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Entrevista | Antonio Praena Poeta y sacerdote dominico

"La poesía nos obliga a mirar al mundo con una conciencia crítica"

Abramos nuestra mente porque sin apertura no hay felicidad ni hay dignidad

El poeta y sacerdote dominico Antonio Praena en el Teatro del Seminario San Atilano. | VÍCTOR GARRIDO

El poeta y sacerdote dominico Antonio Praena en el Teatro del Seminario San Atilano. | VÍCTOR GARRIDO

Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

 El sacerdote dominico y también poeta Antonio Praena ha sido uno de los ponentes en las primeras jornadas internacionales «De la poesía a la esperanza», celebradas días atrás en el Teatro del Seminario San Atilano. La propuesta, coordinada por el poeta Jesús Losada, cuenta con el impulso de la Diócesis de Zamora y supone la primera actividad cultural programadas de manera paralela al desarrollo de Las Edades del Hombre.

"La belleza entre las ruinas, teología de la esperanza en tiempos desesperados" representa el título de su conferencia. ¿Cómo se puede generar esperanza en un mundo actual?

Podemos cambiar el mundo en el que pensábamos que iba mejor y sin embargo va peor, con políticos de corte totalitario y populista, con nuevas guerras en las fronteras de la Europa civilizada, con catástrofes naturales, incendios… En primer lugar, necesitamos una reconstrucción interior y personal. Hay un elemento personal de fe, en mi caso que me dedico a la teología y que soy fraile, muy importante. Por otro lado, hay que volver a leer a los clásicos, leer poesía, leer la Biblia, leer el Quijote. Confianza en la cultura y en el pensamiento crítico.

¿Qué puede aportar la poesía en esta sociedad crispada?

Ayudar a pensar con claridad y ayudar a pensar de una manera creativa. No conformándose con lo dado, sino con lo que en el fondo nosotros aspiramos. Valores como la Justicia o la Paz, primero hay que desearlos intensamente. La poesía nos obligar a leer el mundo y a mirarlo con conciencia crítica y pudiendo, en esta maraña, elegir los horizontes hacia los que queremos caminar. Este tipo de sociedad de la dispersión y del espectáculo no nos deja pensar hacia dónde queremos ir. Nos ha privado de la pregunta por el sentido hacia dónde queremos caminar y también nos ha individualizado y privatizado, reduciéndonos a supervivencia, a producción, a bienestar de una manera individualizada. El mundo se ha convertido en un gran centro comercial, las ciudades en un parque temático. En ese contexto la poesía nos puede devolver la limpieza a los ojos, la limpieza a la mente para distinguir realmente hacia dónde queremos ir, para preguntarnos por el sentido de la vida. No solo en qué maraña, en qué montaña rusa estamos montados, en qué parque de atracciones estamos entretenidos, sino qué tipo de mundo queremos construir y debemos construirnos. Esa calma, esa lentitud, esa conexión con un ideal humano nos lo debe dar la poesía.

Fotos de entrevista y de la charla de Antonio Praena

Antonio Praena durante su intervención. / Victor Garrido / LZA

Habla de pensamiento crítico que va de la mano de la filosofía, una disciplina que ha sido casi desterrada de la enseñanza.

El sistema educativo ha tendido los últimos años a producir especialistas, personas que acaban siendo grandes químicos o ingenieros, pero nos ha privado de la formación humanista, de la pregunta por las grandes cuestiones. Estamos en la posmodernidad y las cuestiones grandes que ya abordaba el cristianismo y la modernidad, están quedando de soslayo. Qué es el ser humano, qué es la felicidad, qué es el amor, qué es la compasión… esas grandes preguntas, que incluso parece que las ridiculizamos como anticuadas o desfasadas, tienen que volver. El sistema educativo debería ayudarnos a reflexionar sobre ello. Hay que retomar las humanidades, la filosofía, la literatura, el estudio de las religiones… El sistema tiene que formar personas, no solo profesionales o seres destinados a ocupar una plaza y a ganar mucho dinero. Los medios de comunicación y el cine deberían ayudarnos. Por otro lado, se está produciendo hay un poquito de luz con en este renacer un poquito de lo religioso cuando una diva de adolescentes dice que le llena Dios, el tema de Rosalía, o películas tan maravillosas como "Los Domingos" o el libro que ha publicado el premio Princesa de Asturias de Comunicación, Byung-Chul Han, que se titula "Sobre Dios". Son pequeños brotes debemos aferrarnos porque son la esperanza.

Fotos de entrevista y de la charla de Antonio Praena

Antonio Praena en su visita a Zamora. / Victor Garrido / LZA

Su último poemario lleva por título "La belleza del otro" donde aboga por dejar de lado el yo, lo que contrasta con el actual mundo egocentrista. ¿ Es nadar contracorriente?

Es justamente eso. Filosóficamente es superar ese paradigma de un yo, que mira al mundo desde su yo, que se afirma a sí mismo y solo acepta lo que su yo le dice, o su derecho, o su apetencia y pasar a un modelo que mira a los ojos del otro, que se deja interpelar, que es empático, que es capaz de sufrir con el otro, que sale un poco de su narcisismo, de su aislamiento. Es una afirmación de la historia del otro. Los poemas son un narrar historias de los otros, ponernos un poco en su piel y encontrar un poco también redención en el otro porque, a la vez, lo anterior nos lleva a hacernos cada vez más solitarios. Incapaces para las relaciones de compromiso a largo plazo afectivo o ideológico. Al final acabamos siendo muy infelices. Estamos más solos, menos comunicados porque el otro ha perdido importancia. Estamos en un mundo muy endogámico y sin salir de uno mismo no hay felicidad, ni hay plenitud, ni hay alegría.

