, Manuela Calvo Chamorro, Hermanos Bragado o Patricia Villasante —hija de Marcial Villasante— han continuado la historia ganadera zamorana ya en la segunda mitad del siglo XX y la mayoría de estas reses bravas siguen pastando y lidiando en el presente siglo XXI. n
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