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El privilegio de la priora de las Carmelitas de San Joseph de Toro

El Ministerio de Cultura ha adquirido un pergamino manuscrito con la "carta de privilegio para la priora de monja y el convento de carmelitas descalzas San Joseph de la ciudad de Toro".

Carmelitas Descalzas de Toro.

Carmelitas Descalzas de Toro. / Web del convento

Carlos Gil Andrés

Carlos Gil Andrés

El manuscrito «carta de privilegio para la priora de monja y el convento de carmelitas descalzas San Joseph de la ciudad de Toro» se disponía a salir a subasta en una galería especializada, El Remate, de Madrid, junto con otras dos obras similares sobre unas cuentas de una cofradía de Montánchez en Cáceres y unas escrituras de arrendamiento de casas del monasterio de Santiago de la Espada de Sevilla.

Pergamino que llegará al Archivo Histórico Provincial de Zamora.

Pergamino que llegará al Archivo Histórico Provincial de Zamora. / CASA DE SUBASTAS EL REMATE

Sin embargo, el Ministerio de Cultura estuvo al quite y adquirió las obras por 2.500 euros para depositarlas en el Archivo Histórico Nacional.

Se trata de un documento que forma parte de la historia de una congregación que todavía subsiste en Toro, aunque hecha sus raíces siglos atrás. La estupenda página web del convento permite conocer un poco mejor los orígenes del cenobio, que en 2019 celebraba el IV Centenario de su fundación, que tuvo lugar el 20 de octubre de 1619, teniendo por titular a San José.

"Fueron sus comienzos el deseo de un matrimonio toresano: el regidor don Gómez de Lada y doña Isabel Vela que, al no tener descendencia, quisieron dejar sus bienes para un convento de monjas". En Toro, en aquel tiempo, abundaban conventos de diversas órdenes religiosas, lo que dificultó la puesta en práctica del deseo del matrimonio.

"El General de la Orden designó a dedo a ocho carmelitas, venidas cada una de un convento, para formar comunidad, siendo la M. Elvira de San Ángelo, natural de Ávila y profesa de Medina del Campo, la primera priora. Mujer muy entera y de virtud nada común, monja experimentada y madura, que conoció en su juventud a Santa Teresa". Los primeros años de esta fundación están llenos de dificultades y heroísmo, la enorme pobreza y las enfermedades se llevan en poco tiempo a lo más florido de la comunidad.

Una de las causas fue que habitaron el convento antes que los enormes muros de piedra se secasen; esto y el duro invierno toresano casi terminan con la fundación, pues en 20 años murieron todas las primeras hermanas.

"En los tres primeros siglos se pasaron por muchas vicisitudes, pero fueron sorteándolas con fortaleza y virtud. Y también por periodos de bonanza y florecimiento vocacional, según consta en los libros del archivo del convento". Con la llegada del Concilio Vaticano II, se percibe una evolución en la vida comunitaria. Hoy la comunidad está compuesta por 14 hermanas, dedicadas a la oración, vida fraterna y la repostería.

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