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Miradas de Zamora | Ocho siglos de transformaciones: la historia viva del Puente de Piedra

El Puente de Piedra de Zamora lleva en pie desde el siglo XII hasta nuestros días, pero ha sufrido muchas alteraciones a lo largo del tiempo que han modificado su figura

Miradas de Zamora | Ocho siglos de transformaciones: la historia viva del Puente de Piedra

Fernando Esbec

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Ochocientos años de historia dan para mucho. El Puente de Piedra de Zamora lleva en pie desde el siglo XII hasta nuestros días, pero ha sufrido muchas alteraciones a lo largo del tiempo que han modificado su figura. Pertenece al terreno de la imaginación intentar elucubrar cómo era en el momento de su construcción, pero los hitos que han marcado su evolución han dejado en él una huella imborrable: añadidos, modificaciones y hasta daños que casi lo llevan al colapso.

En la actualidad se está recuperando el pretil original, si bien en su momento incluía unas almenas que reforzaban su carácter defensivo. Este diseño inicial se perdió a raíz de la llegada de los vehículos, cuando se derrumbó el murete, se amplió la vía de paso para dar cabida a dos coches y se instalaron sendas barandillas a cada lado del puente. Algunas voces pedían también la reconstrucción de las Torres del Pontazgo, de cuya existencia sabemos desde el siglo XVI, y cuya misión era proteger el acceso al puente desde ambas orillas, como explica el arquitecto Francisco Somoza en 'Miradas de Zamora', una serie de LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA.

Detalle de una de las zudas instaladas en el río Duero a su paso por Zamora

Detalle de una de las zudas instaladas en el río Duero a su paso por Zamora / Fernando Esbec

Uno de los momentos más críticos para la infraestructura ocurrió durante la invasión napoleónica de la Península Ibérica. Para evitar que las tropas francesas tomaran la ciudad, una sección del puente fue volada con ayuda de los ingleses. El Puente de Piedra era un paso estratégico entre el norte y el sur del territorio, pero también una estructura defensiva, y debía utilizarse como tal. Está herida fue cubierta con una plataforma de madera, y no sería hasta muchos años más tarde que pudo sanarse por completo.

Otro elemento perdido en el tiempo fue la capilla de la Virgen de la Guía, situada al inicio del puente en la margen izquierda del río Duero. A ella se encomendaban tanto los viajeros que llegaban a Zamora como los que partían, en una época en la que los viajes estaban cargados de incertidumbres y peligros, y poner el pie en el camino era bien distinto a tomar la autovía Ruta de la Plata en el interior de un cómodo vehículo de cuatro ruedas con motor de combustión.

Todos estos hitos, anécdotas y sentimientos han construido la estructura del Puente de Piedra y también su historia. Este viaducto es mucho más que la unión física entre dos porciones de tierra; también, el símbolo que engloba los recuerdos y emociones de quienes han cruzado sus arcos a lo largo del tiempo. Y en todas las épocas ha sido un elemento indispensable de la vida de la ciudad.

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