Educación
De Zamora a Vermont: una zamorana disfruta la beca Amancio Ortega
La zamorana María de la Iglesia ha cambiado este pasado curso las aulas del Corazón de María por las del CVU High School, el centro educativo de Williston, en Vermont, gracias a una beca Amancio Ortega para estudiar en Estados Unidos

María de la Iglesia (segunda por la derecha), con su familia de acogida en la visita que hicieron a Nueva York. | CEDIDA
Echando la vista atrás, reconoce que lo más complicado fue hacer nuevos amigos. "Soy una persona muy extrovertida y habladora, por lo que pensé que no tendría muchos problemas a la hora de llegar a un instituto nuevo, pero también he estado toda mi vida en el mismo colegio con la misma gente, así que era la primera vez que cambiaba de centro escolar", reconoce María de la Iglesia, una de las cuatro zamoranas que este pasado curso ha disfrutado de la beca Amancio Ortega para estudiar 1º de Bachillerato en el extranjero. En su caso, ha sido Estados Unidos, concretamente en Williston, un pueblo de Vermont, en el CVU High School, con bastantes diferentes con el colegio Corazón de María, donde estudia en Zamora.
"Es mucho más grande, con el doble de estudiantes", compara. El americano, además, es un centro con clubes y muchas opciones de deporte después de clase, que, por el contrario, tienen una duración mayor que en España. "Son de hora y cuarto, así que, después de cuatro clases, comemos a partir de las doce", calcula.
Otra diferencia que destaca es que las clases "son mucho más prácticas que teóricas y hay más optativas, como trabajos en madera o metal, escultura o cocina", pone como ejemplos la zamorana.
Considera que la variedad de optativas hace que el nivel de cada persona en ciencias, humanidades o arte varíe muchísimo. "La gente puede elegir en qué se quiere especializar desde el primer momento que entra en el instituto. Hay clases obligatorias, como Química, Biología o Historia, pero, por ejemplo, no está especificado el nivel de Matemáticas, así que pueden empezar por uno muy bajo si no te gustan mucho", detalla.
Regresa a Zamora llena de energía por todo lo que ha practicado de deportes. "Algo que me gusta mucho de la cultura estadounidense y que podríamos adaptar en España es la pasión por los deportes. Cada año escolar hay tres temporadas para los deportes, y en cada una de ellas, de cinco a diez para elegir, por lo que todo el mundo, al menos, pertenece a un par de equipos. Creo que si aquí tuviéramos tantas opciones, todo el mundo haría más ejercicio", considera.

La zamorana, sentada sobre una amiga, las dos de animadoras. / CEDIDA
Sobre su estancia en el instituto, no era la única estudiante extranjera por los pasillos, ya que también había alumnos de intercambio llegados de Alemania, Hungría, Suecia y Ucrania "y otros que se habían mudado desde Latinoamérica y África", añade. "Cuando llegué, ya tenía un muy buen nivel de inglés, pero creo que mi acento ha mejorado mucho y también he aprendido bastante vocabulario y, sobre todo expresiones y palabras coloquiales", valora.
Y tampoco le costó al final tanto hacer amigos. "No sabía con quién sentarme en la biblioteca o en la cafetería, así que acabé hablando con mucha gente nueva para ver con quién pasaba la hora. Una semana más tarde, ya solía pasar el tiempo más o menos con el mismo grupo de gente. Fueron muy acogedores y encajé inmediatamente", agradece.
Familia
Sin duda, una de las mejores partes de este intercambio es su familia de acogida. "Me hicieron sentir parte de ella desde el primer momento, estoy muy agradecida por todo lo que han hecho por mí", subraya. Se trata de un hogar con una madre y una hija que tan solo es un año más pequeña que María, así que congeniaron a la primera. Con ellas ha conocido diferentes rincones del país, desde Nueva York hasta ciudades de Virginia, Florida, Massachusetts o incluso Canadá. "Ahora no solo tengo una familia en España, también tengo una familia en Vermont", valora.
Destaca que en la zona donde ha residido "valoran mucho las pequeñas comunidades, ya sea del instituto, los vecinos o la iglesia. Todo se hace en comunidad, desde cantar villancicos hasta participar en carreras, ir a la misa o celebrar fiestas y cumpleaños. Es algo que me ha gustado mucho", asegura.
También durante el curso, a pesar de sus mil y un planes, le ha dado tiempo a echar de menos España. "Sobre todo la comida. Cada vez que alguno de mis conocidos hablaba del país, todos mencionan lo buena que está. Eché muchísimo de menos, sobre todo, los productos naturales y sin tantos conservantes y edulcorantes", detalla.
A pesar de esos pequeños detalles, es una experiencia que aconseja sin dudar. "He crecido muchísimo este año gracias a todas las personas que he conocido y que me han acompañado durante mi intercambio", subraya. "El hecho de que tengamos culturas tan distintas y tradiciones diferentes me ha ayudado a entender que el mundo es mucho más de lo que vemos y que siempre hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda", finaliza.
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