El poeta es como una caja de resonancia, un ser mediador, un ser permeable

¿Cómo concibe usted la labor de un poeta?

Desde mi punto de vista el poeta es como una caja de resonancia. Primero tiene escuchar. No hay poesía sin escucha. Escuchar y dejar que en ti, como en una caja de resonancia, el mundo hable. El primer elemento para mí del poeta es un ser mediador, un ser permeable. Que las voces que no se escuchan, que las cosas que no se ven, cobren palabra y hablen a través del poeta y de su poesía. Y, en segundo lugar, poner a eso un pensamiento creativo. La poesía es diferente de la filosofía, de la política porque se atreve a poner una visión creativa, a decir cosas que pueden parecer imposibles. Pero que hay que mantenerlas dichas para creer en ellas, para no olvidarlas. Entre un ser hipersensible, que ve lo que los otros no ven, como todos los artistas. Y a la vez, como un ser profético. Poético y profético van de la mano y los poetas han de sufrir, han de ser incomprendidos, han de ser incluso rechazados pero es que están viviendo un siglo por delante de su tiempo. Yo creo que eso el poeta también tiene que hacerlo y atreverse.

Descatalogarte un poco del contexto eclesiástico dado no siempre es entendido, pero no comprendería mi sacerdocio de otra manera

¿Se siente incomprendido?

Mi situación real, como sacerdote y como poeta, hace que sí, que a veces me haya visto incomprendido en contextos eclesiales o eclesiásticos. Hemos vivido la época maravillosa del Papa Francisco en el que hemos podido hablar sin miedo, y podemos ahora hacerlo, de otras cosas, pero esto va lento. Mis amigos, mis compañeros, son gente atea y agnóstica con otras formas de entender la vida, la sexualidad o la identidad. Y son con ellos con los que paso tiempo, con los que estoy en recitales, con los que voy a festivales, hago talleres... Desde una visión muy clericalizada o eclesiástica de las cosas, descatalogarte un poco del contexto eclesiástico dado, normativo, moralizante... no siempre es entendido. No obstante, me siento felicísimo de poderlo hacer. No entendería mi sacerdocio de otra manera.

Fotos de entrevista y de la charla de Antonio Praena

Antonio Praena. / Victor Garrido / LZA

¿Un poco Quijote?

Yo me siento más bien con los pies en la tierra, con los pies en el mundo. Con las manos manchadas con lo que pasa en la calle, con la vida. Me siento muy mezclado con la realidad.

¿De qué manera definiría su creación?

Se necesitan puentes y foros entre la Iglesia y el arte donde lo que importe es lo que tenemos que decir como persona y no solo defender dogmáticamente, como religión

Apuesto por la sencillez. Para mí la poesía es un acto de comunicación.. Transmitir, emocionar, llegar al otro, me parecen fundamental. Sin el otro no hay lenguaje ni hay poesía. Mi apuesta es la claridad. Además, también hay que decir que la claridad es más difícil que la oscuridad. Solo cuando comprendes o estás muy empapado de algo, lo puedes transmitir. A veces el arte y la poesía juegan a despistar, a engarrafar con supuesta genialidad, supuestos atrevimientos que no saben muy bien si es una engañifa o es una genialidad, y mi apuesta es que solo cuando algo lo entiendes bien, lo puedes compartir. Pero es más difícil, es un plus para mí.

La poesía y la fe son un binomio….

Necesario. Para crear algunas cosas y poderlas llevar al lenguaje, tienes que creer en ellas. Para poder crear, que es lo que hace la poesía, hay que creer. Crear y creer van juntos. Yo creo que está muy cerca, para nada separada. Es un binomio necesario e incluso indisociable.

Usted el responsable de un espacio cultural en Madrid donde tiene cabida todo tipo de manifestaciones artísticas.

Es una antigua iglesia desacralizada y convertida en un centro de exposiciones, pintura, escultura, danza, presentaciones de libros, performance, happenings… San Pablo VI decía, en los años 70, que la escisión entre el mundo de la cultura y el cristianismo era uno de los dramas de nuestro tiempo. Esa escisión no ha hecho más que acentuarse. El mundo de la cultura y del arte han ido por un lado y la Iglesia ha ido por otro. Yo creo que esto hay que reencauzarlo porque siempre el cristianismo, el verdadero, siempre ha sido creativo. Este espacio, O_LUMEN supone abrir sin preguntar a nadie qué cree, qué piensa, qué religión tiene, si la tiene, cuál es su moral, cuál es su ideología, cuál es su identidad sexual. Se necesitan puentes y capacidades del encuentro en un mundo polarizado y crispado.

Fotos de entrevista y de la charla de Antonio Praena

Charla de Antonio Praena. / Victor Garrido / LZA

Habla de tender puentes y uno de ellos es las jornadas en las que ha participado.

Sin duda, desde la confianza en la palabra poética. Creo que está dentro de esa apuesta, del Papa Francisco, no sabemos ahora lo que pasará, pero en esa apuesta de abrirse, de crear puente y foros, donde lo que importa es lo que tenemos que decir como persona y no solo defender dogmáticamente, como religión. Abramos nuestra mente porque, en el fondo, sin apertura no hay felicidad y no hay dignidad.

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