El duelo tras la pérdida de un ser querido: cuando la Navidad se queda sin madre
Las festividades navideñas avivan la herida de la pérdida que en muchas casos aún no ha llegado a cerrarse. El duelo, que no conoce de fechas ni de tiempos, aunque sí de vínculos, se mece como las olas entre los distintos días del calendario, acechando algunas de las fechas más señaladas para clavarse en lo más profundo del pecho, entre el dolor y el recuerdo

F. E.
"Josefa era grandiosa, luchadora, trabajadora, una madre, abuela y suegra ejemplar, todo el mundo la quería y siempre estaba dispuesta a ayudar", sentencia Vanesa Rodríguez, su hija, rota de dolor por su ausencia estas navidades. "Es muy duro perder a una persona que idolatras, y que más que madre, era mi mejor amiga. Simplemente, era Josefa, y para ella no hay explicación".
Setenta años dan para mucho, pero no son suficientes cuando aún queda una vida por delante que, aunque ella supo disfrutar con creces, no pudo vivir al completo: "Ahora mismo para mí la Navidad se ha terminado. No quiero enfrentarme a estar sentada en esa mesa sin ella. Mis padres venían siempre desde Cáceres. Yo iba en el puente siempre a buscarlos. Ellos gozaban de estar con sus nietas, jugaban al parchís, hacíamos cosas juntos… creábamos ese espíritu de la Navidad, que es estar en familia".
Qué irónico, aquel 5 de abril el mundo se quedó un poco más huérfano, pero como dijo Sabina, "la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido". "Lo peor es que pretenden que lo hagas, que sigas como si nada hubiera pasado, como si un simple "es ley de vida" fuera a darte la respuesta a tanto dolor. Sobre todo cuando sigo pensando que a ella le negaron la oportunidad de haber luchado", explica Vanesa.
Es muy duro perder a una persona que idolatras y que, más que madre, era mi mejor amiga
"No todo el mundo es consciente de la muerte", al menos, eso es lo que dice Melda Muñóz. Ella es psicóloga y colabora en la iniciativa "Es Navidad y hay una silla vacía" que promueve el programa Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación "La Caixa" con el objetivo de ofrecer apoyo y espacios de encuentro a personas como Vanesa que están viviendo el duelo por la pérdida de un ser querido, algo que se hace aún más doloroso en Navidad en Navidad. Muñoz trabaja además en el área de cuidados paliativos, donde la muerte se pasea diariamente por cada uno de los pasillos: "Vivimos en una sociedad que ha cambiado mucho, antes la muerte se vivía de una manera mucho más normal. Un proceso doloroso, pero normal. Ahora el agravante es que vivimos de espalda a la muerte. Como si no existiera, para que así, no nos haga daño". Por desgracia, el efecto es el contrario.
La catarsis llega cuando descubres que el sillón está vacío, cuando la ropa ocupa el armario o cuando su perfume inunda las habitaciones. Entonces, cada engranaje del reloj de la cocina retumba en tu cabeza, recordándote que el tiempo sigue pasando. "Mi cabeza no ha parado ni un momento. Al principio no pude parar de pensar en por qué a mi madre no le habían diagnosticado ese cáncer a tiempo. Después, en que no era real, que todo esto era un sueño. No me creía que mi madre estuviera en esa caja metida. Ahora estoy en la fase de echarla de menos".

Josefa Esteban, con su hija Vanesa. / Cedida
El olvido acecha incansable, agazapado entre el recuerdo y la memoria, esperando el momento perfecto para borrar su voz, su risa, sus manos. Entonces el olvido da paso al egoísmo, a las dudas que siguen brotando sin freno, a las cuestiones sin solución, al "¿este dolor es por mí o por ella ¿Hice las cosas bien?". Cuando el padre de Vanesa falleció apenas tuvo derecho a vivir el duelo: "Me siento culpable porque parece que le estoy dando más importancia a mi madre, pero ahora mismo la pérdida qué más reciente está es ella, y sé que mi padre lo sabe". Melda dice que "esta confusión en la lucha entre el dejar marchar y el querer que tu ser querido se quede a toda costa", palabras que calman, pero que no sirven de consuelo si al alzar la copa la suya no acompaña el brindis.
Puede que Josefa Esteban ya no esté en este plano terrenal, y que Vanesa no vuelva a celebrar las Navidades, pero su madre sigue a su lado, haciéndole "guiños" para que no se olvide de que sigue con ella: "Hay un parque natural en Extremadura que se llama el parque natural de Monfragüe. Cuando mi madre falleció me enfadé con ella por haberse ido, así que decidí pasear por ahí aunque a mi madre nunca le gustó que lo hiciera. Entonces noté un pellizco en la mano como diciéndome, "oye, que te he dicho que no te bajes por ahí". En ese momento le dije que estaba enfadada porque se había ido. Ahora mismo sé que está conmigo".
Quizás el árbol de Navidad no haya decorado la casa de Vanesa este año, pero en uno de los cementerios de Extremadura hay un cigarro esperando a que Josefa baje a fumárselo mientras consuela a su hija a los pies de una lápida.
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