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Sucesos

Crimen de Sanabria: el asesinado tenía los alvéolos rotos y medio litro de agua en el estómago

La autopsia revela que el hombre fue arrojado semiinconsciente al río Tera, "él se hunde como una piedra por inmersión" y "no bracea para salvarse"

De izquierda a derecha, "Marineiro" y "El Chico", imputados en el asesinato del hombre ahogado en el Tera, y la tercera acusada Ana Cristina llegan a la Audiencia

De izquierda a derecha, "Marineiro" y "El Chico", imputados en el asesinato del hombre ahogado en el Tera, y la tercera acusada Ana Cristina llegan a la Audiencia / JOSE LUIS FERNANDEZ

Las manchas en los pulmones, que determinan la rotura de los alvéolos por sumersión del cuerpo, el medio litro de agua en el estómago y la ausencia de lesiones físicas de defensa, es decir, por el braceo instintivo para sobrevivir descartan que el ciudadano portugués, Jaime G., se suicidara en el río Tera en diciembre de 2019. Y confirma que "lo tiraron vivo al agua". Los forenses explicaron esos pormenores del informe en el juicio con jurado que sigue la Audiencia de Zamora para concluir que murió por asfixia y que los asesinos "pudieron dejar a la víctima semiinconsciente antes de arrojarle al Lago de Sanabria".

Esto justificaría que, a pesar de que los brazos y las manos las tenía libres, no intentará desatarse la cuerda que le ajustaba la bolsa de basura negra que limitaba la movilidad de sus piernas, entre las que le colocaron un saco de cal viva, y de los pies, sobre los que le tenía otra bolsa del mismo producto.

Estas circunstancias en las que apareció el cadáver podrían haber dado lugar a confusión en la fase muy preliminar de la investigación cuando se barajó que Jaime G. podría haberse quitado la vida de forma voluntaria, una hipótesis que los forenses descartaron prácticamente en su declaración conjunta la médico que realizó la primera autopsia, Elena Martín Pérez, y los dos compañeros que hicieron la segunda, el adscrito a los juzgados de Benavente, Francisco Javier Martínez Chaparro; y el exsubdirector del Instituto de Medicina Legal, Antonio González González.

Un cadáver sin signos de arrastre

El cuerpo no tenía signos de arrastre, abundaron estos especialistas, para explicar que, cuando se produce "la asfixia con penetración de aire, el cadáver se hunde como una piedra", lo que no sucede si el ahogado muere de un paro cardíaco súbito, concretaron. La autopsia descartó esta último diagnóstico como causa de la muerte.

El agua penetró por la nariz que no tenía cubierta con la cinta americana que le colocaron los asesinos (como se indicó ayer por error), y porque no sellaron del toda la boca con la adhesiva, sino que dejaron una pequeña apertura en el labio superior.

La baja temperatura del agua en pleno diciembre justifica la amplia horquilla en la fecha de la muerte que se sitúa entre el 23 y el 27 de ese mes, ya que permite que el cadáver se conserve en un estado aceptable durante semanas, sin signos evidentes de putrefacción.

El asesinado tenía los alvéolos rotos y medio litro de agua en el estómago

La funcionaria muestra la cinta americana que cubría la cabeza del hombre asesinado. / S. A.

Una tasa de alcohol en sangre de 0,33

La ingesta de alcohol y de barbitúricos centró buena parte de la sesión del juicio celebrada ayer para determinar su presencia en el cadáver del hombre que apareció en el Lago de Sanabria y probar de forma inequívoca que fue arrojado al Tera semiinconsciente, como sostienen la Fiscalía de Zamora y la acusación particular. El análisis de las muestras de sangre por parte del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil (Secrim) arrojó un resultado positivo de alcohol en sangre, con una tasa de 0,33 que los técnicos especialistas no pudieron relacionar directamente con el consumo de bebidas alcohólicas por parte del fallecido porque, "tras la muerte, el cuerpo lo metaboliza". Asimismo, el proceso de putrefacción genera alcohol etílico, por lo que "puede ser que el fallecido haya consumido o no".

Fiscalía y acusación particular tratan de demostrar que los tres imputados por el asesinato, Ana Cristina P.A.S., AC.G.C., alias "Marineiro", y el amigo apodado "El Chico", obligaron a ingerir alcohol y barbitúricos a Jaime G. antes de inmovilizar sus piernas y colocarle cinta aislante en la cabeza para tirarle al río Tera. "Los medicamentos tienen un tiempo de vida limitado en la sangre", advirtieron para concretar que los ansiolíticos se analizan por defecto en el servicio de Criminalística, que no hallaron rastro de ellos pero "no podemos descartar que los consumiera".

La aparición de las huellas del imputado AC.G.C., alias "Marineiro, y de Ana Cristina P.A.S., a la que se considera autora intelectual del crimen del ciudadano portugués, constituyen la principal prueba inculpatoria. La defensa de la imputada y de "El Chico", y el abogado de "Marineiro" centraron ayer sus esfuerzos en invalidar el análisis de los peritos de la cinta americana para lo que pidieron a la magistrada que preside el juicio, Isabel Morata Escalona, exhibir las muestras de la cinta al jurado. Los expertos afirmaron que la huella del dedo anular izquierdo de la acusada y el índice izquierdo de "Marineiro" aparecían en la parte adhesiva, lo que permitió la "identificación plena en ese dibujo de las doce crestas dactilares características de la persona" para concluir que eran de los acusados.

Las escuchas telefónicas imputan al tercer procesado, "El Chico", conocedor de Puebla de Sanabria y el Lago, donde trabajó y vivió un tiempo. Esas grabaciones delatarían la complicidad de los tres para deshacerse de Jaime G., que vivía de alquiler con Ana Cristina y tenía relación con los tres, con el único fin de quedarse con el dinero de las dos pensiones que percibía el fallecido.

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