Copaternidad y heridas de infancia: de los cumpleaños dobles a la comprensión adulta
La copaternidad ha cruzado el charco para formar parte del modelo familiar de los españoles, un sistema que, aunque aún no es muy conocido, empieza a calar en aquellos que desean ser padres. Tan solo es necesario un contrato y una agencia para "compartir" un hijo sin la previa existencia de una relación sentimental

Las familias han evolucionado dando pie a diversos modelos que reflejan los cambio sociales y culturales. / Pexels
Los padres de Maya (nombre ficticio de una zamorana real) se separaron cuando ella apenas tenía tres años. Desde entonces, su vida era un constante ir y venir: dos casas, dos armarios, dos bicicletas e incluso dos cumpleaños. Para ella no era algo raro, era su vida, y al fin y al cabo en su memoria no cabían los restos de la convivencia del pasado. Imaginar a sus padres juntos era incómodo incluso en sus pensamientos. No, no era algo raro, aunque no fue hasta los ocho años cuando se dio cuenta de que sí era diferente.

De los cumpleaños dobles a la comprensión adulta
El paso de los años ha colocado los términos "divorcio" o "separación" a la orden del día, sin embargo, cuando Maya era pequeña, a pesar de no ser un tema tabú, no era tan común como lo es ahora. Fue un día como otro cualquiera, cuando, mientras se preparaba en el baño del colegio junto a sus amigas, le preguntaron: "A quién prefieres, ¿a tu madre o a tu padre?". No se trataba de "a quién quieres más", sino de cuál era más divertido, de quién le daba más libertades, de con quién prefería pasar más tiempo. "Ojalá viviera solo con mi padre, él me deja cenar siempre palomitas", dijo una de ellas. Aquel momento quedó grabado para siempre en la memoria de Maya. Para ella no era guay separarse de su madre, tampoco lo era dormirse llorando en silencio echando de menos a su padre. No, ella jamás echó de menos la vida que nunca tuvo, pero sí a cada uno cuando el otro no estaba, y eso no era divertido.

De los cumpleaños dobles a la comprensión adulta. / Pexels
A los 12 años Maya empezó a odiar su modelo familiar. A los 16 se reveló y llegó a cortar lazos. A los 20 se arrepintió. Y no, no era la edad, solo era una persona intentando encontrar estabilidad dentro de su mundo inestable. Solo buscaba comprensión y seguridad en aquellos que no la entendían. Solo quería el cariño de su padre cuando estaba lejos, o el de su madre cuando no podía estar con ella. A los 22 empezó a conocer a mucha más gente en la misma situación, su círculo se abrió, y con ello, la tranquilidad llegó a su vida. O al menos, fue su primera toma de contacto.
Maya no había sido infeliz, pero siempre hubo algo dentro de ella que dolía. La maternidad era un tema demasiado lejano, pero la idea de formar una familia con la persona equivocada le aterraba. Por eso, cuando leyó aquella noticia sobre la copaternidad, no pudo evitar preguntarse: "¿Quién elegiría algo así por encima de tenerlo sola? ¿Quién elige criar, educar y cuidar a un hijo con un desconocido? Si es difícil cuando hay una relación romántica, ¿cómo va a ser posible sin la existencia de esa base emocional?".

De los cumpleaños dobles a la comprensión adulta. / Pinterest
El debate interno dejó de serlo cuando tras darle vueltas a las vueltas decidió verbalizarlo convirtiéndolo en un debate de barra, donde buscaba que alguien le explicase qué era esto, aunque estaba segura de que no iba a ser capaz de comprenderlo. Maya no creía que el modelo "familiar tradicional" fuera más feliz que el resto, tampoco en los "vínculos de sangre", y mucho menos que no compartirla fuera sinónimo de no ser familia. Siempre había defendido la idea de la diversidad en los modelos de crianza, pero había algo en este que se le escapaba, y un poco, le dolía, como aquella frase en el baño del colegio.

De los cumpleaños dobles a la comprensión adulta. / Pexels
Tras la barra, el tema pasó al café en el trabajo, y un día, casi sin querer, terminó frente a Silvia Casaseca, su psicóloga, quien le dijo: "No es la estructura familiar lo que marca la felicidad, sino la calidad de los vínculos. Da igual si hablamos de copaternidad, de una pareja tradicional o de padres separados. Lo que verdaderamente importa es que los niños perciban una relación sana entre sus referentes, donde el respeto, la comunicación, la coherencia en normalidad y límites, y la ausencia de conflictos continuos sean la clave. Esto es lo que les da estabilidad y seguridad, y desde ahí aprenden a gestionar emociones, a relacionarse y a resolver conflictos. Todo lo demás es secundario".
Fue entonces, cuando a sus 27 años, entendió que no se trataba de con quién, sino de cómo. Y de la misma manera, pudo abrazar a aquella niña de 8 años que había querido tanto que dolía. Porque sí, había sido feliz, pero no pudo querer tanto como hubiera deseado.
Suscríbete para seguir leyendo
- Suspendida la multitudinaria asamblea del Jesús Nazareno en Zamora por esceso de aforo: cabreos y nueva fecha en el aire
- Así era en los años 50 Monte la Reina, el prestigioso campamento militar de universitarios
- Piden 15 años de prisión al dueño de By Alice por drogas, armas y blanqueo: juicio en la Audiencia de Zamora
- Radiografía del IMV en Zamora: quiénes lo cobran, cuántos son extranjeros y cuál es la cuantía media
- Suelo para dar vivienda pública a 800 zamoranos: el 'regalo de Reyes' que el Ayuntamiento hace a la Junta
- Laura, mujer transexual de Zamora: 'El camino es difícil, pero hay que vivir, los miedos no duran siempre
- Francis' no se olvida de Zamora y deja un reguero de nieve por toda la provincia
- La Diputación de Zamora saca las bases para contratar dos oficinas móviles contra la exclusión financiera