José Luis Alonso Coomonte, una olla hirviendo de creatividad
Fallece a los 93 años el escultor benaventano José Luis Alonso Coomonte, cuya obra deja una huella imborrable en las calles de Zamora y de su localidad natal, así como en la Semana Santa de ambas ciudades. Un artista universal que trascendió fronteras y, por encima de todo, un hombre que destacaba por su generosidad, según todos los que le conocieron.

F. E.
La cultura zamorana hoy brilla con menos luz tras el fallecimiento, ayer de uno de los artismás universales de esta provincia, un escultor muy vinculado a esta tierra pero que trascendió las fronteras de Castilla y León y de España. José Luis Alonso Coomonte (Benavente, 1932 – Zamora, 2025) era uno de los máximos exponentes de una gran generación de artistas que empieza a desaparecer. Él no se inició en la zamorana Escuela de San Ildefonso porque se formó en su Benavente natal, pero se unió al resto de pintores y escultores de ese magnífico grupo cuando coincidieron en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde completaron su formación. Así lo recuerda Antonio Pedrero, que conoció a Coomonte en 1954 cuando él y Jesús Hernández Pascual visitaron el estudio del benaventano en la calle Atocha de la capital para ver una obra que estaba esculpiendo en ese momento, un Jesús Flagelado que aún hoy sale en la procesión del Silencio de Benavente. "No he conocido una persona más creativa en todos los ámbitos del arte. Yo defino a José Luis Coomonte como una olla hirviendo de creatividad", sentencia Pedrero, que no deja pasar la ocasión de volver a reivindicar un espacio expositivo en Zamora para los artistas de su generación, que es también la de Coomonte y la de muchos otros como Alberto de la Torre Cavero, Luis Quico, Ramón Abrantes, Tomás Crespo Rivera, Higinio Vázquez o Fernando Pennetier, por citar a algunos vivos y muertos.

José Luis Alonso Coomonte en 2017 en Zamora. / JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
Tras su paso por Madrid, José Luis Alonso Coomonte residió en Coca (Segovia) y en París, para volver en 1958 a Benavente como profesor de dibujo en el colegio Virgen de la Vega, labor que compaginó con un taller de forja en el que continuó desarrollando su arte. Su vuelta al terruño no empequeñeció a Coomonte, al contrario. Fue en esos años cuando comenzó a traspasar fronteras. En 1960 representó a España en la Bienal de Arte Sacro de Salzburgo (Austria) con la obra "Ostensorio", con la que ganó la Medalla de Oro de Escultura, su primer reconocimiento a nivel internacional. La obra pertenece al Estado español y actualmente se expone en el Museo Reina Sofía, pero Antonio Pedrero reivindica que el Obispado de Zamora la solicite en depósito para que se albergue en la Catedral.

GALERÍA | Repaso a la trayectoria de José Luis Coomonte, fallecido a los 93 años /
Un año más tarde, Coomonte participa en la II Bienal de París y es seleccionado para la exposición en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, y en 1962 trasladaría su labor docente al Instituto Laboral Virgen de Atocha de Madrid. Sin duda la década de los 60 supuso el salto de Coomonte al panorama internacional y expuso en distintas ciudades de Europa y América.
Sin embargo, nunca se desvinculó de Zamora, y acabaría fijando su taller en la pequeña localidad de San Marcial, donde ha seguido creando arte hasta el final de su vida, mientras las fuerzas se lo han permitido. En los años 80 fue director de la Bienal de Arte de Zamora que puso a la ciudad en el mapa a nivel internacional. A partir de los 90 participó en distintas ediciones de Las Edades del Hombre, pero ese no fue el único reconocimiento a nivel autonómico, ya que en 2020 se le concedió el Premio de Castilla y León de las Artes y en 2021 protagonizó una exposición monográfica en el Museo Etnográfico de Castilla y León.

