In memoriam
Las tres visitas de Rafael de Paula a la provincia de Zamora
El diestro de Jerez de la Frontera, condecorado con la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, tuvo una fuerte vinculación con la provincia, que visitó en tres ocasiones y a la que "siempre quiso volver", como cuenta la que fue su "amiga del alma", la zamorana Paloma Crespo, artífice del acercamiento del torero también al Foro Taurino de Zamora

GALERÍA | Las tres visitas del torero Rafael de Paula a Zamora, en imágenes /
Le gustaba comprar las cosas de tres en tres. Y tres fueron las veces que el diestro visitó la provincia.
El mundo del toro llora desde el pasado domingo la muerte de Rafael de Paula a los 85 años que, no por esperada, ha sido menos dolorosa para sus allegados y para los aficionados al toreo "de verdad".
Esa verdad que destaca de él la zamorana Paloma Crespo, hija, hermana y nieta de cirujanos taurinos, cuando habla de quien fue su "amigo del alma" durante 30 años. "Era una persona muy buena, buenísima, muy sencilla. De carne, muy pura, muy de verdad. Era una persona normal".
La primera de las veces que Rafael de Paula visitó Zamora, Paloma Crespo lo tenía ya en mente desde hacía tiempo porque explica que a él "le gustaban tanto la Historia, las piedras, las cosas de verdad, yo le decía: tienes que venir a Zamora, es una ciudad preciosa, como de otra época, te va a encantar". En el Foro Taurino de Zamora, "se enteraron de que lo conocía y me vino genial a mí también porque digo: fíjate qué casualidad que te van a invitar, así conoces Zamora".
Crespo asegura que todos "estuvieron encantadores, lo trataron con mucho cariño, de una manera muy sencilla. Estuvo como en casa", llevaron al diestro a hacer un recorrido por Zamora "y se quedó enamorado porque se sentaba en un banco y se quedaban mirando todo. Me acuerdo de que decía ‘estas piedras hablan’".
En aquella primera visita del torero jerezano a Zamora, que tuvo lugar en febrero de 2010, comió en compañía de los miembros del Foro Taurino y del también torero zamorano Andrés Vázquez.
"Todas las veces que estuvo nos preocupamos de que estuviera el maestro Andrés Vázquez", dice Francisco Pérez-Moro, y destaca "lo cariñosos que estaban mutuamente, pese a ser toreros tan distintos, uno de valor y otro de arte, y con temperamentos distintos".
Todos juntos visitaron después de comer las obras de la plaza de toros de Toro, a la que le faltaban aún cinco meses para su reinauguración, "y quedamos todos maravillados", recuerda el entonces presidente del FTZ, Luis Miguel Alcón.
Ese encuentro se produjo, sobre todo, "gracias a la amabilidad" de Paloma Crespo. Ella "fue la artífice de que llegásemos a congeniar como lo hicimos con el maestro De Paula". "Fue una comida que yo tengo enmarcada como un lujo", dice Alcón.
Sobre aquella visita al coso de Toro, aún en obras, el entonces concejal en el Ayuntamiento de la ciudad José Luis Prieto recuerda que lo que más le llamó la atención a Paula fue el patio de sorteos. Cuando lo vio, dijo "con esa gracia que él tenía": "ustedes no saben lo que tienen aquí", recuerda Prieto, que reconoce que saca la anécdota cada vez que visita la plaza de toros con otras personas. "Nosotros sí sabíamos lo que teníamos, pero él lo vio y pudo corroborarlo".
De Paula, como sigue recordando Prieto, se empeñó en ver también la Colegiata de Toro y, después, decidió tomarse un café en el hotel "Juan II", donde estuvieron hablando "de toros, de la plaza, de lo bonito que era Toro, de la historia de Toro…", mientras Paloma Crespo, en contacto con la peña taurina "Los de José y Juan", con la que el diestro tenía un acto comprometido en Madrid esa misma tarde, intentaba retrasar su comienzo. "Estaba tan a gusto que no se quería ir", dice Prieto.
"Estuvo superamable, superagradable, cariñoso… estaba encantado de estar en Toro" y "aprovechamos para invitarle" a la reinauguración de la plaza de toros".
Ese fue el motivo de la segunda visita de Rafael de Paula a Zamora. Cuando llegó el día del renacimiento del coso toresano, en julio de 2010, el diestro gitano estuvo en el recién renovado palco presidencial de la plaza de toros de Toro, junto a Andrés Vázquez, que ejercía como asesor taurino, o el periodista Pedro Piqueras. "Estuvo en muy buena compañía, disfrutó mucho". Tanto le gustó la plaza de Toro al maestro Paula que confesó a los miembros del FTZ que le "encantaría" torear en ella, "pero no se lo permitían sus rodillas, las tenía muy fastidiadas". No en vano, ya contaba 70 años.
La plaza de Toro "le encantó porque tenía ese sabor antiguo de las cosas de verdad, como decía que se hacían antes, porque decía que ahora todo es artificial y prefabricado y le ponen esos cementos. Y decía: esto tiene sabor", cuenta Paloma Crespo.
