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Tres zamoranos en el Café Gijón

Los escritores Claudio Rodríguez, Jesús Hilario Tundidor y Juan Manuel de Prada han sido una "terna" asidua al emblemático y recién cerrado establecimiento del Paseo de Recoletos madrileño, conocido por su ambiente literario y taurino, y cuyas veladas y tertulias de intelectuales han frecuentado los tres que, también, tienen poemas de temática taurina y textos publicados en defensa de la Fiesta de los toros

Velada reciente en La Taberna de Las Tertulias del Gijón, con el torero Uceda Leal, Rafa Camino o Iñaki Reyes. | Cedida.

Velada reciente en La Taberna de Las Tertulias del Gijón, con el torero Uceda Leal, Rafa Camino o Iñaki Reyes. | Cedida.

Jesús Hilario Tundidor, Claudio Rodríguez y Juan Manuel de Prada tienen en común ser los tres zamoranos que han sido galardonados con el Premio Castilla y León de las Letras. Y también ser asiduos al emblemático Café Gijón y sus tertulias.

Y es que el Gijón, recientemente vendido al grupo de lujo Cappuccino, ha sido durante décadas epicentro de tertulias literarias y taurinas. Adjetivos que comparten también los tres escritores zamoranos.

"Claudio era como una columna que sostenía el Café dentro del mundo cultural", recuerda Pepe Bárcena, que fue camarero en el establecimiento del madrileño Paseo de Recoletos durante 46 años, sobre el autor de "Don de la Ebriedad". Rodríguez "era de la noctámbula de la Gijonada, un ilustre".

Bárcena explica que el poeta zamorano ha estado en las tertulias "más notorias del Café"; él "andaba con José Manuel Caballero Bonald, con todos los poetas".

En "La noche que llegué al Café Gijón", que escribió Francisco Umbral, aparece Claudio (Rodríguez) con el propio Umbral en el Café. De allí, los dos se van al Saúco, en la calle Prim.

Umbral publicó ese libro en 1977, casi una década antes de que Rodríguez escribiese en 1986 para la revista valenciana "Quites" su único poema de tema taurino: "Toreando", dedicado a Antonio Chenel "Antoñete".

En la época en la que escribió ese poema —recientemente rescatado en una antología de 100 poesías taurinas publicada por Andrés Amorós—, sin duda, ya frecuentaba el madrileño café, donde fue "muy querido", asegura Bárcena.

Claudio Rodríguez.

Claudio Rodríguez.

Los jóvenes, los que "todavía estaban buscando" abrirse camino con su poesía, les llamaban "los peotas del Gijón", en lugar de los poetas.

De esa "cuadrilla" de intelectuales también formaba parte otro zamorano: Jesús Hilario Tundidor, quien, como cuenta el excamarero y escritor Bárcena, también frecuentaba el local en el aire de cuyas veladas flotaban el arte, la tertulia y la "explosión" del dios Baco.

Si no muy conocida es esa solitaria poesía taurina de Claudio Rodríguez, quizás lo es menos el poemario taurino de Tundidor.

Como recuerda el crítico taurino y amigo personal del poeta Fernando Primo, la Caja de Ahorros de Málaga editó un libro homenaje que contenía estas poesías.

Porque, como está recogido en alguna entrevista publicada en LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA, Tundidor jugaba a las corridas de toros cuando era niño e, incluso, en aquella etapa infantil, quiso ser torero. Quizás, siguiendo la fugaz trayectoria de su padre, Isidro Hilario "El Chico de la Botica II", Jesús Hilario Tundidor también llegó a torear en capeas y como maletilla, como recuerda su hijo Pedro.

Unas inquietudes taurinas que, a buen seguro, compartiría con sus compañeros en aquellas tertulias y encuentros de intelectuales que acogía el Café Gijón, por donde iba "como un dandi", con sus pañuelos anudados y un gorro, recuerda Pepe Bárcena al zamorano, a quien tuvo "mucho cariño".

Jesús Hilario Tundidor.

Jesús Hilario Tundidor.

No en vano, por allí también era frecuente la presencia de toreros, recuerda Bárcena, como El Estudiante; otro zamorano: Andrés Vázquez, o Ignacio Sánchez Mejías, impulsor de la Generación del 27. Uno de los representantes de aquella generación de la que está a punto de cumplirse su centenario, Gerardo Diego, autor de un buen ramillete de versos taurinos, también iba por allí.

El Gijón "ha tenido distintas épocas muy bonitas, muy bellas, muy especiales; en fin, cuando se fundó, por allí iban los componentes de la Generación del 27, juntados con los que quedaban del 98, una mezcla muy bella, muy bonita", recuerda el camarero Pepe Bárcena. "Era como si estuviera uno en el museo de cera, donde ves personajes de distintas facetas, y, en vez de los personajes de cera, de verdad".

Juan Manuel de Prada.

Juan Manuel de Prada.

En una época más reciente, recuerda también haber coincidido por allí con otro escritor zamorano, Juan Manuel de Prada. Aunque reconoce que, con él, ha tenido "menos contacto".

A Prada, que se le vio en el callejón de la plaza de toros de Zamora durante la pasada Feria de San Pedro, aunque tarde, también le entró la afición taurina, como él mismo ha reconocido en textos publicados en diarios y dominicales de tirada nacional.

Todos esos intelectuales, incluidos los tres zamoranos, estarán presentes entre las casi 1.700 páginas del libro que Bárcena tiene pendiente publicar bajo el título "Café Gijón en la memoria", en el que el camarero y conferenciante recogerá "centenares" de nombres.

"Cuento toda la historia del Café, tanto lo vivido como lo escuchado, las anécdotas. La historia y la leyenda" de un histórico café literario y de tertulias taurinas que acaba de echar el cierre, pero cuyo legado continúa en La Taberna de Las Tertulias del Gijón, que los viernes acoge las "Cenas de Sánchez Dragó", moderadas por el profesor y escritor Iñaki Reyes, y los lunes, la tertulia "Versos Pintados", dedicada a la poesía.

Allí, la memoria de Rodríguez y Tundidor, su poesía y charlas taurinas seguirán estando vivas entre palabras y copas.

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