Emilio Fraile
Arte público
El artista de Benavente tenía una predilección por el arte público, dejando gran parte de su legado artístico esparcido por plazas y parques de Zamora, Benavente, Madrid o Salamanca. En este apartado, distintas Cajas de Ahorro le encargaron hermosas rejerías y otras ornamentaciones para sus edificios que también expandieron la firma de Coomonte por capitales de provincia como Segovia, Soria, Ávila, Toledo u Oviedo. Hasta en plenos Picos de Europa, en el Mirador del Tombo, hay un tótem coronado por un rebeco elaborado enel taller del benaventano.
De las manos de Coomonte salieron iconos de la ciudad de Zamora como La Farola de la Plaza de la Marina o el Miliario que corona el extremo opuesto de este parque. Sobre la famosa farola los zamoranos recordarán que en 1990 el artista se encadenó a la misma encaramado en lo alto con una enorme pancarta que rezaba "Agresión del Ayuntamiento" en protesta porque el Gobierno municipal había repintado la obra sin su permiso. En 2020 Francisco Guarido decidió darle un nuevo lavado de cara a la Farola de Coomonte, pero no cometió el mismo error que Antolín Martín treinta años antes, él sí pidió permiso al artista.

Encadenado a la Farola de La Marina en 1990. / NAVARRO
Además de los dos monumentos de La Marina, Coomonte plantó muy cerca de allí, en el Centro Comercial La Marina, su obra Manhattan II, y es el autor del enrejado de las vallas de este complejo, también de la rejería y las puertas del Banco de España, la rejería del edificio de la Junta en el León Felipe, o de la enorme escultura Equilibrio Horizontal Móvil, que durante años se pudo ver frente a la delegación de Hacienda en la plaza de Castilla y León y actualmente está ubicada en el parque de San Martín. El pintor zamorano Diego Benéitez valora que Coomonte haya convertido gran parte de la ciudad en "una galería viva" de arte, pero, por encima de todo, aprecia cómo Coomonte fue capaz de "trascender el paradigma de Zamora" desde que fue premiado en Salzburgo. "Cuando una obra es buena trasciende las fronteras y las generaciones, se entiende en todos los lugares", abunda el artista. En este sentido, el pintor considera que desde 1960 Coomonte revolucionó el arte sacro, innovando en las formas y materiales, "era un artista del rock and roll".

Con Guarido en la instalación del homenaje a los poetas de Coomonte. | JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
La ciudad de Benavente también es un museo al aire libre de Coomonte. Allí dejó rejas y elementos decorativos como el reloj en la antigua sede de la Caja de Ahorros Provincial de Zamora en la calle Doctor García Muñoz; en 1978 realizó la fachada de la discoteca AZ ubicada en la calle de los Carros, creando un universo de figuras humanas y figuras geométricas; también es autor de una escultura de hierro titulada "Agrupamiento Meteórico" (1981) en el Centro Cultural Soledad González. En 2002 se instaló en los Paseos de Soledad González la escultura de hierro "El gran lazo". Un año más tarde creó el Mosaico de la Veguilla, que representa el emblema de Benavente con un puente entre dos castillos y la Virgen de la Vega rodeada de los cinco ríos que bañan la comarca. Esta obra se trasladó en 2023 a la peatonal plaza del Grano, junto a su nueva ubicación se alza "Alegoría de Benavente y los Valles", también conocida como "las cucañas de Coomonte". Instaladas en los jardines de la Plaza del Grano, frente a la casa del Cervato, se convierten en referentes visuales para el ciudadano.
Además, el municipio natal de José Luis Coomonte fue escenario de la última exposición monográfica que se le organizó en vida, a iniciativa del Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, el pasado mes de mayo, que inauguró el propio artista: "Tengo que venir más. Tengo que hablar de Benavente porque me he perdido muchas cosas y ahora me homenajeáis", prometió en su discurso. Coomonte, con el peso de sus 93 años a las espaldas, llegaba a Casa Solita conmovido por el cariño que le demostraban sus paisanos: "Vaya la que habéis liado. Soy ateo pero los ángeles siempre me cuidan" dijo al llegar.