La tarde anterior a la reinauguración del coso, Paula disfrutó de una cata de vinos en el hotel "Valbusenda" junto a los miembros del FTZ , que también estuvieron departiendo con él en Las Aceñas de Pinilla, en Zamora capital, donde "se incorporó" el arquitecto y pintor zamorano Francisco Somoza, que "hizo unos dibujos preciosos de aquel acto mientras el maestro hablaba con una pausa...", rememora Luis Miguel Alcón.
"Ahí empezamos a tener ‘feeling’, sobre todo, nosotros por él y, también, él por nosotros", dice Alcón. "La confianza que cogimos fue muy entrañable".
En la tercera visita de Paula a Zamora, el FTZ organizó un coloquio en el hotel "Convento I", en Coreses, que estuvo conducido por la periodista Ana Pedrero. Fue hace justamente ahora nueve años, el 4 de noviembre de 2016.
De aquella charla, Francisco Pérez-Moro, miembro del FTZ, reseña como "destacable" la "sensibilidad" que mostró el torero al hablar de su vida, y que se emocionó y lloró "a lágrima viva" al hablar de sus padres y al recordar que se enamoró de una monja, sor María, cuando tenía siete años; "se puso a llorar amargamente, fue muy emotivo". A aquella monja "trataba de verla, asomándose a una reja cuando pasaba por la puerta del convento", recuerda Pérez-Moro.
El diestro también les contó en aquella ocasión a los aficionados zamoranos que le habría gustado conocer a tres personalidades: Barack Obama, el papa Francisco y a la monja sor Lucía Caram; "de hecho, estuvimos haciendo un intento para ir a ver al papa Francisco", reconoce Pérez.
Francisco Pérez-Moro destaca también los "silencios" de Rafael de Paula. "Mientras íbamos de un lado a otro, porque estuvimos recorriendo la provincia con él", aquellos eran unos "silencios preciosos" porque, aunque se tratara de un viaje en coche en el que estuvieran sin hablar o "viendo un paisaje bonito, él iba con su toreo metido en la cabeza" y, "espontáneamente", Paula "salía" con una frase del tipo "no es lo mismo torear que dar pases" o "Morante torea como los ángeles". "Era impresionante, íbamos en silencio y él salía con cosas así".
Ese mismo aspecto lo destaca Josué Crespo, hermano de Paloma y Enrique Crespo. El zamorano expresa que Rafael de Paula era "un hombre muy parco, muy tranquilo, muy sencillo, con muchos silencios, y luego te decía unas frases rotundas, que eran como sentencias". "Era un hombre callado, discreto, pero con esas frases, con esa sabiduría que te da esa sabiduría popular y los años", asegura Crespo de un torero al que "no le gustaba la gente que hablaba fuerte porque le aturdía, porque le gustaba escuchar, sabía escuchar".
Josué Crespo también recuerda cómo Paula "siempre tenía un interés especial" por ir a la iglesia de Santiago de los Caballeros de Zamora. "Entró y se sentó y decía: aquí ha estado el Cid. Tenía como una vinculación con esa figura histórica que a mí me llamó la atención. Estaba emocionado allí".
Su hermana Paloma también destaca esa fascinación que sentía el jerezano por Rodrigo Díaz de Vivar. "La iglesia estaba abierta y le encantó, tengo unas fotos que se hizo ahí. Iba con el bastón y decía: aquí me van a armar a mí caballero, como al Cid".
Desde el Foro Taurino de Zamora, lo que remarcan, asimismo, es el "agradecimiento profundo" a Paloma Crespo por "haber conseguido que entabláramos esta amistad porque, al final, ya nos considerábamos amigos. Él nos decía que venía con mucho gusto a Zamora, que le encantaba venir" y, sobre todo, la última vez, que fue posterior al festival en el que Andrés Vázquez toreó un novillo cuando tenía 80 años, "insistió mucho en que le gustaría que le organizásemos también un festival a él, lástima que no podría por las rodillas, pero no querría morirse sin intentarlo", relata Alcón.
"Cuando lo vimos bajar de la estación, para nosotros, fue tocar el cielo con los dedos. Lo que es el nombre de Rafael de Paula, tenerlo entre nosotros, fue un hecho inolvidable por el que siempre estaremos agradecidos a Paloma", dice Pérez-Moro. "De la misma manera que fue un privilegio para Paloma convivir tan cercanamente con el maestro, también fue una suerte grande para él tener a Paloma siempre ahí como su persona de confianza".
El vínculo fue más allá de esos días en la provincia. "La huella que dejó en Zamora supuso que, en varias ocasiones, con motivo de la Navidad o de su cumpleaños, le enviáramos desde aquí queso, vino y rosquillas de las monjas de Cabañales porque le habían gustado mucho", dice Pérez-Moro.
"Siempre quería volver. Siempre decía: ¿Cuándo vamos a ir a Zamora? Se quedó con esa espinita y, de hecho, habló con varias personas para intentar volver", dice Paloma Crespo de un torero que quería ser recordado, "sencillamente", como "un hombre bueno".
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