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Economía

La pobreza silenciosa afecta ya a cuatro de cada diez zamoranos

Se trata de colectivos integrados en la sociedad, como mayores del entorno rural y familias con sueldos precarios, a los que cada vez les cuesta más llegar a fin de mes

Una mujer mira los precios de los productos en uno de los puestos del Mercado de Abastos de Zamora.

Una mujer mira los precios de los productos en uno de los puestos del Mercado de Abastos de Zamora. / Víctor Garrido

Personas mayores que viven solas, trabajadores con sueldos precarios, familias que no cumplen los requisitos de las ayudas y hogares rurales alejados de los servicios sociales concentran una pobreza invisible que no siempre aparece en las estadísticas oficiales. En concreto, cuatro de cada diez personas en la provincia sufren de la llamada pobreza silenciosa, que el último Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en Castilla y León, elaborado por la Fundación Foessa, identifica como uno de los principales retos sociales de la comunidad y que afecta de forma especial a territorios envejecidos y rurales como Zamora.

Una realidad que sufren miles de zamoranos, se estima que en torno a 72.000 habitantes, que viven con ingresos insuficientes sin figurar en los registros de exclusión social ni acceder a ayudas públicas. El informe constata así que pobreza y exclusión social no siempre coinciden, lo que deja fuera del radar institucional a una parte importante de la población vulnerable.

"Existe un porcentaje significativo de personas que se ven afectadas por procesos de exclusión social, pero que cuentan con ingresos que superan el umbral de la pobreza y, de igual manera, parte de la población puede verse en situaciones de pobreza monetaria que no van acompañadas de una situación de exclusión social", señala el estudio.

Declaración que avalan los datos, puesto que el 16,2% de las personas afectadas por la exclusión social no enfrentarían riesgo de pobreza, mientras que el 43,3% de habitantes que enfrentan pobreza monetaria serían personas socialmente integradas. Diferencias que la investigación de Foessa alude al mayor alcance generalizado que tiene la pobreza en Castilla y León, tanto entre la población excluida como entre la integrada, una circunstancia que en provincias como Zamora se ve reforzada por el envejecimiento, la despoblación y la dispersión territorial.

Un grupo de personas mayores a las puertas de un comercio en la capital zamorana. | VÍCTOR GARRIDO

Un grupo de personas mayores a las puertas de un comercio en la capital zamorana. / Víctor Garrido

El estudio ubica al conjunto de la población en cuatro espacios diferenciados: la integración sin pobreza, donde se sitúan las personas que no son pobres ni están excluidas; la pobreza integrada, que engloba a quienes tienen bajos ingresos, pero no sufren exclusión social; la exclusión sin pobreza, formada por personas con ingresos por encima del umbral, pero con graves dificultades sociales; y la exclusión con pobreza, el grupo más vulnerable, que acumula ambas situaciones.

Es, por tanto, la pobreza integrada la que alimenta la pobreza silenciosa en territorios como Zamora con personas mayores con pensiones mínimas que no solicitan ayudas, trabajadores pobres con empleos temporales o a tiempo parcial y familias que sobreviven con dificultades, pero sin acceso a recursos sociales estables. Invisibilidad que se agrava, sobre todo en el medio rural, por la dispersión territorial, la falta de servicios de proximidad y la brecha digital.

Una alertante situación de pobreza oculta que corre el riesgo de cronificarse ante el incremento del coste de los bienes y servicios básicos como la vivienda, la alimentación o la energía y que erosiona el poder adquisitivo de muchos hogares que, a pesar de tener propiedades, carecen de liquidez para cubrir gastos y cuyos salarios no han crecido al mismo ritmo que los precios.

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