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Raigambre

La sillería coral de la Catedral de Zamora (III): Los coros precedentes

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Detalles de la sillería del coro de la Catedral.

Detalles de la sillería del coro de la Catedral.

Gustavo Rubio Pérez

La catedral zamorana, iniciada en 1151 y consagrada en 1174 bajo el obispo Esteban, es un ejemplo sobresaliente del románico pleno en el antiguo Reino de León. Su planta original, de cabecera triabsidal, crucero apenas marcado y tres naves de cuatro tramos, responde a los modelos europeos de la época, pero con soluciones propias. El ábside central, dedicado al Salvador, el septentrional a Santa María y el meridional a San Nicolás, reflejan la importancia de la triple advocación en la espiritualidad medieval.

La catedral fue, desde su fundación, centro espiritual, político y cultural de Zamora. En este contexto, el coro —espacio reservado al cabildo y a la celebración de la liturgia de las horas— se convirtió en uno de los núcleos más importantes y simbólicos del edificio, pero sucede que el actual no es el primigenio, sino que otras dos sillerías corales le precedieron.

La sillería coral de la Catedral de Zamora (III): Los coros precedentes

Planta primigenia de la Catedral de Zamora. / .

Durante el siglo XIII, la documentación conservada es clara: existía un solo coro, citado con distintas denominaciones en los textos de la época. Se le llama simplemente "el coro", "coro de San Salvador", "coro de los canónigos" o "coro de la iglesia catedral". Las fuentes, como los testamentos y las constituciones capitulares, lo sitúan inequívocamente en la cabecera del templo, probablemente ocupando la exedra del ábside central o los tramos rectos presbiteriales.

Este coro era el corazón litúrgico de la catedral. Allí ardían las lámparas y cirios en memoria de los difuntos y en las grandes festividades, y era el lugar donde se reunía el cabildo para rezar y cantar las horas canónicas. El testamento del obispo Suero Pérez (1285) menciona reiteradamente el coro como espacio de referencia para las celebraciones, las sepulturas y los rituales solemnes. Así, en el siglo XIII, el coro zamorano era un espacio único, vinculado al altar mayor y a la cátedra episcopal, símbolo del poder espiritual y organizativo de la iglesia local.

El siglo XIV marca una transición clave en la historia del coro catedralicio zamorano. Los documentos empiezan a reflejar un cambio en la organización espacial y funcional del coro. En 1307, un inventario menciona el "coro do está e la altar de Sant Saluador", y en 1346 se cita el altar de Santa María "ante el coro". Sin embargo, es en 1389 cuando por primera vez se habla de "dos coros": el chantre Gómez Martínez pide ser enterrado "entre los coros del altar mayor e de los beneficiados".

Esta referencia indica la existencia de dos espacios corales diferenciados y afrontados: uno en la capilla mayor, en torno al altar y la cátedra episcopal (el antiguo coro), y otro en la nave principal, en el lugar que ocupa el actual coro. El primero seguía siendo el centro de la liturgia solemne, mientras que el segundo se destinaba al rezo de las horas y a las funciones cotidianas del cabildo.

La sillería coral de la Catedral de Zamora (III): Los coros precedentes

Diferentes tallas del coro. / .

Este desdoblamiento del coro no es exclusivo de Zamora, pero aquí adquiere características propias. La coexistencia de dos coros refleja la complejidad de la vida litúrgica y la necesidad de adaptar los espacios a las nuevas formas de culto y a la creciente importancia del cabildo catedralicio.

Durante el siglo XV, la dualidad coral se consolida y se define con mayor claridad. Se distingue entre el "coro de arriba" o "coro del altar" (en la capilla mayor) y el "coro de abajo” o "coro de las horas" (en la nave principal). El primero sigue vinculado a las celebraciones más solemnes y a las sepulturas de personajes ilustres, como los obispos don Pedro de Ezcaray y don Rodrigo. El segundo se convierte en el espacio habitual para el rezo y el canto de las horas, y adquiere una organización interna compleja.

La documentación menciona la existencia de sillas altas, reservadas a los canónigos, y sillas bajas, ocupadas por los racioneros, así como la división entre el lado del deán y el del chantre. Los nombramientos y tomas de posesión de los miembros del cabildo especifican el "estalo, lugar y cadera" asignados en el coro, reflejando una jerarquía rigurosa y una distribución espacial cuidadosamente regulada.

El "Manual para gobierno de los Señores Deanes de la Santa Yglesia Cathedral de Zamora", un obituario del siglo XVI, aporta información valiosa sobre la vida coral: distingue entre ambos coros y menciona el espacio intermedio (el transepto), así como los ritos, procesiones y sepulturas asociadas a cada uno. El "coro de arriba" era el escenario de las grandes celebraciones, mientras que el "coro de abajo" era el ámbito de la vida cotidiana del cabildo.

La estructura de los coros zamoranos, especialmente el "coro de abajo", se asemejaba a las sillerías gótico-mudéjares de los monasterios: planta cuadrangular o rectangular, con testero y dos lados, asientos sencillos y, posiblemente, columnillas y doseletes que servían de soporte a un atril corrido para los libros corales. La función primaba sobre la ornamentación, pero la decoración pictórica estaba presente: sabemos que el antiguo coro tenía lienzos pintados que suplían la falta de respaldos y decoraban las partes altas de los asientos.

En 1502, al encargarse la nueva sillería al maestro Juan de Bruselas, se impuso que la altura de los estalos se redujera un pie respecto a las sillas anteriores, "con los lienzos pintados que agora en él están". Esta referencia confirma la existencia de una rica decoración pictórica en el coro anterior, un aspecto poco conocido pero de gran interés para la historia del arte zamorano.

El coro de la catedral de Zamora no fue nunca un espacio estático. Su evolución refleja las transformaciones de la liturgia, la música y la organización eclesiástica a lo largo de los siglos. Fue lugar de oración, de canto, de debate y de memoria. En él se celebraban las horas canónicas, se organizaban procesiones y se rendía homenaje a los difuntos. Las sepulturas de obispos y benefactores en el coro mayor subrayan su carácter de espacio sagrado por excelencia.

La distinción entre los coros y la compleja jerarquía interna del cabildo semurensis son testimonio de la vitalidad y el prestigio de la iglesia zamorana en la Edad Media y el Renacimiento. El coro era, en suma, el corazón espiritual y social de la catedral, reflejo de una comunidad viva y dinámica.

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