Lucía Méndez: “Mis padres querían que me fuera de Zamora porque creían que el estudio era la única manera de redimirnos de la pobreza”
La periodista de Palacios de Sanabria es una de las protagonistas de la docuserie "En primicia", que se emite en La 2 y desvela parte de la historia más íntima de los periodistas más destacados y relevantes de nuestro país

Lucía Méndez y Lara Siscar durante la grabación del programa "En primicia" / RTVE
Incisiva, protestona, punky o avispada, con una percepción fantástica de lo que pasa, buenas fuentes y una escritura muy directa y periodística. Así definen a la periodista zamorana Lucía Méndez personas que han trabajado codo a codo con ella y que la conocen muy bien, como la también periodista Ana Pastor o Miguel Ángel Rodríguez, el actual director de gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
A su espalda lleva años de trabajo y sus textos, opiniones y crónicas han acompañado a los grandes hitos políticos de las últimas cuatro décadas. Por ello, Méndez ha sido la protagonista de uno de los episodios de la docuserie "En primicia", que se emite en La 2 y en RTVE Play y que busca poner sobre la mesa parte de la historia más íntima de los periodistas más destacados y relevantes de nuestro país.
Y en este caso, gran parte de esa historia pasa por Palacios de Sanabria. Aunque Méndez reconoce que fue educada para irse de su pueblo, nunca se ha marchado del todo y le duele que la de Zamora sea una provincia “desamparada, olvidada y abandonada”. “Mis padres querían que me fuera porque creían que el estudio, el conocimiento, era la única manera de redimirnos de la pobreza. Era pobreza y era ignorancia”, añade Méndez, que también lamenta que según pasan los años la desigualdad “sea cada vez más grande” y que la educación pública hoy en día “no sea el ascensor social que fue en mi generación”.
Sin pelos en la lengua, la zamorana siempre ha dejado clara sus opiniones, le pesara a quien le pesase. Y no solo en tema políticos: “El tema de la mujer es especialmente sensible y una opinión machista y poca respetuosa hacia la mujer, me molesta. El acoso y la violencia contra las mujeres no se pueden dejar pasar”.
De Zamora a Madrid
Pero, ¿qué recorrido ha seguido Lucía Méndez hasta llegar a ser una de las caras más populares de las tertulias televisivas de la actualidad y formar parte desde el pasado mes de febrero de “Las Top 100 mujeres líderes en España”?. “Todo comenzó con una vocación inverosímil que me llegó por la curiosidad de saber qué pasaba más allá de las montañas dónde vivía. Me fui a estudiar a Madrid y la voluntad de acabar la carrera era tan grande que compensaba las carencias materiales, mi objetivo era tener unas notas decentes para mantener la beca”, relataba en el programa de La 2 la periodista.
Entre sus primeros destinos profesionales estuvo EL CORREO DE ZAMORA, pero ella siempre tuvo claro que se tenía que ir a Madrid. Y en cuanto vio la oportunidad, no la dejó pasar: “Tuve un golpe de suerte. En las elecciones de 1987 hubo un tránsfuga del PSOE que dio la presidencia de la Diputación al PP. Investigamos y había detrás unos empresarios. Entonces llamé al teléfono fijo de la redacción de Diario16 para contárselo. Lo escribí, salió en primera página, y me llamaron para ofrecerme trabajo”.
De la sección de local saltó al Congreso: “Yo no sabía qué hacer, no conocía a nadie, ni las normas, y empecé a presentarme a todo el mundo”. Hasta que logró, con tiempo y trabajo, ser un referente en la Cámara Baja. Sus crónicas, además, iban más allá de lo meramente político: “Esa es la mayor dificultad del periodista, el equilibrio. Acercarse para conocer a la persona, pero no tanto como para que te afecte. Pero conocerlos es imprescindible, eso me empezó a distinguir de una crónica política pura y dura”.
Y es que, según Méndez, se puede ser periodista y empático: “El lado humano y emocional, la personalidad, la trayectoria y la biografía explican los hechos que protagonizan los políticos. Por no hablar de los acontecimientos que ocurren y se explican por los traumas que tienen los dirigentes políticos”.
La zamorana también fue una de las artífices de la fundación del periódico El Mundo junto con Pedro J. Ramírez. Ambos mantienen una conversación durante el programa en la que Méndez, más allá de sus “eternas” discusiones, deja claro el cariño que le tiene: “Siempre me enseñaste y me dejaste ser libre, y esa libertad yo no la voy a perder nunca”.
Una libertad que a veces choca con la línea editorial del medio de comunicación en el que trabajas: “Haciendo editoriales no decides la línea editorial del periódico. Tú trabajas y puedes hacer un editorial con el que no estás de acuerdo. Debes tener capacidad para escribir a favor y en contra de una cosa”.
Una libertad que también ha disfrutado y vivido en el Congreso: “Es el mejor sitio en el que un periodista político puede estar. Es un lugar donde hay libertad para ejercer el periodismo”.

Lucía Méndez / RTVE
El otro lado
Pero Méndez también ha estado “al otro lado” de la redacción. Junto a Lara Siscar, revisó su paso por la Secretaría de Estado de Comunicación, donde trabajó durante dos años con Miguel Ángel Rodríguez y convivió con Ana Botella durante el primer Gobierno de José María Aznar.
Reconoce que aprendió muchísimo, también de las patologías del poder: "La más grande es el aislamiento que pueda tener una persona, la falta de comunicación con la sociedad. A los poderosos los que están al lado nunca les dicen las cosas malas". Pero también señalaba que con el tiempo se dio cuenta de que no era su lugar. "Lo que menos me gustaba era llamar a los periodistas a contarles películas, pero era una cosa que tenía que hacer de vez en cuando. Alguna vez probablemente me dejé llevar por la arrogancia y contesté mal, y de eso sí me arrepiento", detallaba Méndez.
Al final, es trabajo
La vida del periodista no siempre es tan idílica como la gente se piensa, “es adictiva e intensa”. Y conciliar con la vida familiar en muchas ocasiones es muy difícil: “No debí volcarme con tanta intensidad en algo que, al fin y al cabo, era un trabajo”, reconoce la periodista.
Méndez pasó por una depresión desencadenada por el fallecimiento de su madre, por una posterior adicción de su hermano que acabó con su vida y por una separación: “Lo importante no es lo que nos pase en la vida, es cómo lo afrontamos. Y yo no tenía suficientes conocimientos de la vida para digerir todo lo que me estaba pasando”. Agradece haber tenido ayuda para salir adelante, en especial de sus hijos, “que me sostuvieron para que no me callera”.
Pero a pesar de todo, lo tiene claro: “A esta profesión se lo debo todo. El conocimiento del mundo, lo que soy, el haberles podido dar a mis hijos una educación y una vida de prosperidad”. “Estoy donde quiero estar, escribo en el periódico que ha sido mi vida, sigo en la casa que era de mis padres y estoy satisfecha, y eso no hay sueldo que lo pague, del gran respeto y el afecto que me tienen mis colegas de profesión. Esa es mi medalla”.
Una medalla que, sin lugar a dudas, son muy pocos los periodistas que consiguen colgarse.
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