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El reloj de sol de las aceñas de Gijón cumple 170 años

La provincia de Zamora contó con una treintena de relojes solares, que forman parte del patrimonio cultural.

El reloj de sol de las aceñas de Gijón cumple 170 años

El reloj de sol de las aceñas de Gijón cumple 170 años / LOZ

P. H. A.

Es el único reloj de sol existente en Zamora. Se halla en una antigua hacienda del paraje de las aceñas de GijónTiene 170 años, pues fue realizado en 1855. Está construido con cinco piezas de piedra. Corona un muro esquinero de notable altura. La larga intemperie ha hecho su mella: el deterioro es visible, aunque no parece irreversible. Sin embargo, tiene cuerda para rato.

El reloj de sol de las aceñas de Gijón cumple 170 años

El reloj de sol de las aceñas de Gijón cumple 170 años / Turismo en Zamora

El sistema de construcción siempre era el mismo: una piedra plana con incisiones horarias y, sobre ella, una saeta de metal clavada en el centro, orientada hacia la Estrella Polar. Lo demás lo hacían el Sol y las sombras. Servía, en días de carencias tecnológicas y de pobreza (sobre todo, en el medio rural), para medir el tiempo. Sin ningún tipo de mecánicas ni de técnicas sofisticadas. Marcaba la hora a molineros y labriegos, a pescadores y hacendados, pues distribuir las horas era gestionar la actividad en el pasado. Así, se ordenaba la jornada laboral.

El reloj de sol de las aceñas de Gijón cumple 170 años

El reloj de sol de las aceñas de Gijón cumple 170 años / Turismo en Zamora

La provincia de Zamora contó con una treintena de relojes solares. Estos “cronómetros” también forman parte del patrimonio culturalEn la capital zamorana, existió uno de esos relojes en la puerta del antiguo convento de las monjas Marinascuando habitaban el convento ubicado en Santa Clara (lo hicieron desde 1766 hasta 1868). Fue derruido en 1975 (su capilla cumplía funciones de Museo-almacén e Bellas Artes), y ahí acabó su historia. Tal vez porque lo demandaba el progreso.

Patrimonio cultural, sí. Ya los pueblos antiguos inventaron artilugios para hacer la medida del tiempo. Por sus características, estos hechos piedra no tienen fecha de caducidad. Tampoco atrasan o adelantan. No lo dice en ninguna parte, pero estos relojes explican mejor que cualquier filosofía, o tratado de tal materia, eso de “tempus fugit”. Porque huye, como las nubes o el viento, sin volver la vista atrás. De momento, 170 años, que es tiempo.

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