Juan Antonio Gil
Arte religioso
Es curioso que, siendo ateo confeso, además del arte público dedicara su vida a cultivar el arte sacro. "José Luis era un ateo con mucha fe. Fe en las personas, que es algo que tristemente está desapareciendo", asegura José Fernández Nieto "Chele", católico, amigo de Coomonte y expresidente de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída de Zamora, una cofradía de Semana Santa cuya estética está claramente marcada por el arte del escultor benaventano. Fernández Nieto, que se encuentra de viaje, quiere trasladar desde estas páginas su pésame a toda la familia del artista, y recuerda que en toda la obra del ateo Coomonte se reflejan dos temas que se repiten de forma recurrente: la cruz y el arado, este último como representación de la unión de la tierra y el hombre.
ARTÍCULOS DE OPINIÓN
- "Coomonte, hierro sacro", por Rafael Ángel Lozano de las Heras
- "José Luis, te vas pero te quedas", por Luis Felipe Delgado de Castro
- "A mi lo que me divierte es vivir", por Fernando Regueras Grande.
- "Toneladas de ideas", por María José Rodríguez Tobal.
- "Volver a nacer, Coomonte", por Javier García Martín.
- "Coomonte, artista, genio y figura", por David Gago.
El artista fue el autor de la primera mesa procesional de la imagen titular de la cofradía, cuando esta procesionaba sobre ruedas, un carro de vidrio que los zamoranos, acostumbrados a no ver más materiales en las obras de la Pasión que la madera y la tela encolada, apodaron "la tanqueta". Cuandola imagen de Quintín de la Torre pasó a procesionar a hombros la mesa se transformó en un altar sobre el que descansaba la imagen el resto del año en la iglesia de San Lázaro, y posteriormente fue desmontada, con permiso de Coomonte, para elaborar el Via Crucis que aún hoy se puede ver en las paredes de este tempo.
Tras la retirada de la mesa Coomonte prometió a los directivos de Tercera Caída que donaría a la cofradía una cruz nueva cada año, obras que también supusieron una enorme novedad en la Semana Santa de Zamora, en las que usó todo tipo de materiales como la forja, el vidrio, la madera. El culmen de esta serie fue la enorme cruz de yugos que procesiona sobre andas cada tarde de Lunes Santo. Más tarde se atrevió a hacer una corona de espinas a partir de rejas de arado, otra imagen nunca vista en la Pasión zamorana. Esta obra, salió en su primer desfile procesional colgando sobre unas cadenas, pero el bamboleo de una corona tan pesada golpeaba a los portadores y varios precisaron atención médica, por lo que de cara al siguiente año se subió en las andas actuales.

Una de las cruces de Coomonte para la Tercera Caída. | EMILIO FRAILE
Fernández Nieto "Chele" recuerda que además de estas obras, más grandes y conocidas, Coomonte también diseñó las cruces pectorales que cada año portan los cuatro hermanos más jóvenes de la cofradía, elaboradas en los años 1990, 2000, 2003 y 2009. El artista no cobró por ninguna de ellas, "regaló todo a la cofradía, era un hombre muy desinteresado, solo le pagábamos los materiales de las obras más grandes, como los arados, porque son muy caros, pero no cobraba por su trabajo", reconoce el expresidente de la hermandad.
Todos ayer coincidían en señalar la generosidad y el carácter humano de José Luis Coomonte. "Era un ejemplo en todo, una persona buenísima, su riqueza artística era enorme, pero era aún más grande su riqueza espiritual", destaca su amigo Antonio Pedrero.
El arquitecto y artista Francisco Somoza también lamentaba la pérdida de Coomonte: "Ha muerto un escultor como un artista, capaz de transformar con sus manos los materiales que nos aporta la naturaleza. Una mirada limpia y diferente que nos ayuda a ver lo invisible. Un amigo cuya generosidad nos deja en deuda con él".
Nadie faltó para expresar sus condolencias a la compañera sentimental de José Luis Coomonte, Marinalea, a sus hijos Pablo y Paz y al resto de su familia y amigos. No solo desde el mundo de la cultura, también expresaron su pésame instituciones como el Ayuntamiento de Zamora, el Ayuntamiento de Benavente, la Diputación Provincial, la Fundación Edades del Hombre o la Junta Pro Semana Santa. También el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, dio su pésame a través de las redes sociales.
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